La polémica del PER se presta a todo tipo de demagogias. Que de las 8 rectificaciones que UGT y CCOO exigían para firmar la paz del decretazo , el Gobierno sólo haya rechazado ésta, suena a agravio, Y, en parte, lo es. El argumento del fraude, por ejemplo: no se tiene de pie. Lo hay, sí. Y debe ser combatido. Pero el PER no es el único subsidio que registra un determinado porcentaje de fraude en España. También lo hay en el paro, en la formación continuada, en las ayudas de la UE a las infraestructuras, el campo o la pesca... ¿Le aplicamos a todos la receta del PER, los suprimimos todos para evitar el fraude? ¿Por qué aplicarle semejante cura de caballo sólo al más modesto de ellos, al PER?
Las estadísticas y quienes, como yo, tenemos la suerte de viajar con frecuencia a Andalucía y a Extremadura, somos testigos de que, además de a la modernización de ambas comunidades (de las diecisiete que integran nuestro Estado autonómico, Andalucía es la que más ha crecido económicamente y la que más empleo ha creado este año), el PER ha ayudado a mejorar la vida de las más pobres de sus gentes, los jornaleros y jornaleras, y a fijarles a la tierra. Ni éste ni ningún subsidio pueden ser la única esperanza de nadie. Y, además, como dicen (en privado, por supuesto) los sindicatos, o se suprime o en cuanto nos retiren las ayudas de la UE (en torno a 2006) no habrá dinero para pagarlo..., salvo que subamos los impuestos. Tal vez haya que suprimirlo, sí. Pero, por su orden. Sin poner el carro delante de los bueyes.
Que, desde el decretazo , los jóvenes jornaleros andaluces y extremeños ya no puedan acogerse al PER no tardará en traducirse en huida del campo a la ciudad y despoblación de las zonas rurales si no se les ofrecen medios alternativos de ganarse la vida. Si no se crean fuentes alternativas de empleo y riqueza. El Gobierno está en ello, lo sé. Pero las reformas estructurales, que es de lo que estamos hablando, llevan su tiempo. Y lo que ya está aquí, lo que ya ha llegado es el fin del PER. Invertir los términos de la ecuación sería, además de justo, un rasgo de talento político. La única forma de que las movilizaciones y encierros de jornaleros que empezaron ayer no vayan a más, y de disipar la sensación de que el Gobierno les está castigando por votar al PSOE en lugar de al PP que empieza a crecer en Andalucía y en Extremadura.