Los universitarios que viven en pisos alquilados pagan una media de 120 euros por habitación

hoy 20/10/02 - ANTONIO J. ARMERO - CÁCERES

Los estudiantes, que cada vez exigen más, se quejan del alto precio por viviendas viejas y sin equipar

Piso de tres dormitorios, barato, céntrico, con calefacción, bien amueblado y que tenga cerca una parada de cualquiera de las líneas de autobuses que llevan hasta el campus. Es el perfil de vivienda que buscan los universitarios de Cáceres, quienes además, cada vez exigen más comodidades. La calefacción, por ejemplo, ha pasado a ser requisito casi imprescindible, lo mismo que la televisión o unos muebles decentes.

Es el equipamiento básico para un colectivo, el de los estudiantes en busca de un piso de alquiler, que hace una valoración del mercado más bien negativa. La queja principal: los caseros piden mucho y ofrecen muy poco. «Ves pisos por los que te piden 330 ó 360 euros (55 ó 60.000 pesetas) y que son una verdadera porquería; viejos, sucios y sin un equipamiento mínimo». Es el testimonio de Jose, un universitario cacereño. Pero es también un testimonio compartido por muchos de los estudiantes que han tenido que enfrentarse a la difícil de tarea de encontrar un piso de alquiler. La primera opción suele ser buscarse la vida entre los papeles pegados en las farolas, marquesinas de las paradas de autobuses, cabinas de teléfono o tablones de anuncios en la facultad. La única razón es ahorrarse el dinero que las inmobiliarias cobran por encontrarles el piso y ponerles en contacto con el propietario.

Normalmente, a la agencia hay que abonarle una mensualidad, a pagar al 50 por ciento entre el propietario y los inquilinos. Pero no pocas veces, esta intención inicial se desvanece a la primera semana, y los universitarios acaban recurriendo a las inmobiliarias, que facilitan la búsqueda según la zona, el precio y el equipamiento que quiera el inquilino.

El 60% de los clientes

«Para nosotros es un mercado muy importante, que puede representar alrededor del 60 por ciento de la clientela -comenta Luis Javier, de Inmobiliaria Fernández-. Vienen sobre todo en los meses de mayo, junio, julio y agosto. También en septiembre algún rezagado, de los que están pendientes de ver si aprueban la selectividad». Una vez sentados frente a un agente inmobiliario, las opciones son múltiples, casi tantas como las diferencias que hay entre el estudiante actual y el de hace diez o quince años. «Las exigencias han cambiado mucho -afirma Luis Javier-. Hace 15 años, la mayoría se conformaba con un piso barato. Ahora, quieren que tenga calefacción, ascensor, que esté céntrico y tenga cerca una parada de autobús para ir al campus». No obstante, el factor de decisión principal suele ser el dinero. Encontrar un piso con una mensualidad ajustada a la economía familiar, céntrico y bien equipado es una cuestión de paciencia y, por supuesto, de suerte. Para allanar el camino, antes existían las asociaciones de estudiantes, que entre sus funciones, incluían la de poner en contacto a los universitarios con propietarios interesados en alquilar un piso. Pero aunque los colectivos permanecen, este servicio ha dejado de existir. «Nosotros -explica Miguel Aparicio, presidente de la Asociación de Jóvenes Estudiantes Extremeños-, lo hacíamos antes, pero tuvimos que dejarlo, porque es un trabajo duro, para el que se necesita mucha gente dispuesta a hacerlo de forma altruista». En esta situación, la única alternativa es la Bolsa de Vivienda de la concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Cáceres. «La pusimos en marcha en julio -explica el concejal Javier Castellano-, para cubrir ese hueco que habían dejado las asociaciones, y el balance es muy positivo». La función de la concejalía no es sino elaborar una base de datos con pisos en alquiler y hacer de intermediaria entre el casero y el inquilino. Además, cuenta con dos alumnos de Arquitectura Técnica en prácticas remuneradas, que visitan cada piso antes de incluirlo en la Bolsa, para comprobar que está en condiciones de ser ocupado. «El perfil tipo -explica Francis, miembro del equipo que gestiona la Bolsa- es el de un grupo de estudiantes, que se conocen del pueblo, y quieren un piso de tres o cuatro dormitorios, barato y céntrico».