Muchos padres entienden que es normal que su retoño pase de curso con el menor esfuerzo posible y sin los conocimientos mínimos, tal y como dispone todavía la LOGSE. Obligar a los estudiantes a estudiar va a costar Dios y ayuda, porque ya se sabe que las costumbres se hacen leyes, y quienes se han habituado a no dar «palo al agua» van a continuar dedicando el menor esfuerzo posible al aprendizaje. Igual va a suceder con la disciplina en clase. Los alumnos tienen claro que el profesor se encuentra en su mismo plano de igualdad. Las organizaciones de izquierda y los sindicatos se han encargado de meterles tamaña barbaridad en la cabeza. La izquierda española entiende como derecho a la educación el que a todo bicho viviente se le conceda un título al final de la etapa secundaria obligatoria. Da igual que no se esfuerce lo más mínimo y que sea un indisciplinado de tomo y lomo. Al final, ese monstruo académico también tiene derecho a recibir su título. El Sistema tiene que facilitar el acceso de todos los ciudadanos a la educación y dotarles de los medios necesarios para el aprendizaje; a partir de ahí cada individuo aprenderá lo que quiera o lo que pueda según su capacidad, su interés y su esfuerzo. Y esto último es lo que no entienden; no quieren eliminar de sus nefastos objetivos ese igualitarismo colectivista, mediante el que vale lo mismo alguien con un decidido interés por aprender que alguien que exhibe una desidia galopante. No existe mayor injusticia que dar a todos lo mismo, independientemente de su esfuerzo.
Fuente: ABC, 29/10/02. Opinión - Cartas al Director. Roberto Aparicio Martín. Algete (Madrid).