reforma del desempleo: desigualdades entre los parados europeos

Informes comparativos elaborados por el Ministerio de Trabajo y por los sindicatos CC OO y UGT: Las políticas de desempleo europeas tienen un modelo del sur y otro del norte (extendido hasta el centro).

Prácticamente todos los países comunitarios aplican sanciones cuando el parado rechaza un 'empleo razonable', y las exigencias son mayores a medida que la permanencia en la situación de desempleo se prolonga. Las diferencias radican cuando se concreta el concepto de 'oferta adecuada'.

Los sistemas de protección a los desempleados son también muy heterogéneos.

La prolongación de las prestaciones de paro con otras ayudas y subsidios hacen que la cobertura a los parados sea prácticamente indefinida en Francia, Irlanda, Alemania, Reino Unido, Suecia, Finlandia y Austria. En Suecia todos los desempleados tienen protección, con un promedio del 80% del salario que percibían, aunque la cantidad varía en función de las responsabilidades familiares. La situación es similar en Finlandia, con cobertura generalizada y la cuantía oscila entre el 60% y el 80% de los ingresos anteriores.

Ante el argumento del Gobierno español para aplicar su reforma, identificando los subsidios con desincentivos a la aceptación de un empleo, la experiencia dice que los países con mayor intensidad protectora son los que tienen un desempleo más bajo. España, Grecia e Italia que cuentan con las mayores tasas de paro son las que tienen una protección más limitada, mientras que en Luxemburgo, Suecia, Dinamarca o Países Bajos se da la situación contraria: el desempleo es el más reducido y la intensidad protectora más alta.

En la cobertura a los parados no existen estadísticas comparativas.

En España un 40% de los desempleados no cuenta con ninguna prestación ni ayuda del Estado. Los datos de febrero de Trabajo indican que en ese mes había 570.000 parados que estaban protegidos en el nivel contributivo, 385.000 en el asistencial y 218.000 en el sistema eventual agrario. Del total de 1.666.049 desempleados, 437.000 no tenían ninguna cobertura. El modelo de España exige para acceder a las prestaciones haber perdido el empleo de forma involuntaria (por despido o fin del contrato) y haber cotizado más de doce meses. En otros ordenamientos también pueden tener cobertura los demandantes de un primer empleo y los trabajadores que se reincorporen al mercado de trabajo después de largos periodos de inactividad, por estudios o cuidado de familiares. Esto no es posible en España, como tampoco el acceso a la protección cuando el pase a la situación del desempleo es voluntario por parte del trabajador, y que en la mayoría de los países cuenta con alguna prestación aunque sea más limitada. La legislación de Grecia es otra excepción y los parados solamente tienen derecho a ayudas por seis meses y siempre que hayan perdido el empleo por un despido. La doble vía de protección (contributiva y asistencial) es una característica común con otros modelos europeos. En Alemania existe además la prestación de desempleo parcial por causas atmosféricas, destinada a los trabajadores del sector de la construcción para los periodos de inactividad obligada que se pueden dar entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo de cada año. Otros países de la UE abonan prestaciones contributivas por un periodo máximo más largo que el español de 24 meses, que en Alemania llega hasta los 32 meses, en Francia a 60 meses, en Países Bajos a cuatro años y en el caso de Bélgica es ilimitado.

El gasto en prestaciones, según un estudio de UGT que utiliza datos de Eurostat, refleja que solamente Reino Unido, Grecia e Italia están por debajo de España en porcentaje del producto interior bruto (PIB) destinado a prestaciones de paro y políticas activas por cada punto de tasa de desempleo. El dato del Reino Unido requiere una corrección, ya que además de la protección por desempleo, cuenta con la garantía de renta mínima a la que pueden acceder la totalidad de los parados. Una situación distante de la española, donde se plantea una reforma sin que existan problemas financieros en el Inem, argumento utilizado por los sindicatos y por los principales partidos de oposición, PSOE e Izquierda Unida. El Instituto de Empleo cuenta con superávit desde 1998 y en los últimos años el Estado no ha aportado una sola peseta. Las cotizaciones están financiando, además de las prestaciones de paro a las que deben estar destinadas, las políticas activas y las subvenciones que reciben las empresas por nuevas contrataciones. El superávit supone 3.000 millones de euros en los dos últimos años.

Fuente: El País, 12/05/02.