los rectores piden que se acelere el proceso de incorporación al espacio universitario europeo:

abc 10/12/02. MILAGROS ASENJO. MADRID.

El desarrollo de los créditos europeos y el Suplemento Europeo al Título son los objetivos de los textos remitidos a Educación por la Conferencia de Rectores.

La Unión Europea (UE) ha encabezado un importante movimiento encaminado a desarrollar un Espacio Europeo de Educación Superior que permitirá un reconocimiento más fácil de las titulaciones y asegurará una formación óptima de los estudiantes, así como su integración en un mercado laboral sin fronteras.

En la definición de las líneas de actuación para lograr estos objetivos destacan los programas de movilidad Erasmus-Sócrates, las declaraciones de la Sorbona (1998), Bolonia (1999) y Praga (2001) y las reuniones de Salamanca (2001) y Zurich (2002).

Los programas de movilidad determinaron la necesidad de encontrar un sistema adecuado de equivalencias y reconocimiento de títulos. A esto se unió la exigencia de los alumnos de procedimientos eficaces de reconocimiento de títulos, lo que llevó al Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS). Diez años después, el panorama educativo europeo adquiere una nueva dimensión con las declaraciones de la Sorbona, Bolonia y Praga.

Precisamente, en Bolonia se insiste en la importancia del «desarrollo armónico de un Espacio Europeo de Educación Superior antes de 2010», circunstancia que obligaría a tener aprobada la legislación correspondiente con bastante antelación.

Así las cosas, el grupo de trabajo sobre el espacio europeo que funciona dentro de la CRUE bajo la presidencia del rector de Vigo, Domingo Docampo, ha elaborado los dos mencionados documentos con el fin de que «todo el mundo participe de manera voluntaria en el proceso de reforma».

Pero, ¿cómo es ese camino hacia un espacio único en igualdad de condiciones y oportunidades?

El profesor Docampo responde que ese camino pasa por un «estructuración de las titulaciones», es decir, por una definición «clara» de los estudios de grado y de posgrado. Esta tarea exigirá «hilar muy fino» y alcanzar «un máximo nivel de consenso», porque muchos aspectos de las titulaciones repercuten en las correspondientes profesiones.

Como aspecto destacado, Docampo resalta la «excesiva» duración de las titulaciones respecto a su duración teórica. Por tanto, aboga por una evaluación distinta de los estudiantes. Como ejemplo destaca el hecho de que en el Reino Unido, los estudiantes llegan a funcionarios a los 23 años, mientras que en España lo hacen con 27. En este sentido, «lo que se busca es valorar el esfuerzo del estudiante y lograr que la carrera se curse en el tiempo previsto». Las previsiones de Bolonia fijan que en un plazo de tres o cuatro años, el estudiante salga al mercado con un título «relevante» para el mercado laboral».

En definitiva, Bolonia aboga por la adopción de un sistema «comprensible y comparable» de titulaciones, con la implantación de un «Diploma Supplement», que permita promover el empleo de los ciudadanos europeos y la competitividad internacional del sistema de Educación Superior. Promueve también la adopción de «un sistema basado esencialmente en dos niveles principales, grado y posgrado», el primero de los cuales tendrá una duración mínima de tres años y capacitará para el mercado de trabajo europeo. El segundo nivel conducirá al grado de master o doctor. La declaración, suscrita por 29 países, incluye asimismo como objetivo principal el establecimiento de un sistema de créditos ECTS (European Credit Transfer System) que podrán obtenerse también en contextos externos a la educación superior. En ellos se combinará la formación teórica con la práctica.

La Europa universitaria. Por José Luis García Garrido

Las últimas Cumbres de Jefes de Estados de la Unión Europea han destacado fuertemente la idea de que, si Europa quiere asegurarse un porvenir brillante, necesita construir en su seno, lo antes posible, una sociedad conjunta «basada en el conocimiento» (esa «sociedad del conocimiento» de la que todo el mundo habla). Para esto resulta a su vez imprescindible, como se destacó de modo especial durante la reciente Presidencia española, que el concepto de Aprendizaje Permanente empape de verdad, y no sólo en teoría, las políticas educativas de los países miembros. Lo que es obvio: porque difícilmente se podrá llegar a una «sociedad del conocimiento» si no se asegura antes una «sociedad del aprendizaje» que afecte, de un modo u otro, al conjunto de la población, no sólo a sus elementos más jóvenes ni a los estratos más privilegiados. Estoy lejos de concebir esta «sociedad del aprendizaje» como «sociedad escolarizada», como una especie de condena a «escolarización perpetua», que muchos se temen con toda razón. Más bien se trata de abrir paso a la existencia de comunidades y redes de aprendizaje lo más desescolarizadas posible (las nuevas tecnologías nos ofrecen inmensas posibilidades, apenas exploradas). Pero esto no podrá hacerse sin la existencia, a la vez, de un tejido escolar tan sólido como flexible, plenamente renovado. Es en esta tarea clave en la que, a mi juicio, ha de jugar un decisivo papel la Universidad.

Tarea nada nueva, por otra parte. La Universidad ya constituyó el soporte clave que permitió el nacimiento de los sistemas educativos, a comienzos del siglo XIX. Con referencia a ella fueron creándose los distintos niveles e instituciones escolares. Ahora, para la renovación de todos ellos y para la expansión de los aprendizajes fuera de los muros de la escuela y a lo largo de toda la vida, las universidades están de nuevo emplazadas a jugar un papel capital. Si no aceptan el reto, corren el riesgo de ser sustituidas por otras fuerzas, procedentes sobre todo del omnipotente mercado, de las empresas y corporaciones multinacionales, de la globalización meramente económica en definitiva.

Qué importante es, por eso, que se abra decididamente paso el «espacio universitario europeo», esta «Europa universitaria» tan difícil como insoslayable. Ya le vendrá después su hora a la formación profesional, a la enseñanza Secundaria, a la Primaria, a sus respectivos profesores y gestores, a muchos adultos y gente madura deseosa de aprender.