El dinero y la limpieza es lo que preocupa más a los universitarios que comparten piso

hoy 24/11/02 EVA CABALLERO/BADAJOZ

Llegar a fin de mes es un reto para la mayoría de estos jóvenes

Llevo cuatro años aquí. He vivido en cuatro pisos diferentes y en los cuatro he tenido el mismo problema» asegura Estela, una joven emeritense. Ella y sus compañeras suelen hacer un 'planning' en el que se distribuyen las tareas de la casa, y aquí es donde suele surgir la raíz del problema.

«Si a mi me toca hacer la cocina, y una compañera por dejadez deja cáscaras en la encimera, me sienta mal. Una cosa es que tenga que limpiarla yo y otra que otra se aproveche y lo deje todo sucio», anota la joven emeritense.

La lista de la compra

Otro de los problemas más frecuentes a la hora de compartir piso se presenta cuando llega el momento de hacer la compra.

Los chicos suele tener menos problemas al ir al supermercado. «Ellos son más independientes y menos quisquillosos para comer», dice Sandra, estudiante de 21 años que procede de Alange.

Unos y otras suelen poner un fondo común para pagar los gastos conjuntos: agua, luz y los productos de limpieza, que normalmente suponen un gasto de unos 12 euros de media por semana y persona.

El reparto de presupuesto

Si hay algo con lo que todos los estudiantes universitarios están de acuerdo es que con el dinero que les dan sus padres no llegan a fin de mes.

El alquiler del piso, los autobuses urbanos e interurbanos, las fotocopias, las fiestas y la alimentación son, por este orden y de mayor a menor, en lo que gastan la paga mensual.

«No me llega el dinero porque como más bien de capricho, aunque si tuviese más me lo gastaría en ropa o en tarjetas para el móvil», señala Estela. Esta actitud suele variar cuando el estudiante lleva muchos años fuera de casa. « Tengo que hacer virguerías para llegar a fin de mes, pues no es cuestión de estar todo el día poniendo la mano. Hay que tener un poquito de cabeza», cuenta Montse, que lleva diez años en Badajoz.

Los caseros

Los estudiantes coinciden en que buscar piso es una ardua tarea. Aseguran que los caseros creen que por ser estudiantes se pueden conformar con cualquier cosa.

«Si les pides algo y pueden hacerse los tontos se lo hacen, te prometen mucho pero luego nada» anota Gema, estudiante de 22 años de Zafra.

Añaden que la mayoría de los universitarios que alquilan pisos no tienen contrato. «En el mejor de los casos te dan un papel firmado por el casero», dice Sandra.

Se quejan de la falta de legalidad en este asunto, ya que sin contrato les pueden echar de un día para otro. «Yo me he visto en la calle de una semana para otra porque venían los hijos de la casera», explica Montse con cierta resignación.