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el Periódico de Extremadura, 09/09/01.
OPINIÓN. UN DIA DE EXTREMADURA POR LOS MAS JÓVENES La propuesta planteada por el presidente Rodríguez Ibarra con motivo del Día de Extremadura, que incide directamente en los problemas sociales derivados de los hábitos de los jóvenes en Extremadura, ha provocado reacciones dispares. Por un lado, la reapertura del debate sobre las consecuencias del denominado 'botellón' es interpretada como la práctica invalidación del 'Pacto por la noche' impulsado en esta comunidad autónoma. De otro, y siempre desde una perspectiva política, se acoge la propuesta como un guiño al electorado conservador desde las filas socialistas. Pero más allá del tira y afloja de primera hora, conviene detenerse a analizar la situación que se repite todos los fines de semana en los lugares más céntricos de nuestras principales ciudades, para después, ponderar la propuesta. --Rodríguez Ibarra busca cómplices. Y lo hace, apoyándose en datos, en pro del consenso necesario para resolver un mal instalado en toda la sociedad: la práctica del consumo de alcohol y drogas cada vez a más temprana edad. Para ello, plantea que el debate comience por profesores y padres, principales responsables de la educación de los más pequeños. Este curso escolar a punto de arrancar servirá para el chequeo de las principales preocupaciones de ambos colectivos. Parece un buen inicio. Sin embargo, es también el estamento universitario un foco de especial sensibilidad hacia los problemas de los jóvenes. Es por ello que su participación en el plan resultaría de especial importancia. --Impacto social y legal de gran calado. Al margen de que, una vez resueltos y aunados todos los intereses de las partes implicadas, también los jóvenes, vendrían los posibles condicionantes legales a la puesta en marcha de una hipotética norma autonómica y es necesario preguntarse si la legislación vigente en materia de consumo de alcohol a menores, aplicada correctamente, no serviría de acicate para resolver la situación. --La juventud se mira en un espejo. De nada sirve encogerse de hombros, no reconocer las evidencias por parte de los padres y dar la espalda a una realidad que en ocasiones se vuelve drama. Pero lo cierto es que cierta permisividad, y en determinadas escalas, se ha adueñado de nuestra sociedad, para así contemplar el consumo de alcohol entre los mayores como un hábito no censurable, algo que está a la orden del día. La juventud, desde su más temprana edad, se mira en el único espejo que tienen delante: el de sus padres. Y lo hace para lo bueno y para lo malo. La educación, debemos recordarlo, también es una elección. |
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Hoy La cruzada de Ibarra W. Bush. LA SEMANA POLÍTICA EN EXTREMADURA. MANUELA MARTÍN NO es nueva la preocupación de Rodríguez Ibarra por el consumo de alcohol (y otras drogas legales o no), entre los jóvenes. Desde hace varios años, el presidente de la Junta aprovecha sus numerosas intervenciones en público para mostrar su disgusto ante el fenómeno del 'botellón'. Lo que sí resulta novedosa es la propuesta que hizo en su discurso del Día de Extremadura de legislar sobre el asunto para prohibir el consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes. Quizá porque conoce la complejidad del problema, el presidente extremeño no ha anunciado una 'ley seca' para la juventud, sino que ha pedido que se abra un debate en la sociedad. Lo cual no está mal. Otra cosa es que se llegue a la conclusión de que la mejor manera de reducir el consumo de drogas de todo tipo (incluida la droga social por excelencia, que es el alcohol), es la prohibición. En España no hay experiencias de este tipo que permitan conocer qué resultados produce la mano dura. Y tampoco disponemos de datos fiables de países donde sí existe esa prohibición, como Estados Unidos. En los últimos meses, por ejemplo, hemos asistido a las tribulaciones sufridas por las hijas de George W. Bush al ser pilladas 'in fraganti' consumiendo cerveza. Comoquiera que la edad legal para hacerlo en estados como el de Texas -y según normas promovidas por el propio Bush-, es de 21 años y las gemelas Bush sólo tenían 19, fueron condenadas a pagar diversas multas y a realizar trabajos sociales. ¿Beben menos los jóvenes norteamericanos gracias a la prohibición? No lo sabemos. Lo que sí es seguro es que una ley semejante causaría en España un revuelo monumental. Y está por ver si lograría su objetivo. En España somos expertos en aprobar magníficas leyes bienintencionadas... y en incumplirlas con total impunidad, sin que las autoridades sancionen a los infractores. Aquí nos jactamos de saltarnos los límites de velocidad al volante; de conducir con dos copas de más; de no usar casco para viajar en moto... ¿Alguien se cree que se iba a respetar la prohibición de no consumir alcohol hasta la mayoría de edad? ¿O que los guardias iban a entrar en los bares a pedirle el carné de identidad a los jóvenes para saber si están 'autorizados' a tomarse unos cubatas? ¿Se imaginan siquiera a un policía que denunciase a un hijo de Aznar por beber cerveza, y que además esa denuncia se hiciera pública? Ni en broma. La cruzada antialcohol de Ibarra-W. Bush choca con un estilo de vida, el mediterráneo, y más específicamente el español, que se caracteriza por su anarquía en los comportamientos sociales. Es cierto que estamos importando gustos y modas de los estadounidenses: desde las hamburguesas al inglés, el cine o la ropa. La impopularidad creciente del tabaco sólo se entiende porque los americanos ya decretaron hace años que fumar, además de dañino para la salud, es muy poco glamouroso. Tal vez esté llegando la hora de imitar las leyes restrictivas con el alcohol que rigen en Norteamérica, y lo único que ocurre es que el presidente extremeño es un adelantado de las nuevas tendencias. Hace sólo unos días, los periódicos contaban que George Bush, que fue un bebedor notable en su juventud pero dejó el alcohol a los cuarenta años, lleva su abstinencia hasta el extremo de que incluso en las cenas oficiales brinda con Seven-Up. Seguro que acabamos viendo a Ibarra brindando con gaseosa. Cumplir las leyes Es difícil que el discurso anti-botellón de Rodríguez Ibarra tenga alguna consecuencia práctica. El consumo de alcohol en España está tan extendido y es tan aceptado socialmente -el que no bebe alcohol es considerado un bicho raro-, que ponerle límites resultaría impopular y quizá hasta inútil. Ojalá que antes de aprobar nuevas leyes las autoridades -y la sociedad-, empezaran por exigir que se cumplan las pocas normas que hay: no vender alcohol a menores, no conducir borracho, cerrar los bares a las horas establecidas... Simplemente con ello adelantaríamos una barbaridad. Es decir, avanzaríamos en un camino quizá más lento que la prohibición, pero más seguro, en el consumo responsable: entre los jóvenes, y también entre los adultos, que no se quedan atrás en el abuso del alcohol, aunque cuando se emborrachan metan menos ruido que los adolescentes. |