Los extranjeros, con mayoría marroquí, son más del 40% de la población en Talayuela

hoy 11/11/02 PILAR ARMERO - TALAYUELA

Aún no hay integración real, a pesar de los diez años de convivencia tranquila

Nada más entrar en Talayuela se advierte la realidad que se esconde tras los siempre fríos datos: el 40'62% de sus vecinos son extranjeros, principalmente marroquíes (4.725 sobre una población de 11.000) . A bastante distancia les siguen ecuatorianos y argelinos . Tras ellos, senegaleses, portugueses y rumanos. Pero la palma se la llevan los marroquíes.

La mayoría trabaja en el campo, aunque algunos han montado sus negocios: bazares, autoservicios y locutorios. La convivencia inmigrantes-nativos y el número de los primeros frente a los segundos, convierte Talayuela en una especie de probeta a los ojos de los investigadores. No es para menos, si se tiene en cuenta, según los datos del Balance 2001 elaborado por el Gobierno, que de los 12.500 inmigrantes que hay en Extremadura, casi 5.000 están en este pueblo. La mayoría son marroquíes, que empezaron a llegar al Tiétar a principios de los 90, cuando se necesitaba mano de obra para el tabaco, espárrago y pimentón. Llegaban hombres solos, pero pronto iniciaban el papeleo para traer a la familia. La dinámica sigue siendo igual. Llegan de Marruecos y acaban trayendo a los suyos. Lo que ha cambiado es el futuro, poco esperanzador por culpa de la maquinaria agrícola, capaz de hacer en menos tiempo lo que antes era indispensable que hicieran ellos. Esta situación ha llevado a algunos, pocos, a montar su negocio. Otros, no descartan tener que volver a hacer las maletas. Pero en diez años a los inmigrantes de Talayuela les ha cambiado la vida. No es habitual el hacinamiento en secaderos, buscan pisos que alquilar, incluso comprar. Y ha cambiado su forma de pensar, de manera que mientras los mayores no descartan volver a su tierra, a las últimas generaciones, nacidas en los hospitales de Navalmoral o Plasencia, les basta con ir a Marruecos en vacaciones.

A pesar de la convivencia tranquila, la integración no es real y muchos no confían en los moros.

Atención especial para los estudiantes

El abulense Roberto Bayón debe ser uno de los directores de instituto más jóvenes de España. Tal vez por eso esté en Talayuela. Tiene 30 años y hace cuatro está al frente del IES 'San Martín', donde estudian 500 alumnos de los que 88 son extranjeros, (inmensa mayoría marroquí), aunque la previsión que manejan es acabar en junio con 120 inmigrantes.

Lidiar con este alumnado no es fácil. «Los marroquíes llegan con un nivel tremendamente bajo. Hemos tenido alumnos que han llegado al instituto con 16 años y era la primera vez que pisaban un aula. Estos inmigrantes no llegan de Casablanca precisamente, sino de una zona muy pobre, Oujda, un desierto en el que apenas se va a la escuela y quien lo hace va a las coránicas, donde se hace eso, leer el Corán». En definitiva, la educación no es prioritaria para esta población, y eso se nota en detalles como que los chavales llegan al instituto con un cuaderno y un bolígrafo para que les dure todo el curso. O que muy pocos (este año dos) alcancen el bachillerato. «El año pasado una alumna tuvo que bregar duro con sus padres para que la dejaran continuar estudiando».

Lo primero, aprender el idioma

Ante este panorama, enseñarles es ardua tarea, por lo que en el IES 'San Martín', han puesto en marcha, a lo largo de los cursos, distintos métodos de aprendizaje. En este 2002-2003, con la colaboración de la consejería de Educación, han inaugurado las Aulas Temporales de Adaptación Lingüística , para inmigrantes que no tienen ni idea de español. Pueden estar en ellas un tiempo máximo de un año, durante el que se intenta que adquieran un nivel mínimo de español que les permita seguir las asignaturas. De ahí pasan a las Aulas de Compensación Lingüística, que consisten en que comparten con el resto de alumnos las asignaturas menos complicadas (manualidades, gimnasia), mientras que el resto las dan aparte.

Esta situación no es única en Talayuela, sino también en otros centros del entorno, que no cuentan con medios suficientes para atender a los inmigrantes. «Necesitan material adaptado y atención especializada, y eso supone unos gastos tremendos».

Bayón cree que la administración debería tener en cuenta la especificidad del alumnado de cada centro a la hora de asignar presupuestos, y no sólo el número de estudiantes.

Analfabetismo, la gran barrera

El analfabetismo generalizado entre la población inmigrante que llega o reside desde hace años en Talayuela sigue siendo la principal barrera para la integración.

Los magrebíes que llegan a la zona lo hacen con un nivel cultural bajísimo, hasta el punto de que una buena mayoría no sabe leer ni escribir, por lo que enseñarles un nuevo idioma cuando son analfabetos en el suyo es tarea de titanes. «Solemos conseguir que lo chapurreen para defenderse en el día a día», cuenta Abbas, el traductor de Cruz Roja, que trabaja con el mismo oficio en centros de enseñanza y servicios que le requieren.

A pesar de la dificultad, instituciones, asociaciones y otras entidades (Cruz Roja, Cáritas, Aupex, Ayuntamiento, Junta, Estado) siguen programando cursos de alfabetización e idiomas en favor de la integración.

Medios para todos

Uno de los peligros para la inmigración en el Valle del Tiétar es la falta de recursos suficientes para atender a una población que crece y en la que se mezclan una veintena de nacionalidades.

El incremento innegable de vecinos exige que haya más de todo: más médicos, más traductores, más profesores, más servicios, en definitiva, para que nadie crea que no se le atiende por culpa de los otros. La creación de una infraestructura adaptada a las necesidades de la peculiar población en la zona es ya una demanda que empieza a oírse de boca de los propios inmigrantes. Cuanto más establecidos se encuentren, más ciudadanos se sentirán y, como tales, exigirán sus derechos.