La Comisión hace un nuevo análisis del comportamiento del mercado de trabajo en los diferentes Estados miembros - Estudio del mercado laboral en España (Noviembre 2002) |
Europa se ha comprometido con el
empeño de recuperar el pleno empleo, brindar a cada persona la posibilidad de
conseguir un puesto de trabajo y que este trabajo sea de buena calidad. En los
últimos cinco años, Europa ha conseguido un notable progreso en los resultados
globales de empleo, con más de 10 millones de nuevos puestos de trabajo creados
y cuatro millones de desempleados menos, mientras que, al mismo tiempo, la
población activa ha seguido aumentando en cinco millones de personas. La
estrategia europea de empleo (EEE) ha contribuido a ello desde 1997, año en que
en la Cumbre especial para el empleo celebrada en Luxemburgo los líderes de la
Unión Europea acordaron aunar sus esfuerzos para conseguir más y mejores puestos
de trabajo. En el curso de esta reunión, los Estados miembros se pusieron de
acuerdo sobre objetivos comunes para el empleo y políticas para aumentar la
empleabilidad de los trabajadores, promover el espíritu de empresa, incrementar
la adaptabilidad de las empresas y garantizar la igualdad de oportunidades para
hombres y mujeres. Estos compromisos se plasman en las directrices anuales para
el empleo y se trasladan a los planes nacionales de acción para el empleo, que
son examinados cada año en en el plano de la Unión Europea. Aunque las
prioridades comunes de la UE para el empleo se centraron inicialmente en la
reducción del desempleo, paulatinamente han ido reflejando el objetivo más
amplio y ambicioso fijado en la Cumbre de Lisboa de 2000 de lograr el pleno
empleo y un trabajo de calidad en una sociedad más integradora.
La Comisión acaba de hacer público su análisis de los progresos alcanzados en el
quinto año de aplicación de la estrategia europea de empleo, basándose en los
planes nacionales de acción para el empleo que los Estados miembros presentaron
en la primavera pasada. No cabe duda de que esta evaluación anual garantiza un
progreso constante de la calidad y las aspiraciones de las políticas de empleo
nacionales y europeas.
El clima económico ha empeorado desde 2001, pero es alentador comprobar que el
empleo muestra cierta resistencia frente a la desaceleración, prueba de lo cual
son las continuas mejoras, aunque más moderadas, de los resultados registrados
en el año 2001: una tasa de empleo que ha aumentado en un 0,6 % (alcanzando el
64 %) y una cifra de desempleo que ha bajado un 0,6 % (para situarse en el 7,4
%). No obstante, los mercados de trabajo de la UE todavía se caracterizan por
graves deficiencias estructurales: la cifra de desempleo, y en particular del
desempleo de larga duración, aún es demasiado alta para que los mercados de
trabajo europeos puedan calificarse de integradores. Las diferencias entre
regiones en muchos Estados miembros son todavía inaceptables, y quince millones
más de personas tendrán que encontrar un empleo de aquí al año 2010 si se quiere
alcanzar el objetivo del pleno empleo acordado en Lisboa (en forma de una tasa
de empleo del 70 % de la población en edad de trabajar).
La diferencia de productividad entre los Estados Unidos y la Unión Europea sigue
siendo considerable, por lo que será necesario continuar e intensificar las
reformas del mercado de trabajo. De un modo particular, la tasa de empleo de los
trabajadores de más edad, que se sitúa sólo en un 38,5 %, muy por debajo del
objetivo del 50 %, exigirá esfuerzos especiales por parte de muchos Estados
miembros para alcanzar esta meta. La actual desaceleración económica no debe
servir como pretexto para aminorar el ritmo de las reformas.
El informe da fe de un continuo refuerzo de las políticas de empleo. En los
últimos años, la mayoría de los Estados miembros han reformado sus instituciones
de mercado de trabajo, en particular los servicios de empleo, con el fin de
controlar el desempleo de larga duración y promover activamente la
reincorporación al trabajo de los parados. Sus políticas de empleo reflejan
también un planteamiento más equilibrado, haciendo mayor hincapié en la creación
de puestos de trabajo mediante un clima más favorable al espíritu de empresa y a
la igualdad de oportunidades. Asimismo, se ha experimentado un firme progreso en
la elaboración y aplicación de conceptos de aprendizaje permanente, y los
Estados miembros cada vez están más comprometidos en la búsqueda, junto a los
interlocutores sociales, de un equilibrio óptimo entre flexibilidad y seguridad.
Sin embargo, las políticas nacionales todavía adolecen de algunos fallos: la
cuestión de la calidad del trabajo aún no se aborda de forma global y coherente,
faltan estrategias para un envejecimiento activo, la eficacia de las políticas
para el retorno al empleo de los parados no ha sido comprobada, sobre todo en lo
que se refiere a los grupos desfavorecidos en el mercado de trabajo, y las
diferencias entre hombres y mujeres, especialmente en la cuestión de la
remuneración, deben abordarse con más eficacia. Los Gobiernos también se
muestran demasiado reacios a comprometerse de forma clara y voluntariosa, por
ejemplo fijando objetivos nacionales que sean precisos, ambiciosos y
cuantificables.
La Comisión, al igual que el Parlamento Europeo, lamenta que no se hayan hecho
esfuerzos suficientes para hacer que otras partes interesadas participen en la
elaboración y aplicación de las políticas nacionales: con demasiada frecuencia
la estrategia europea de empleo es considerada como un asunto interno de los
diferentes ministerios. Desearíamos, por ejemplo, una mayor participación de los
parlamentos nacionales en la preparación anual y el seguimiento de los planes
nacionales de acción para el empleo.
Por lo que se refiere a ESPAÑA , el informe destaca algunos rasgos
interesantes.
La tasa de empleo española sigue estando por debajo de la media de la UE,
a pesar de que en 2001 subió hasta el 56,3 %, desde el 48,2 % registrado en
1997. La tasa de paro se redujo en 2001, aunque a un ritmo más lento,
hasta situarse en el 10,6 %. Esta reducción fue más acusada en el caso de las
mujeres, pero la tasa de desempleo femenino sigue siendo el doble de la
masculina (15,5 % frente a 7,5 %). Un factor que hay que destacar es que el
desempleo de larga duración cayó hasta el 5,1 %. Otros rasgos del mercado de
trabajo español siguen casi sin variaciones: un 31,7 % de los trabajadores por
cuenta ajena tienen contratos de duración determinada (33,5 % en 1997).Asimismo,
el empleo a tiempo parcial está mucho menos extendido que en otros Estados
miembros.
Los resultados de la estrategia española para la prevención del desempleo de
larga duración son bastante satisfactorios. Se ha logrado un buen equilibrio
entre las medidas de prevención y las medidas para los desempleados de más larga
duración. La modernización de los servicios públicos de empleo se ha anunciado,
pero todavía no se ha completado. Se han previsto medidas para reducir las
diferencias entre hombres y mujeres, y algunas de ellas ya se han llevado a la
práctica, como un cambio importante en la ley sobre el estatuto de los
trabajadores, que establece el principio de igualdad salarial. Pero todavía
queda mucho por hacer en cuanto a la integración en todas las políticas del
principio de igualdad de oportunidades, especialmente en lo relativo a la
atención de los niños y las personas dependientes. La recientemente adoptada ley
sobre la formación profesional representa un avance sustancial hacia un modelo
integral de formación permanente. Por último, no se han adoptado nuevas medidas
para la reducción de los grandes desequilibrios regionales en las cuestiones del
empleo y el desempleo.
En el contexto de la descentralización de los servicios de empleo, España
debe mejorar su sistema de estadísticas. Deben intensificarse los esfuerzos
para adaptar las relaciones laborales y la organización del trabajo, en
colaboración con los interlocutores sociales, con el fin de reducir la tasa de
temporalidad del empleo y aumentar el trabajo a tiempo parcial. Asimismo, es
preciso aplicar las medidas necesarias para fomentar un planteamiento de
integración del factor de igualdad en todas las políticas, con el fin de
aumentar la tasa de empleo femenino y conciliar el trabajo y la vida familiar,
en particular en lo que se refiere a los cuidados a los niños y las personas
dependientes.
Tras cinco años de existencia, la estrategia europea de empleo se encuentra
ahora en una encrucijada, y todo el mundo está de acuerdo en que el próximo año
debería ser revisada a la luz de la experiencia y de los nuevos retos futuros,
entre los que se incluye el envejecimiento y la reducción de la población en
edad de trabajar, el contexto de la globalización, con su veloz ritmo de
reestructuración económica y social, la cuestión de la calidad del trabajo y la
aparición de escaseces de mano de obra en ciertos sectores y regiones. Los
países candidatos a la adhesión, que pronto entrarán a formar parte de la UE, se
encuentran todavía en proceso de reestructuración económica y tienen que hacer
frente a importantes retos en el terreno del empleo y el funcionamiento de sus
mercados de trabajo. Para reflejar los ambiciosos objetivos fijados en Lisboa en
2000, dirigidos a la consecución del pleno empleo, la estrategia deberá adoptar
un planteamiento a medio plazo con un conjunto de directrices centradas en su
aplicación en la práctica. La Comisión considera que la próxima generación de
directrices deberá perseguir tres objetivos principales mutuamente relacionados:
aumentar las tasas de empleo y de participación, aumentar la calidad y la
productividad del trabajo y promover un mercado de trabajo más integrador. Junto
con estos objetivos, deberán facilitarse nuevas posibilidades de participación
activa de otros interesados, en particular para los interlocutores sociales, las
autoridades regionales y locales, la sociedad civil y los órganos
parlamentarios. Todos ellos deberán tomar parte en el debate en curso que
desembocará en una estrategia europea de empleo reformada. En enero de 2003 la
Comisión presentará un esbozo de sus propuestas para la reforma de la
estrategia.
El actual clima económico hace aún más necesario que todos los Estados miembros
mantengan su compromiso de reformar su mercado de trabajo en el contexto de la
EEE. Centrándose en prioridades comunes bien precisas, y aprendiendo de los
demás, los Estados miembros podrán contribuir de forma decisiva a la creación de
más y mejores empleos en un mercado de trabajo que facilite la integración.
Fuente: Sala de prensa de la Comisión.