cinco detenidos en una «noche de cristales rotos» a causa del horario de cierre de los bares:

abc 21/10/02 - ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD - ZARAGOZA

. Los bares cerraron y Zaragoza vivió una noche de fuego y cristales rotos. En contra de lo que establece la normativa, las zonas de bares de la capital aragonesa no tienen horarios. Cierran o abren a voluntad desde hace años en un conflicto en el que los vecinos claman por su derecho al descanso, a la tranquilidad de la noche. El Casco Viejo, Moncasi o Francisco Vitoria, son algunas de las zonas en donde las primeras luces del día conviven con los sonidos más estridentes que lanzan los disco-bares.

Desde hace unos meses el Ayuntamiento de Zaragoza ha emprendido una campaña para poner orden a una situación que no sólo provoca molestias a los vecinos sino que en muchas ocasiones ha teñido de sangre el asfalto. Ante esta presión, que ha comenzado con intentar el cumplimiento del horario de cierre que establece la normativa autónoma, los empresarios lanzaron su contraofensiva: cerrar precisamente a la hora que marcan las ordenanzas.

Así lo hicieron el pasado mes de julio y tras el cierre sólo se produjeron incidentes aislados y sin importancia. En aquel momento los titulares de estos establecimientos no descartaron nuevas medidas que anunciaron para las pasadas Fiestas del Pilar. Estaba previsto cumplir los horarios el día 13, pero finalmente el amago de acatar la ley se dejó para el pasado sábado.

A las tres y media de la madrugada se fueron cerrando muchos bares y disco-bares y comenzaron los incidentes. La Policía cuenta que en ese momento grupos de personas comenzaron a quemar contenedores, a destrozar papeleras y demás mobiliario urbano y a romper lunas de escaparates.

Protesta de los dueños de bares

Antes, y también según la versión policial, algunos de los empresarios de estos establecimientos de ocio «habían repartido entre sus clientes silbatos y petardos con objeto de hacer público y notorio su malestar por los actuales horarios de cierre».

Con los bares sumidos ya en el silencio, comenzó la movida callejera. Primero en las calles San Vicente Mártir y María Lostal. Allí, en la zona de Francisco de Vitoria, en un área que durante el día tiene una intensa actividad comercial, ardieron los primeros contenedores y allí también efectivos de la Policía Local y Nacional tuvieron que reprimir las reacciones violentas de quienes les increpaban lanzando petardos y otros objetos.

Fue el comienzo, pues inmediatamente surgió el fuego y la rotura de lunas en el denominado Casco Viejo. En la Plaza del Justicia, cercana a la Basílica del Pilar, se vivieron escenas de gran violencia. Los contenedores de basura corrían de un lado a otro, los escaparates saltaban en mil pedazos como muchos bancos y papeleras. Todavía las fuerzas de seguridad tendrían que emplearse a fondo para devolver la normalidad a otra popular zona de bares, la calle Doctor Cerrada, en las inmediaciones de la Gran Vía.

Después de varias horas de enfrentamientos, la Policía detuvo a cinco personas, todos hombres de 20 a 36 años de edad, e identificó a otras cuatro. Los primeros ya están a disposición judicial y los otros deberán comparecer en los próximos días. Para disipar cualquier duda sobre el carácter espontáneo de los altercados, la Policía vinculaba ayer a algunos de los detenidos con los bares que cerraron.

Con la noche de los bares durmientes, el conflicto de las zonas de bares de Zaragoza se ha recrudecido. Los empresarios mantienen su postura de que la normativa es obsoleta, pues más de cien mil personas visitan cada semana las zonas de bares, lo que, a su juicio, demuestra que existe un número muy importante de personas que tienen necesidades similares.

Por otro lado, los vecinos reclaman el cumplimiento del horario. Asociaciones vecinales como las de Moncasi o «Casco Histérico» no están dispuestas a ceder y exigen a la Administración que garantice el «buen orden».

Junto a una noche de disturbios callejeros, la situación real que se vive cada fin de semana en las zonas de bares pasa también por atisbos de violencia mucho más graves que han finalizado en varias ocasiones con víctimas mortales derivadas de peleas surgidas en los bares o en sus aledaños.