OPINIÓN. EL ARTICULO DEL DIA
Quienes con preocupación seguimos los acontecimientos y hemos querido vivir directamente la movida de Cáceres, apreciamos en todo esto una gran cantidad de excesos. Excesiva es la cantidad de jóvenes que se dan cita en el botellón cacereño. Excesivos son el ruido, la suciedad, las molestias a los vecinos y el grado de alcohol ingerido. Excesivos (calificándolo suavemente) fueron los altercados producidos por un grupo de vándalos e instigadores, que escudándose en el anonimato que da la noche y la multitud, quemaron contenedores y coches, y atacaron a las Fuerzas de Seguridad. De excesivas habría que calificar las declaraciones del señor Delegado del Gobierno en Extremadura, al solicitar para los jóvenes detenidos la máxima pena (tres años de prisión), sin esperar a que éstos sean juzgados. En tumultos de estas características es fácil que acabe pagando algún justo y se escabullan los auténticos culpables.
A la vista de lo sucedido, y lo que pueda suceder, los políticos, los vecinos, los hosteleros, los jóvenes y los padres, nos podemos ver desbordados y caer en la tentación de buscar atajos, donde no se buscaron soluciones en los últimos años. Si algo tengo claro es que, tanto el fenómeno del botellón como ciertos comportamientos y conductas sociales, que se gestaron durante décadas o generaciones, serán imposibles de erradicar en unos días. No pretendamos eliminar el problema por decreto o por la fuerza. Tomemos medidas, que hasta ahora no se tomaron o no sirvieron, para reducir sus efectos progresivamente. Cuando hablo de medidas no me refiero, necesariamente, a aprobar nuevas leyes, que más que en medidas, se puedan tornar en varas de medir . Se me ocurre que serían medidas, el planificar la dispersión de los locales de ocio por toda la ciudad. No permitir, ni autorizar, la apertura de locales sin cumplir estrictamente la legalidad. Abordar la modificación del horario de cierre de los locales. Favorecer, con rebajas de impuestos si es necesario, la apertura de locales light en horarios de tarde-noche, donde los jóvenes puedan divertirse y relacionarse. Mantener una permanente, pero discreta presencia policial, para detectar a los instigadores y alborotadores. Dinamizar y potenciar, a través de sus organizaciones, las escuelas de padres/madres, y que cada uno asumamos nuestra parte de responsabilidad. Establecer programas permanentes de educación cívica y para la salud, en los IES y la Universidad. Si educamos ahora contra el abuso de bebidas alcohólicas, el respeto a los demás y la responsabilidad cívica, evitaremos actitudes incívicas, irresponsabilidad y alcoholismo en el futuro.
Decir ahora, que la movida cacereña está rodeada de una calma tensa, no es sino definir claramente la realidad. La juventud se adapta, modifica costumbres (no cambia sus objetivos), aguanta, pero al finaL requiere vías de escape. Mantener la tensión no hará sino acumular más tensión.
El joven, por joven, en algún momento transgrede y se revela contra las normas sociales. Es un gamberro en potencia, que en ocasiones ejerce como tal. Pero hemos de reconocer, que respetables políticos, hombres de negocios o doctos profesores, fueron en su juventud admirados gamberros en su círculo de amistades. ¿A qué me lleva esto? A defender a los miles de jóvenes extremeños, a los miles de universitarios, que se ven en estos días mal encuadrados, con su imagen distorsionada, por un grupo que no los representa, y que a veces son vistos con recelo y preocupación, por los que creen intuir en ellos a futuros delincuentes. Y pregunto yo, ¿dónde están aquellos energúmenos que hace una década, estando estudiando en la universidad, arrasaron las calles de Cáceres rompiendo cabinas, quemando contenedores y hasta el salón de actos de un edificio público? ¿No estará alguno de aquellos cientos de vándalos en puestos de responsabilidad social?
Si algo necesita, hoy y ahora, este conflicto, no es echar leña al fuego, sino reducir la tensión política y social. Crear auténticos foros, entre todos y con todos, y que se aporten soluciones. Pero no soluciones drásticas ni curas milagrosas. Soluciones de futuro. No tengamos que volver, dentro de otra década, al punto de partida en que nos encontramos actualmente.
Creo sinceramente, que se está dando, de los jóvenes universitarios extremeños, de Cáceres y de Extremadura una imagen que en absoluto se corresponde con su identidad. Ni con la de los universitarios, la de los cacereños, ni con la identidad de los hombres y mujeres de esta tierra.