El dinero y la limpieza es lo que preocupa más a los universitarios que comparten piso

Llegar a fin de mes es un reto para la mayoría de estos jóvenes

Llevo cuatro años aquí. He vivido en cuatro pisos diferentes y en los cuatro he tenido el mismo problema» asegura Estela, una joven emeritense. Ella y sus compañeras suelen hacer un 'planning' en el que se distribuyen las tareas de la casa, y aquí es donde suele surgir la raíz del problema.

«Si a mi me toca hacer la cocina, y una compañera por dejadez deja cáscaras en la encimera, me sienta mal. Una cosa es que tenga que limpiarla yo y otra que otra se aproveche y lo deje todo sucio», anota la joven emeritense.

La lista de la compra

Otro de los problemas más frecuentes a la hora de compartir piso se presenta cuando llega el momento de hacer la compra.

Los chicos suele tener menos problemas al ir al supermercado. «Ellos son más independientes y menos quisquillosos para comer», dice Sandra, estudiante de 21 años que procede de Alange.

Unos y otras suelen poner un fondo común para pagar los gastos conjuntos: agua, luz y los productos de limpieza, que normalmente suponen un gasto de unos 12 euros de media por semana y persona.

El reparto de presupuesto

Si hay algo con lo que todos los estudiantes universitarios están de acuerdo es que con el dinero que les dan sus padres no llegan a fin de mes.

El alquiler del piso, los autobuses urbanos e interurbanos, las fotocopias, las fiestas y la alimentación son, por este orden y de mayor a menor, en lo que gastan la paga mensual.

«No me llega el dinero porque como más bien de capricho, aunque si tuviese más me lo gastaría en ropa o en tarjetas para el móvil», señala Estela. Esta actitud suele variar cuando el estudiante lleva muchos años fuera de casa. « Tengo que hacer virguerías para llegar a fin de mes, pues no es cuestión de estar todo el día poniendo la mano. Hay que tener un poquito de cabeza», cuenta Montse, que lleva diez años en Badajoz.

Los caseros

Los estudiantes coinciden en que buscar piso es una ardua tarea. Aseguran que los caseros creen que por ser estudiantes se pueden conformar con cualquier cosa.

«Si les pides algo y pueden hacerse los tontos se lo hacen, te prometen mucho pero luego nada» anota Gema, estudiante de 22 años de Zafra.

Añaden que la mayoría de los universitarios que alquilan pisos no tienen contrato. «En el mejor de los casos te dan un papel firmado por el casero», dice Sandra.

Se quejan de la falta de legalidad en este asunto, ya que sin contrato les pueden echar de un día para otro. «Yo me he visto en la calle de una semana para otra porque venían los hijos de la casera», explica Montse con cierta resignación.

Los jóvenes arrendatarios se quejan de los caseros

Estos jóvenes arrendatarios se ven obligados a pagar la mensualidad del alquiler correspondiente a los meses de verano para asegurarse la vivienda en el curso siguiente. Dicen que esto es normal, pero que lo que encuentran abusivo es que los caseros dispongan de las llaves y los realquilen durante los meses estivales.

«Cuando llegamos para el nuevo curso hay ocasiones en que la casa está sucia». Montse, Sandra y Gema afirman que esto es una constante en muchos pisos de alquiler para estudiantes.

El botellón

 El tan nombrado botellón durante los últimos meses se relaciona de manera directa con los universitarios. Todos coinciden en hacerlo por falta de dinero. «Es más barato que salir de bares y te lo pasas mejor al conocer a mucha gente. En las discotecas no se puede hablar», según Gema.

Al problema económico suman el de la salud. Dicen que en muchos bares les sirven garrafón, y que más valdría que los políticos se preocupasen por corregir esto que por echarlos de la calle. Están de acuerdo con que se les traslade de zona porque son conscientes de las molestias que ocasionan a los vecinos, pero creen necesario que sea a una zona céntrica o se faciliten autobuses. «Si nos manda al ferial van a fomentar que el número de accidentes de tráfico aumente», achaca Javier, estudiante de 26 años.

A esto, añade que en Badajoz no existen muchas diversiones para los jóvenes, y que las pocas que hay son con precios poco accesible para los estudiantes. «El cine, el teatro y las copas son caras para nosotros. Si Badajoz ofreciera más alternativas de diversión, a lo mejor los jóvenes no harían botellón».

Fuente: Hoy 24/11/02 EVA CABALLERO/BADAJOZ