Según datos del Censo de Población del año 2001, la región extremeña cuenta con 1.058.503 habitantes, lo que representa una pérdida del 0,3 % en relación con el recuento de 1991 y denota la contumacia de un estancamiento poblacional que se mantiene desde mediados de los años setenta.
Podría pensarse que dicha circunstancia merece valorarse positivamente, ya que indica la ruptura de la tendencia emigratoria tradicional y, al tiempo, podría estar reflejando la estabilización poblacional que han proporcionado determinadas políticas regionales.
Sobran argumentos, empero, para columbrar un panorama demográfico regional bastante menos halagüeño.
Debe destacarse, en principio, que ese aparente anquilosamiento oculta la existencia de unas tasas de natalidad y mortalidad prácticamente idénticas, lo que quiere decir que el saldo vegetativo es cero y, lo que es peor aún, que en buena parte de los municipios, el crecimiento natural tiene signo negativo.
En segundo lugar, hay que valorar los efectos negativos que aún provoca la emigración, pues entre 1991 y el año 2000 ha provocado la salida de 92.633 extremeños hacia diferentes puntos del país.
Y, por si fuera poco, existe una gran movilidad interna que, en las fechas de referencia, se ha saldado con el cambio de residencia de 88.024 personas que, en su mayoría, han abandonado los municipios más pequeños para dirigirse a otros de mayor tamaño.
Ante tal cúmulo de circunstancias y teniendo en cuenta que el 70 % de los municipios extremeños cuentan con una media inferior a los 2.000 habitantes, no sería difícil concluir que existe en el medio rural extremeño un claro riesgo de despoblamiento.
Es más, si a ello se le añaden la progresiva desaparición del subsidio agrario AEPSA, la supresión de subvenciones a la agroindustria, la inminente reforma de la PAC o la reconversión del cultivo tabaquero, parece difícil imaginar la recuperación económica de esos pequeños municipios que, por regla general, viven de una actividad agraria que se practica en un marco estructural de marcado carácter latifundista.
Poco son 331 euros mensuales durante medio año, pero muchos jóvenes y, especialmente, muchas mujeres, han permanecido en sus pueblos gracias a este subsidio. Mal camino llevamos si hasta tan ridícula cantidad parece un precio excesivo por conseguir algo tan importante.
Reflexione el lector sobre lo expuesto y saque sus propias conclusiones.