Expertos universitarios abogan por conseguir una educación más práctica que permita la adaptación de los graduados a las exigencias del mundo laboral.
La flexibilización de las titulaciones, el aumento del contenido práctico de los planes de estudio y el refuerzo de la relación entre la Universidad y el sector empresarial fueron algunas de las conclusiones del encuentro internacional sobre «Titulaciones universitarias y necesidades de la sociedad» que durante este fin de semana se ha llevado a cabo en Tenerife, bajo la organización de las Comunidades de Madrid y Canarias y el Ministerio. En el acto participaron representantes de todas las Universidades públicas españolas, así como de Europa y EE.UU, y coincidieron en la necesidad de apostar por un equilibrio entre la formación teórica y la profesional en el contenido de cada una de las titulaciones universitarias, así como la necesidad de combinar la adecuada formación en competencias básicas y específicas de cada titulación.
Demasiada teoría
Una conclusión que encuentra su justificación en los resultados del estudio europeo Cheers -40.000 encuestas a universitarios de 11 países- concluye que la mayoría de los titulados buscan en la Universidad una mayor capacitación profesional y critica que los métodos docentes siguen haciendo excesivo énfasis en la transmisión de conocimientos teóricos y son deficientes en la formación de competencias básicas. Para ello abogan por flexibilizar las titulaciones a través de cuatro vías: aumentar la base de conocimientos y las competencias básicas, alternar la teoría y la práctica, definir con claridad los esquemas profesionales y las cualificaciones que serán más necesarias y, finalmente, utilizar las competencias como forma de diseño del currículo de los estudiantes.
Según la encuesta Cheers entre las competencias de los titulados españoles que presentan mayor desajuste (más deficitarias) entre los requerimientos del puesto de trabajo y la adquisición en los estudios universitarios figuran los conocimientos de informática, la capacidad de trabajar bajo presión, la capacidad de negociación, de planificar, organizar y coordinar, la habilidad para resolver problemas concretos y para la comunicación oral. En el extremo opuesto, aquellas competencias en las cuales los titulados universitarios españoles dicen tener exceso de competencias figuran la cultura general, las habilidades manuales y el conocimiento de idiomas.
En la misma línea se propuso avanzar en la participación del sector productivo en el diseño del contenido de las titulaciones, cuya definición seguirá siendo responsabilidad de las Universidades. En este sentido, se puso de manifiesto que la actividad científica -en cuyo desarrollo colaboran los universitarios y los profesionales de las empresas- es el camino y modelo a seguir para ampliar la colaboración entre la Universidad y la empresa. Todos los expertos coincidieron en resaltar la necesidad de que la Universidad asuma como responsabilidad la formación a lo largo de la vida y consideraron que en el proceso de evaluación es «absolutamente indispensable la transparencia» tanto para que la sociedad conozca bien los resultados de la evaluación como para facilitar una rendición de cuentas que justifique su esfuerzo de financiación.