Tolerados, pero invisibles

hoy 10/11/02 MANUELA MARTÍN - BADAJOZ

Los homosexuales extremeños sufren las desventajas de las pequeñas ciudades y muy a menudo emigran para salvar la 'censura social' que todavía existe

Las cosas ya no son como eran. ¿Una prueba? La Guardia Civil ha permitido a un agente homosexual destinado en Palma de Mallorca vivir con su pareja en la casa cuartel, como cualquier otra familia. Sin embargo, los homosexuales se quejan de que todavía la sociedad no les acepta, especialmente en ciudades pequeñas, como las extremeñas.

Este domingo comienza en Badajoz la V Muestra de Cine Gay y Lésbico, un festival en el que se exhibirán una treintena de películas de temática homosexual. La celebración de esta muestra por quinto año consecutivo podría hacer pensar que el movimiento homosexual goza en Extremadura de una situación privilegiada. Sin embargo, la opinión de quienes conocen de cerca la situación es diferente: «Hay muchos homosexuales que se van de aquí porque no pueden desarrollar una vida y una afectividad normalizada», afirma José María Núñez, profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Extremadura, y miembro de diversas asociaciones de homosexuales. «Hay mucha emigración sentimental», resume este profesor, responsable también de la Muestra de cine y de la Asociación Fancine Gay, creada para desarrollar el festival. José María Núñez fue además fundador y presidente de otra asociación, 'De par en par', que tuvo gran actividad hace unos años, pero que ahora está en crisis. ¿Razones? Esa 'emigración sentimental' que ha hecho que de los treinta componentes iniciales de la asociación ya sólo permanezcan tres. El resto se han marchado en busca de lugares donde existe un menor control social. «La situación ha avanzado mucho -reconoce José María Núñez-, pero la libertad que se disfruta en una ciudad grande, por el anonimato, es mayor. La mayoría se va. Unas veces porque aquí no es capaz de desarrollar su vida en libertad, y otras porque no encuentra personas con quienes hacerlo. También hay mucha gente que vive aquí y los fines de semana se va fuera».

Miedo a que se les identifique

Otro dato que pone en evidencia las dificultades para 'normalizar' la vida de los homosexuales es la reserva de muchos para asistir a las sesiones y a las actividades culturales del festival de cine. «A las películas acuden sin problemas muchas personas que son heterosexuales -explica José María Núñez-.Sin embargo, hemos recibido mensajes de homosexuales que nos dicen que no se atreven a ir por temor a que se les identifique como tales. Nos sugieren incluso que se haga el festival en un multicine y no en el López de Ayala, para que así nadie tenga que saber a qué película van». La escasa afiliación a asociaciones de gays -en Extremadura funcionan al menos 'De par en par', la 'Fundación Triángulo' y 'Asociación Fancine Gay'-, también indica que la 'normalización' está lejos. «Entre todas las asociaciones a lo mejor estamos treinta -apunta José María Núñez-, pero tampoco en otras ciudades se asocian muchas personas. En Madrid quizá sean 600».

José María Núñez señala que, a pesar de que la ley ha avanzado mucho, las parejas de homosexuales todavía tienen problemas en caso de herencias. Es decir, cuando uno fallece los bienes, aunque sean comunes pasan a la familia, y no a su pareja.

Registro de parejas de hecho

La posibilidad de registrarse como pareja de hecho en los ayuntamientos, que es ofrecida en muchos consistorios, podría ayudar a acabar con esas situaciones. Sin embargo, de los datos recabados por HOY se deduce que ese registro no es muy utilizado por los homosexuales. En Badajoz, por ejemplo, funciona ese registro desde el 21 de noviembre de 1994. Están registradas en él 118 parejas y sólo una de ellas es homosexual, formada por dos mujeres. Hay muchas parejas homosexuales que piden información, pero que no se inscriben. En Plasencia no hay inscrita ninguna.

En Extremadura está pendiente de aprobarse una Ley de Parejas de Hecho que reconoce a los homosexuales los mismos derechos que a los matrimonios, a excepción de la adopción de niños. José María Núñez opina que estas leyes, que existen en la mayoría de las comunidades, son positivas, pero cree que sería más lógico contar con una ley estatal para que no existieran diferencias entre los derechos que se reconocen en una u otra región.

En Extremadura, por ejemplo, no se acepta la adopción, pero sí el acogimiento de niños; en Navarra está permitida la adopción. Núñez opina que el cambio en las leyes debe ir acompañado de un cambio social para que familias, vecinos o compañeros de los homosexuales acepten su opción sexual. «Queda por delante una revolución ciudadana. Cuando se produzca, muchos no se tendrán que ir de Badajoz para vivir como homosexuales sin esconderse -concluye-. En todo caso, mi experiencia me dice que el nivel de respeto depende de la seguridad en sí mismo que muestre cada persona. Se respeta más a los que se reconocen como homosexuales».