Si la brecha entre países desarrollados y en vías de desarrollo es siempre un factor recurrente a la hora de exponer los índices de pobreza, esta barrera imaginaria cae cuando se trata de la igualdad de género. Los datos del último informe de la ONU reflejan que los ingresos elevados no van de la mano cuando se trata de crear oportunidades para la mujer.
La década de los noventa ha registrado algunos progresos en ciertas áreas del desarrollo humano, como es el descenso del número de pobres, pero también ha supuesto un importante retroceso en términos globales con un claro aumento de la brecha que separa los países ricos de los países en vías de desarrollo. Así, el informe de Desarrollo Humano 2002, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señala que el número de pobres «extremos» -que viven con menos de un dólar al día- pasó de 1.276 millones en 1990 a 1.151 en 2000, muy lejos aún del objetivo fijado en la Declaración del Milenio de reducir a la mitad el número de personas que viven en la pobreza extrema para el año 2015.
No obstante, en términos relativos la pobreza aumentó en África, Asia, Latinoamérica y Europa del Este. La explicación es bien sencilla: frente a este deterioro, 57 países, con la mitad de la población mundial, han reducido a la mitad sus tasas de hambrientos o lo conseguirán antes de 2015, ampliando las diferencias con los países más pobres, cuyos progresos son inferiores a lo previsto.
DIFERENCIAS POR RAZÓN DE GENERO:
Pero si la brecha entre ricos y pobres sirve para explicar algunos indicadores, como la pobreza o el estado del medio ambiente, no es un argumento válido si hablamos del desarrollo humano de las mujeres, que sigue siendo mucho menor que el de los hombres. Un retraso que se da en todas las áreas, desde la educación hasta los salarios y la participación política, y en todos los países ya sean éstos ricos o pobres. Según este informe, «la voz de la mujer tiene menos influencia que la del hombre en las decisiones que afectan a sus vidas». Y los datos que acompañan a esta cita no dejan lugar a dudas.
Así, se calcula que en el mundo hay 854 millones de analfabetos funcionales, de los que 544 millones son mujeres, y que de los 113 millones de niños no escolarizados a nivel primario el 60% son niñas. Pero la enseñanza es sólo un aspecto del desarrollo humano donde hay discriminación entre los géneros. En todo el mundo, las mujeres aún perciben sólo el 75% de la remuneración de los hombres por el mismo tipo de trabajo, y la violencia doméstica contra la mujer es un hecho común en muchas sociedades.
Diferencia de salarios:
Así, la diferencia de ingresos es una de las más importantes, con niveles de salarios para las mujeres que en algunos casos son cinco veces inferiores a los de los hombres, como es el caso de los Emiratos Árabes. Otros países con una gran diferencia salarial son Luxemburgo, donde los ingresos medios de una mujer son de 27.000 dólares al año, frente a los 73.000 de los hombres, o Irlanda, con 17.000 y 42.000, respectivamente. En los países menos desarrollados las diferencias salariales son menores, puesto que los ingresos son muy bajos para ambos sexos y permiten menos diferencias, pero no se quedan a la zaga en cuanto a la educación y la escolarización, como se dijo anteriormente, la participación política o el simple derecho a la vida por razón de género. No hay que olvidar que en todo el mundo se calcula que hay 100 millones de mujeres «perdidas», 50 millones en India, que estarían vivas si no se practicara el infanticidio, el abandono o el aborto inducido por razón del sexo del feto. Según un estudio reciente, en la India hay cada año 10.000 casos de infanticidio femenino, y otro estudio en una clínica de Bombay revela que, de 8.000 fetos abortados, 7.999 eran de niñas.
Participación en la vida política:
En cuanto a la participación de las mujeres en la vida política, hay algunos países como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Namibia y Lesoto, que no cuentan con ninguna parlamentaria, y otros con un porcentaje insignificante, como Marruecos (0,5) o Yemen (0,7), frente al 42,7% de Suecia, 38% de Dinamarca, Noruega (36,4%) o Argentina (31,3%). Además, siguen existiendo unos pocos países -Brunei, Omar, Qatar y Arabia Saudí- en donde no se reconoce el derecho al voto de las mujeres ni el derecho a ser elegidas en unas elecciones.
Papel en la vida política
Si se examinan los datos sobre mujeres legisladoras, funcionarias de alto grado o directoras de servicios, los datos son aún más desalentadores, con presencia cero en los países considerados de bajo desarrollo humano. En los países de desarrollo medio, destacan algunos como Colombia, donde el 38% de esos puestos están ocupados por mujeres; el 36% en el caso de Bolivia y Honduras, cifras incluso superiores a las de muchos países de alto desarrollo humano, como Noruega, donde hay un 25%, Suecia (29%) o España, donde el 32% de esos puestos están ocupados por féminas. El país con más mujeres ocupando altos cargos en estos sectores es Estados Unidos, con el 45%, seguido de Lituania, con el 42%. Sin embargo, en el informe se reconoce que «aún falta mucho para que el mundo alcance la igualdad de derechos y oportunidades para hombres y mujeres».
Esta desigualdad de poder queda reflejada parcialmente por la medición de la potenciación de los géneros (IPG), un índice introducido ya en el Informe sobre Desarrollo Humano de 1995 y que pretende evaluar la desigualdad entre géneros en cuanto a las oportunidades económicas y políticas. El IPG oscila entre 0.300 y más de 0.800 puntos, para mostrar la gran disparidad en cuanto a la capacitación de la mujer. Sólo cinco de los 66 países sobre los que se han hecho cálculos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia) tienen un índice IPG superior a 0.800, mientras que 22 países se sitúan por debajo de 0.500. Sin embargo, algunos países en desarrollo tienen resultados superiores a los de países industrializados mucho más ricos. Por ejemplo, Bahamas y Trinidad y Tobago superan a Italia y Japón, mientras que Barbados supera en un 25% a Grecia.
Situación de España:
Esto demuestra que los ingresos elevados no son un requisito indispensable para crear oportunidades para la mujer. Estar entre los primeros de la tabla en el índice de desarrollo humano no significa ocupar el mismo lugar en el indicador de potenciación de género. Nuestro país, sin ir más lejos, alcanza mejores valores en cuanto a la participación de la mujer en las decisiones económicas y políticas (puesto 15) que en el índice de desarrollo humano considerado de forma global (puesto 21), lo que por cierto le sitúa en el antepenúltimo lugar de la UE, si bien por debajo de España 152 países presentan un desarrollo humano medio o bajo. Y al revés, además de los ya citados Italia, Grecia y Japón, Bélgica baja del cuarto puesto al 14 cuando se trata de dar protagonismo a las mujeres.
Además de la falta de voluntad que se da en algunos casos, el informe considera que el «déficit democrático» en muchos países compromete el desarrollo humano. En este sentido, el documento concluye que la consolidación de gobiernos democráticos es la clave para promover el desarrollo humano, ya que los ciudadanos pueden exigir políticas que amplíen las oportunidades sociales y económicas; es decir, despejar el futuro.
Fuente: ABC, 24/07/02.