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J.
ASUA
VALLADOLID Un mote cruel que ha pesado como una losa en el historial de un compañero de clase, collejas intimidatorias, amenazas durante el recreo o la exclusión porque sí de un vecino de pupitre al que el falso líder del curso estigmatiza del grupo. No es nada nuevo. Pedagogos y psicólogos destierran manidas frases como 'es cosa de los chavales' o 'sólo se trata de bromas' para alertar sobre la consecuencias de 'bullying' (del inglés bull: toro) o acoso entre iguales en el ámbito escolar, un fenómeno tan antiguo como pernicioso, que puede marcar la vida de un niño y llevarle a situaciones extremas como depresiones, inadaptación social e, incluso, al suicidio. El profesor vallisoletano y psicólogo José María Avilés acaba de concluir sus tesis doctoral sobre este tema, una de las vertientes del acoso que se refleja también en la empresa ('mobbing') y en el maltrato en el ámbito familiar. Tras realizar un cuestionario a 731 alumnos de ESO de cinco centros representativos de Valladolid, los datos cantan. El 90% de los encuestados ha sido testigo de una conducta de este tipo en su entorno, el 30% ha participado bien como víctima o como agresor en alguna ocasión y un 5,6% es actor o paciente de una intimidación sistemática. En este terrorífico teatro hay tres perfiles bien definidos. «La víctima suele ser un menor con personalidad insegura, baja autoestima y sobreprotegido por su familia, con la que mantiene una buena relación», explica Avilés. Soportar el asedio continuo le lleva normalmente al fracaso académico y al contrario de los que se pueda pensar que lleve gafas, sea obeso o tenga las orejas de soplillo no es, en principio, el detonante de la agresión. «El agresor elige a víctimas que no pueden responder al asedio y luego sí explota esos factores externos», desvela el psicólogo. Una emotividad mal encauzada en la familia, la permisividad de los padres respecto al acceso del niño a la violencia y el reflejo de cómo ejercen sobre él la autoridad marcan el retrato del atacante, físicamente más potente que sus víctima, autosuficiente y con capacidad exculpatoria. Ley del silencioJunto ellos tres clases de público. Los padres, a los que «la ley del silencio» por el miedo a las represalias que tienen sus hijos, convierten en ausentes hasta que el problema estalla. Los profesores, a los que también les cuesta detectar este tipo de agresiones debido a que no se producen en el aula, sino en los cambios, de clase, en el patio durante el recreo o en las inmediaciones del centro. Y, finalmente, los compañeros, testigos directos que contemplan sin hacer nada para no entrar a formar parte del «club de la víctima», cuya red social se debilita día a día, según apunta el docente vallisoletano. Las secuelas del bullying, un fenómeno estudiado sobre todo en el ámbito anglosajón y del que el noruego Dan Olweus es uno de los mayores expertos, dejan huella también en los tres actores. «Las víctimas suelen tener problemas de adaptación en la vida adulta por el trauma sufrido, pueden padecer depresiones, baja autoestima...», subraya Avilés. En el caso de los agresores sistemáticos, al menos un 25% terminan teniendo problemas con la justicia. Para el espectador, acostumbrarse al acoso y silenciarlo 'normaliza' esta conducta, que atenta contra valores tan importantes como el respeto a los demás y la solidaridad. |
JESÚS T. PROFESOR Y VÍCTIMA DEL ACOSO ESCOLAR«Era un blanco perfecto para los agresores»J. ASUA - VALLADOLID - Su calvario comenzó cuando ingresó en un internado de Navarra. Jesús T., de 45 años de edad, comienza a superar un trauma que ha hecho mella en él. Anima a las víctimas a que denuncien su situación y a profesores, compañeros y familias a que no miren hacia otro lado. -¿Cómo le acosaban? -Me insultaban, me rechazaban, era un acoso psicológico. Estuve cinco años en el centro y cada año era una intimidación distinta, porque los alumnos iban cambiando. -¿Era por parte de un grupo grande alumnos? -No eran más bien contados. El grupo grande era el que estaba de espectador, el que no hacía nada. -¿Por qué se metían con usted? - La rabia la llevaban ellos encima. También estaban internados, lejos de su familia y de sus amigos. Estaban jibados. El ritmo de estudio era muy duro y muy frenético. Yo sufría una cojera, era más bajo...Cada uno tiene su forma de ser, yo era más introvertido, más callado, aunque más agudo según qué cosas. Era un blanco perfecto. -¿Tuvo que aguantar mucho en silencio esta situación? -Y o intentaba decírselo a mis padres y no me oían. Intentaba decírselo al vigilante del centro y tampoco. Intentaba defenderme cómo podía, pero era difícil. Pero vas sacando la agresividad y así puedes ir superándolo. Muchas veces los padres están pensando en un mundo ideal, mandan a su hijo a un colegio religioso y piensan que todos los que están ahí son los mejores y los más felices y eso les hace alejarse de la realidad que no son capaces de mirar. En el colegio, el profesor también iba un poco a los suyo. -¿Qué secuelas le ha provocado esa experiencia? - Deja secuelas de ansiedad, de muchas dificultades para entablar amistades y de relación e incluso de pareja. Encuentras a una chica que te quiere, pero que no sabes cómo quererla, porque tienes miedo de la gente. -Normalmente se ha dado poca importancia a este fenómeno. ¿cree que es lo suficientemente grave? - Lo que se hace en el colegio es sembrar para el futuro y como siembres mucha cizaña a ver cómo la vas sacando. Cuando el acoso es con todas las letras eso deja secuelas que son más que muy serias. |