Inculcar el hábito de lectura

En estos tiempos tan acelerados para que existen cualquier tipo de prioridades que superan una buena lectura. Pero si creemos que esto es cierto solo debemos reflexionar mejor para entender que no hay nada como beberse un buen libro.

Pero los hábitos raramente se forman así nomás, hay que darles un empujoncito. Por eso es tan importante que desde tempranas edades los niños comiencen a experimentar lo delicioso que es dejar volar la imaginación con una buena historia.

Claro que los niños pequeños no saben leer, pero esa no es una razón para que desconozcan los cuentos. Mientras son los adultos quienes están a carga de entretener a los niños, leerles historias es una responsabilidad que les corresponde.

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Al menos una vez al día debemos deleitar a un niño con un lindo cuento concebido para su edad, claro está. Esa lectura debe ser muy animada y nos corresponde representar incluso a los personajes para que los niños lo disfruten más. Ese es el primer contacto que los niños tienen con la lectura. Ver a los adultos leyendo es otra manera en la que ellos se comienzan a relacionar con la literatura.

Por muchos juguetes y aparatos que existan, debemos encaminar a los niños para que no pierdan el amor por los libros. Regalarles libros y crear expectativas sobre las historias que estos contienen es una bonita forma de incentivar este hábito.

Uno de los libros que los niños suelen leer es El Principito, se trata de una lectura deliciosa que por década ha hecho sonar a muchísimas personas, que luego vuelven a este texto cuando son adultos para descubrir que entre sus páginas se recogen muchos más mensajes de los que pudieron descifrar cuando niños.

Por supuesto que no todas las personas son iguales y no todas desarrollan la misma pasión por los libros, pues no basta con lo que se les inculque en la crianza, pero al menos este es el primer empujón para que lean.

Decir que los libros van a morir es solo una forma catastrofista de ver el mundo actual. En esencia, por mucho que avance la tecnología, los seres humanos somos los mismos que descubrió Saint-Exupery en su libro.

La educación debe llegar desde temprano

Se dice, y no es tan desacertado, que a un adulto no se le puede educar, que es demasiado tarde, que a esas alturas no hay remedio posible.

No obstante quienes plantean que todo lo aprendido se puede desaprender y que la edad no justifica conductas impropias, lo cierto es que resulta mucho más fácil formar a un individuo desde pequeño que hacerlo cuando ya pasa de los veinte años.

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Por eso desde los mensajes de bien público se hace tanto énfasis en la importancia de educar a los niños y las niñas desde edades tempranas. Por mucho que se cambien los postulados sobre la educación, por mucho que cambien los programas de estudio y por muy revolucionarias que sean las nuevas metodologías pedagógicas, lo cierto es que la tarea de educar corresponde, como siempre, a dos entidades fundamentales: la escuela y la familia.

Cuando un niño aún no está en edad escolar y por tanto no ha caído en el sistema de enseñanza, el primer contacto que tiene con la educación es lo que le enseñan en su casa. Los padres y las madres, y la familia en sentido general tienen una gran responsabilidad porque de ellos depende que esa personita comience desde temprano a recibir buenos ejemplos y lecciones.

Es cierto que los niños son encantadores y a veces queremos darle todo lo que pidan y consentirlos en todo, pero eso puede ser un gran error, sobre todo no estamos criando a un ser que vivirá aislado, sino a una persona que debe vivir en sociedad y por lo tanto debe saber desenvolverse en comunidad.

A veces es mejor que un niño llore un poco antes que consentir un egoísmo o una grosería. Luego será muy tarde y la persona pasará mucho más trabajo para insertarse en un ambiente social.

Cada quien debe decidir qué hará con su hijo y de qué manera lo criará, pero es muy importante recordar que si optamos por procrear debemos hacerlo de la manera más responsable y que eso incluye la crianza de los hijos y los valores que les inculcamos.

Educar no es lo mismo que instruir

Cuando hablamos de educación solemos referirnos a un sistema de enseñanza, laico o religioso, que tiene una estructura basada en ciencias, letras y artes. Con las obvias variaciones de acuerdo a los contextos sociales, económicos y políticos, los sistemas educativos suelen tener en común la variable instrucción, que consiste en enseñar a los individuos lo básico de estas materias.

Con el tiempo, y hablo de siglos y siglos, la llamada educación ha devenido, sobre todo, mera instrucción a partir de un conjunto de temas y contenidos que los profesores deben transmitir acríticamente al alumnado.

Tanto se enseña de números y fechas históricas que se suele olvidar una de las tareas fundamentales de una escuela: la educación, no vista como la inoculación de conocimientos variados, sino como la transmisión de un sistema de valores. Más allá de lo que pueden ser esos valores para una sociedad, conservadora o liberal, lo cierto es que en la educación actual esto del bien y el mal ya no existe.

No se trata de someterlo todo al escrutinio de la mirada prejuiciada de un maestro, pero al menos sería muy saludable llevar estos temas al aula y someterlos a la discusión.

Uno de los temas tabúes y que queda fuera de los programas de estudio tan meticulosamente organizados es la sexualidad. Por mucho que los sexólogos apunten la importancia de hablar de estas cuestiones en las aulas existe una especie de tomar que lo impide.

No acabamos de entender que si hablamos del condón y la protección de ITS con naturalidad podemos lograr que las parejas adolescentes al menos se lo piensen un poco antes de tener una relación desprotegida.

El tema de los embarazos es otro asunto crucial, las niñas le temen tanto a un embarazo que prefieren callarlo antes de decirlo a tiempo.

En fin, que enseñar historia del arte y física es muy importante, pero eso no completa todo lo que requiere un sistema educativo para ser más completo.

Nunca es tarde para repensar ciertas cosas, este es un bueno momento para volver sobre lo que conocemos como educación y reconstruirlo.