cáceres, una ciudad sitiada por la policía y el 'botellón':

el periódico extremadura 11/10/02 - C. O. / I. B. / M. A. M. CACERES  

STOP A LA MOVIDA

Más de un centenar de agentes se despliega por toda la capital para evitar otra revuelta
Muchos bares querían cumplir el horario. Al cierre de esta edición no hubo incidentes
 

Aunque oficialmente la operación policial contra la movida no comenzaba hasta las 11 de la noche, lo cierto es que antes de las cinco de la tarde de ayer Cáceres era ya una ciudad sitiada por la policía... y el botellón . A esa hora cientos de jóvenes ocupaban la bandejina de la plaza Mayor y las escaleras del Arco de la Estrella. Los mesones Jara y Vicente estaban hasta la bandera y las canciones estridentes de David Bisbal animaban a numerosísimos estudiantes, algunos de los cuales lucían todavía con orgullo su N de novatos. En El Rincón se vendía el litro de cerveza a 2 euros y las bolsas de hielo, a 1,25. Al menos cinco coches de la Policía Local vigilaban las inmediaciones de la plaza Mayor, entrada principal a la emblemática ciudad monumental de Cáceres, declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad.

 

La plaza Mayor y La Madrila parecían ayer primas hermanas: la misma música de David Bisbal y, sobre todo, el mismo número de personas. En torno a las 16.30 infinidad de jóvenes se habían reunido en las inmediaciones de la plaza de Albatros, templo de la movida nocturna cacereña. En los accesos al Rita, El peso del pecado y La continental --todos ellos tradicionales bares de copas de los fines de semana-- se había organizado otro botellón . Los jóvenes habían hecho bares improvisados en sus maleteros. Unidades policiales, de uniforme o de paisano, seguían patrullando la zona.

 

En la plaza de toros y los alrededores del cuartel Infanta Isabel también se agruparon muchos jóvenes. Sólo eran las cinco de la tarde y Cáceres se preparaba para una noche larga. Dos horas más tarde, vuelta a La Madrila. Una fiesta universitaria calentaba el ambiente. Las cámaras de televisión eran testigos directos.

LOS ANTIDISTURBIOS

 

Los primeros miembros de la Unidad de Intervención Especial, conocidos comunmente como antidisturbios, habían llegado el miércoles por la noche. Muchos de ellos se hospedaron en el Hotel Barceló V Centenario. Las unidades, procedentes de Sevilla y de Valladolid, venían a reforzar el dispositivo policial que durante toda esta semana ha venido diseñando la Delegación del Gobierno para combatir los disturbios callejeros, iniciados el pasado fin de semana en protesta por los horarios de cierre y que acabaron con seis jóvenes en la cárcel.

 

El resto de antidisturbios, hasta completar los 40 que se habían previsto, fueron llegando ayer de forma escalonada a la capital. Antes de las cinco de la tarde, ya uniformados, algunos bajaban de sus impresionantes furgones para alojarse en el hostal Neptuno, de la avenida de Alemania.

 

El dispositivo policial se completaba con agentes de la Policía Nacional, Policía Local y Guardia Civil. En total sumaban más de un centenar de efectivos. Se patrullaron los puntos conflictivos y se aumentaron los controles de alcoholemia, tanto en el centro como en el extrarradio.

 

El subdelegado del Gobierno, Carlos Rovira, anunció ayer que este dispositivo se mantendrá "todos los fines de semana que haga falta" e hizo una llamada a la calma: "Ojalá no haga falta que intervengan, pero queremos evitar los hechos del pasado fin de semana".

LOS HOSTELEROS

 

A las 20.30 horas los hosteleros daban por cerrada una reunión urgente en la casa de Cultura de Moctezuma. Si el miércoles por la noche estaban convencidos de que cerrarían a la 1.30 horas y reabrirían a las 5.30, ayer muchos se echaron atrás.

 

Plamapi, la asociación que representa a la mayor parte de los establecimientos de la plaza Mayor, Pizarro y La Madrila, decidió que cumpliría el horario marcado por la Junta: cerrar a la 01.30 horas, pero no abrir a las 5.30. Uno de los hosteleros era contundente: "Nos rajamos porque tenemos miedo a que se arme".

 

Sin embargo, no todos los hosteleros estaban dispuestos a acatar esta decisión. En El peso del pecado había carteles anunciando que abrían a las 5.30. El Latino casi lo tenía claro y La continental, también. Eso sí, con algo de cautela: esperarían a ver cómo estaban los ánimos de la gente que a esa hora saldría de las discotecas dispuesta a quemar la noche.

 

A las 23.30 apenas había coches aparcados en La Madrila y Cánovas. En Antonio Hurtado, la recogida de basura se adelantó y en Albatros continuaba un discreto botellón de apenas 30 personas. Eso sí, algunos bares seguían abiertos y había mucha suciedad. Poco antes de la medianoche, el botellón comenzaba a desplazarse hacia la plaza. A esa hora, en San Juan ya se veía a jóvenes cargados con alcohol. Al cierre de esta edición no se habían registrado incidentes y la presencia en la plaza de la policía uniformada era mínima.