el reino unido, el mercado laboral más atractivo para los veterinarios extremeños

El Reino Unido se ha convertido en el mercado laboral más atractivo para los veterinarios. «Estamos mogollón, sólo en mi empresa debe haber entre 150 y 200 españoles», asegura Perico Prieto desde Southampton. Él se licenció en la Uex el pasado curso y se marchó en noviembre. A los colegios veterinarios de Badajoz y Cáceres les consta que hay actualmente 15 veterinarios extremeños trabajando en el Reino Unido, aunque la cifra puede ser mayor. El Reino Unido ha tenido que echar mano de veterinarios extranjeros acuciado por las directivas comunitarias que le obligan a que haya un veterinario presente en cada matadero y sala de despiece. La aparición de las fiebre aftosa el año pasado no hizo sino aumentar las ofertas de trabajo y el consiguiente éxodo de veterinarios españoles, normalmente recién licenciados que tienen dificultades para acceder al mercado laboral español y que además buscan una dosis de aventura. Los veterinarios están socialmente muy bien considerados en el Reino Unido, pero tanto la formación que reciben en la Universidad, como su posterior práctica profesional está centrada tradicionalmente en la parte clínica, es decir, en la atención a animales vivos. La parte inspectora que se desarrolla en los mataderos, almacenes, salas de despiece, aduanas, etcétera, encargada de velar por las garantías sanitarias de las canales y carnes en general, siempre se ha tratado de forma secundaria, e incluso podía ser ejercida por personas que realizaban un curso específico de seis meses de duración. La Unión Europea ha obligado en los últimos años a modificar esta estructura veterinaria, de ahí la amplía demanda de trabajo para incorporarse a mataderos, principalmente. Dos son las empresas privadas, bajo la supervisión del Meat Hygiene Service del Gobierno británico, que canalizan la mayor parte de las contrataciones: St. David's Farm&Equine Practica y Eville and Jones, la más grande. Muchos veterinarios Por el contrario, la formación veterinaria que se presta en España, y en la Uex en particular, concede especial importancia a la tecnología de los alimentos. La titulación ofrece tres especialidades: clínica, producción (ligada a lo que es gestión de explotaciones ganaderas, etcétera) y tecnología de los alimentos. Además, la Universidad española está llena de veterinarios, hasta el punto de que los decanos calculan que entre 2000 y 2010 se licenciarán 13.000 nuevos profesionales, aunque sólo se necesitarán del orden de 2.200. Sin embargo, el Reino Unido no sólo ofrece trabajo, sino unos sustanciosos ingresos económicos. La media es de 1.500 libras, unos 2.400 euros (400.000 pesetas).

Coral Sánchez Mateos fue de las primeras veterinarias españolas que dio el salto al Reino Unido. Ha regresado en marzo de Exeter para continuar con su tesis doctoral. Hace tres años respondió a un anuncio de la empresa St. David's Farma&Equine Practica que vio en el Colegio Oficial de Veterinarios de Cáceres. «Acudimos a una cita en Madrid y nos seleccionaron a siete. Después nos obligaron a recibir un curso sobre la legislación en vigor». En abril de 1999 se marchó y está contenta de la experiencia, aunque no ha sido fácil. De un lado, asegura que se trataba «de un trabajo con mucha presión», ya que, entre otras repercusiones, de su labor inspectora dependía la clasificación del matadero y, por tanto, los ingresos que podía obtener la empresa que lo explotaba. «Tu labor es señalar cómo se deben hacer las cosas, qué se está haciendo mal, supervisar el trabajo que se realiza y, al final, todo eso supone gastar dinero en unos mataderos muy viejos que tienen problemas estructurales». De otro, ella y el resto de veterinarios extranjeros (también los había franceses, italianos o australianos) encarnaban la hegemonía normativa de la Unión Europea, lo que chocaba abiertamente con el euroescepticismo y el orgullo inglés. «Al principio nos encontrábamos con informaciones anónimas colocadas en el tablón de anuncios del matadero en las que nos ponían verdes. Algunos de mis compañeros discutían con ellos, pero yo procuraba no hacer caso. Les cuesta mucho entender que están supeditados a la política de Bruselas». Tampoco comprenden bien la importancia de la labor inspectora sobre las carnes. «Nos decían que vaya desperdicio de haber estudiado una carrera universitaria para ver sólo animales muertos. Para ellos, el veterinario es el que trata animales vivos».

Fuente: Hoy, 21/05/02.