«Si Europa quiere hacer de nuestro continente una economía del conocimiento competitiva y una referencia de calidad a escala mundial de aquí a 2010 es preciso introducir ahora reformas importantes y profundas en la mayoría de nuestros países para hacer realidad el aprendizaje permanente». Con estas palabras, la responsable de educación y cultura de la Comisión Europea, Viviane Reding, pone de manifiesto la deficiente situación de la que parte Europa para fomentar el aprendizaje a lo largo de la vida tras conocer los resultados del primer «Informe europeo sobre indicadores de calidad permanente». El estudio, preparado por representantes de más de 35 países, la OCDE, la Unesco y la Comisión Europea, se centra en indicadores claves como son las capacidades, competencias y aptitudes, acceso y participación, recursos para el aprendizaje permanente, y estrategias y sistemas. En este sentido, concluye que «no todos los países reúnen las condiciones necesarias para garantizar el éxito del aprendizaje permanente en el conjunto de la población».
En este primer informe se alerta de la escasa preparación de los jóvenes europeos y se constata que entre el 7 y el 35 por ciento no posee las capacidades de lectura y escritura necesarias para emprender un proceso de aprendizaje permanente. Tampoco resultan alentadores los datos sobre cálculo elemental, en donde entre un 3 y un 27 por ciento de los alumnos experimenta serias dificultades en actividades de aprendizaje que requieren capacidades numéricas. Y en cuanto a las ciencias, el estudio señala que entre el 7 y el 32 por ciento no poseen las capacidades y conocimientos que requiere el aprendizaje permanente en este ámbito.
Por tanto, considera que el «elevado número de alumnos con resultados muy pobres plantea un gran desafío en numerosos países». Además, señala que este problema se combina en muchos casos con tasas relativamente elevadas -alrededor de un 10 por ciento- de abandono temprano del sistema escolar. También se señala que, además de la inadecuada preparación inicial de los jóvenes, «el nivel de participación en la educación y la formación entre la población activa es relativamente bajo» y varía de entre un 2 y un 25 por ciento.
Fuente: ABC, 04/07/02.