EL ARTICULO DEL DIA .
Conocemos la existencia de sustancias procedentes unas de plantas y otras de síntesis en el laboratorio, que si bien en principio se utilizaron con fines medicinales, su abuso ha conducido a una serie de drogodependencias que son en la actualidad un verdadero problema. Hasta hace poco no se había encontrado ninguna sustancia capaz de contrarrestar este tipo de drogas y rehabilitar a los que padecen estas drogodependencias. Desde hace algunos años se conoce que la ibogaína, un alcaloide procedente de la raíz del Tabernanthe iboga, purificado y cristalizado en 1901, elimina el síndrome de abstinencia en una serie de drogodependencias (en 1985 se patentó esta sustancia para la interrupción de la adicción a morfina, heroína, cocaína, anfetaminas, alcohol, nicotina y el síndrome de dependencia a múltiples drogas). La utilización de extractos de esta planta africana para luchar contra el hambre y la fatiga (a bajas dosis) o en rituales religiosos (a altas dosis produce alucinaciones) se pierden en el tiempo. Se sabe hoy que una sola dosis de ibogaína puede eliminar el síndrome de abstinencia durante, al menos, un mes, pudiendo llegar en ocasiones hasta los seis meses.
Hay evidencias que sugieren que esta sustancia produce una normalización relacionada con la sensibilización o la tolerancia a determinadas drogas, no siendo considerada una droga de sustitución como es el caso de la metadona.
El problema fundamental con el que se ha encontrado esta sustancia, en su utilización contra la adicción a las drogas, ha sido su capacidad para provocar alucinaciones y su toxicidad para el cerebelo. Sin embargo, recientes investigaciones (1996) han conducido a la síntesis en el laboratorio de un derivado de la ibogaína, la 18-metoxicoronaridina, desprovisto de los desagradables efectos alucinógenos y de toxicidad para el cerebelo (1996). Cuando me topé con esta sustancia en mis búsquedas bibliográficas sobre sustancias tóxicas o protectoras del sistema nervioso, me sorprendió que una sustancia de esta naturaleza no fuera más conocida ni más utilizada en el tratamiento de las drogodependencias, por eso la traigo aquí, para que se conozca su existencia y aumente el interés por sus estudios clínicos (la US Food and Drug Administration ha aprobado recientemente estudios de fase I en humanos), que si bien ya se han iniciado y muestran resultados muy positivos, no parecen haber llegado a la opinión pública que es al fin y al cabo la destinataria de este tipo de tratamientos.
Dada la gravedad del problema de las drogodependencias, no estaría mal que aquéllos que estén preparados para lidiar con este problema iniciaran un estudio con estas sustancias que tanto pueden ayudar a los que están atrapados por las drogas. Quien quiera saber más sobre estas sustancias puede acudir a la página de Internet www.ibogaine.org donde podrán encontrar la información suficiente para seguir la pista de este interesante producto.