Litronas de cerveza, 'minis de calimocho', botellas de otras clases de alcohol... son los medios que los adolescentes de entre 14 y 17 años utilizan para divertirse, para ligar y «poder hacer cosas que de otra manera no harían».
Este fenómeno del botellón es lo que ha llevado a los colegios oficiales de Psicólogos, Médicos y Sociólogos de Madrid a estudiar el comportamiento de miles de jóvenes menores de edad que pasan su tiempo libre de los fines de semana consumiendo éstas y otras drogas, en los parques y plazas de las ciudades.
Un 70% de los encuestados reconoce haber tenido algún contratiempo por consumir alcohol en el botellón, y es que esta práctica, según el estudio, aparece relacionada con las discusiones familiares, con los amigos o la pareja, vecinos, rotura de mobiliario urbano, retención de la policía, accidentes de tráfico y relaciones sexuales de riesgo.
Aunque un 32% cree que no hay alternativas a esta práctica, un 40% reclama más información sobre las consecuencias que provoca y un 22% la aplicación de la legislación.
El estudio 'Conducta de las personas participantes en el Fenómeno del Botellón' fue realizado con 424 adolescentes de 14 a 17 años en el mismo lugar donde estaban con sus amigos, por lo que los datos tienen un nivel de confianza del 95,45%, según sus autores.
Facilidades de compra
Las motivaciones que estos menores puedan encontrar se acentúan con la facilidad que tienen de acceder a la compra de bebidas alcohólicas, la disponibilidad de adquirir dinero para su compra -casi 18 euros los chicos y 15 las chicas a la semana-, la baja percepción del riesgo de consumir este tipo de drogas y la actitud tolerante del entorno social y familiar.
El estudio puso de manifiesto que cuanto más comprensibles se mostraran los padres con el consumo de alcohol, el número de borracheras de los hijos y el fracaso escolar incrementaba.