EL PODER DE CONVOCATORIA
DE LAS FIESTAS UNIVERSITARIAS
STOP A LA MOVIDA
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Urgencias registró un número superior de intoxicaciones etílicas al de un fin de semana |
Por una vez la costumbre cambió. La movida ha llegado esta semana a Cáceres con mayor antelación de la prevista, tanto en día, como en hora, como en escenarios: miércoles, 11 de la mañana. Campus universitario. Plaza de Albatros. Ese fue el punto de arranque, justo un día antes a lo habitual. La movida siempre comienza los jueves, pero las fiestas universitarias adelantaron la cita.
Fue precisamente a esa hora cuando los jóvenes comenzaban a reunirse en los alrededores del campus para celebrar el botellón . Los novatos de Veterinaria iniciaron entonces sus tradicionales racanadas . Muchos de ellos fueron bautizados en un contenedor en el que se mezclaban vísceras de animales, aceites industriales y restos de todo tipo. El hedor que desprendían los rácanos --apelativo que reciben los novatos de esta facultad-- se unía a la harina, ketchup , huevos y mostaza que adornaban sus cabezas.
FIESTA GRANDE
Antes de las dos de la tarde, el botellón cambiaba de lugar y se trasladaba a la plaza de Albatros, el otro gran escenario de la tarde. Los alumnos de las facultades de Empresariales y Turismo y Veterinaria venían anunciando desde el pasado fin de semana que celebrarían fiestas en la plaza de Albatros con motivo del inicio del curso. Los primeros tenían su centro de operaciones en El Peso del Pecado, uno de los locales de moda de La Madrila. Los segundos eligieron La Bolsa, la discoteca por excelencia de la movida.
A las tres, numerosos jóvenes seguían aterrizando en La Madrila cargados de bolsas llenas de bebida. Sentados en el suelo o al lado de sus coches (convertidos en barras improvisadas donde se escuchaba música y se servían copas), los estudiantes fueron llegando a la plaza de Albatros hasta completar un número aproximado de 1.500.
La mayor parte de los bares habían abierto sus puertas --Rita, La Ventana, La Continental, Vieja Trova, Latinos...-- y La Madrila ofrecía la imagen de sus mejores tiempos : se había convertido de nuevo en sede del botellón .
A medida que pasaron las horas, la zona fue tomando el aspecto que caracteriza a la plaza Mayor cualquier fin de semana: los contenedores estaban vacíos a las diez de la noche, pero en la plaza de Albatros, ya repleta de miles de jóvenes, apenas se podía andar entre los restos de botellas y otros residuos. La basura acumulada cubría el suelo, al igual que los orines y vómitos. La presencia policial era escasa. Las colas en algunos locales obligaron a cerrar sus puertas ante la aglomeración de público.
Varias ambulancias se desplazaron al lugar durante la jornada para atender a jóvenes con intoxicaciones etílicas. En sólo una tarde, el número de tratamientos hospitalarios fue superior al de un fin de semana. Al cierre de esta edición, 15 jóvenes precisaron de asistencia en el Virgen de la Montaña y miles continuaban en La Madrila.