un tercio de los padres no sabe cómo educar a sus hijos y exige mayor implicación de los profesores:

abc 11/12/02. R. BARROSO. MADRID.

El dinero que se debe dar a los hijos, los horarios de vuelta a casa, los estudios y la colaboración en las tareas domésticas centran los conflictos familiares.

La familia continúa estando a la cabeza de los valores considerados más importantes por los españoles. No obstante, no está exenta de tensiones y conflictos entre padres e hijos, lo que se traduce en confusión y desorientación. Así, un tercio de los padres españoles con hijos adolescentes siente que no educa bien o que no sabe hacerlo. Un 40 por ciento reconoce no manejar bien los conflictos de convivencia y uno de cada cinco padres afirma sentirse desbordado, principalmente por las exigencias económicas de sus hijos. Una conclusión a la que ha llegado la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) tras un estudio basado en una encuesta a 1.000 familias con hijos entre los 14 y los 20 años.

Pero la solución que piden los padres para evitar su desorientación, lejos de buscar una mayor comunicación con sus hijos, pasa por pedir a los profesores que eduquen mejor (59,6 por ciento); a los medios de comunicación que sean más educativos (49,2 ); más ayudas fiscales a las familias (30,2) y hasta que la Policía controle mejor algunas actividades (5,2).

Delegación de responsabilidades

La mayor implicación que los padres solicitan a los profesores se traduce en una delegación de responsabilidades «como si sintiéndose desbordados por las exigencias, solicitaran ser sustituidos por los maestros», según señala el coordinador del estudio, Eusebio Megías. Por otra parte, el hecho de que sólo un 1,3 por ciento de los encuestados demande mayores recursos en las aulas demuestra que se trata de «una demanda personalizada referida a los educadores y no al sistema educativo». En este sentido, la FAD puntualiza que los padres no pueden eludir su responsabilidad educativa. «Los padres y madres no podemos delegar las responsabilidades educativas en agentes externos, pero desde las instituciones también debemos poner a disposición los instrumentos necesarios para los padres que necesiten asesoramiento», señaló Ignacio Calderón, director general de esta institución.

El informe, que cuenta con el respaldo del Plan Nacional sobre Drogas, asegura que existe una relación directa entre el clima de comunicación familiar y el rendimiento escolar, de manera que cuanto mejor es la comunicación en el seno de la familia, mejor suele ser el rendimiento escolar de los hijos. Un clima familiar en el que los principales conflictos de convivencia vienen provocados por cuestiones como el dinero que han de percibir los hijos, los horarios de llegada a casa, los estudios y cuestiones relativas a la colaboración en las tareas domésticas. Por contra, los hijos centran las discusiones en temas sobre el sexo, los amigos o las drogas, aunque no son cuestioque generen importantes conflictos. Estas discusiones y diferencias de criterio provocan que uno de cada tres padres afirme sentirse, en ocasiones, desbordado y resignado, y un 8 por ciento se sienta impotente o incluso desesperado hasta reconocer que «los hijos le agobian». Por otra parte, destaca que los padres ven con un tinte más optimista la relación con los hijos que la que éstos tienen con respecto a ellos. Así, y a pesar de que para los adolescentes la unión familiar es valorada como un principio importante, en la práctica, no pasan del 39 por ciento los hijos que reconocen que les gusta pasar el tiempo con su familia.

¿Familia ideal?

El estudio también pone de manifiesto que no existe, ni siquiera como tipo ideal «la familia española». Así, existen en nuestro país cuatro modelos familiares y es la familia «nominal» la que puede definir al 42,9 por ciento del conjunto de la población. En ella las relaciones padre-hijo pueden ser calificadas como de coexistencia pacífica más que de convivencia participativa, pues existe poca comunicación. Los padres optan por no enfrentarse a los conflictos que puedan tener con sus hijos y se muestran desimplicados con los problemas y demandas de sus hijos.

A ella le sigue la familia «endogámica», un modelo al que se adscribe el 23,7 por ciento de los españoles y que se caracteriza por un núcleo familiar muy unido donde priman las buenas relaciones. La familia «adaptativa» agrupa al 18,4 por ciento, en ella se da una buena comunicación entre padres e hijos y se muestra más abierta a las diferencias de opiniones, aunque no por ello está exenta de conflictos. Finalmente, con un 15 por ciento, en la familia «conflictiva» priman las normas fijas e inflexibles en donde los hijos se enfrentan a unos padres que no entienden y que se aferran a normas poco realistas.

Por otra parte, el reparto de roles en el seno de la familia sigue presentando a un padre que se encarga de las cuestiones relacionadas con la intendencia y la autoridad, mientras que la madre se ocupa de los asuntos relacionados con el cuidado afectivo de los hijos y la atención de la casa. En este sentido soprende que sean los padres los que crean que los hijos les invaden su vida y les privan de derechos (14,8 por ciento frente al 10,6 de las madres). Por su parte, las madres se sienten más solas que ellos ante las responsabilidades de la educación (25,9 por ciento frente al 12,2). La mayor implicación de la madre en la vida de los hijos lleva a que casi un 65 por ciento de ellos reconozca que les resulta más fácil transmitirle a ella sus sentimientos y que un 69,7 considere que su madre intenta comprender su punto de vista.

A pesar de todo, el estudio concluye que al margen de los conflictos «la mayoría de los padres afirma tener una buena relación con sus hijos».

Profesores: ¿niñeras?, ¿colegas?, ¿padres?

Si por una parte los padres piden una mayor implicación del profesorado y buscan la delegación de responsabilidades, por otra, los docentes se ven sobrepasados cada día ante la delegación de tareas que la sociedad les encomienda. Para Javier Carrascal, profesor y miembro del Sindicato Independiente ANPE, los cambios sociológicos acaecidos en las dos últimas décadas en España han provocado que los niños, desde su infancia, permanezcan largas jornadas en guarderías, escuelas y colegios y el hogar ha pasado a un segundo plano. «Los alumnos van a la escuela para aprender todo lo que necesitan saber, desvinculándose los padres de su principal obligación, de la que parecen rehuir», señala. Los resultados no han sido muy positivos en cuanto a valores y a educación. «Por ello-explica- no resulta extraño que los padres tengan serias dificultades para controlar la vida de los hijos al llegar éstos a la pubertad». Para Carrascal, los padres no pueden eludir la responsabilidad que tienen en el proceso educación de sus hijos. También señala que las familias donde escasean las actitudes positivas entre sus miembros «resultan un buen semillero de alumnos conflictivos y poco o nada interesados por el estudio y el trabajo». No obstante, advierte que la institución educativa es necesaria cuando los conocimientos se van haciendo más complejos y resulta difícil o imposible que los miembros de la familia los posean de manera suficiente para enseñarlos.