Docencia e investigación - María Luisa González Martín

Desde el comienzo de este curso y aún en los próximos meses, la universidad está inmersa en el proceso de adaptación de sus estructuras a los requisitos que exige la nueva Ley Orgánica de Universidades, que fue tan criticada y rechazada por todos los estamentos durante su elaboración. Pero no sólo las universidades, también las comunidades autónomas están implicadas en este proceso, ya que según esta ley hay un elevado número de competencias que deben ser reguladas desde las correspondientes consejerías de Educación. Se puede decir que la LOU es lo suficientemente flexible como para permitir que cada sociedad perfile el modelo de universidad que necesita y desea.

La nueva legalidad refuerza el papel de la universidad como centro de investigación, considerando la titulación de doctor como prácticamente inexcusable para gran parte de su profesorado y valorando -y exigiendo como indispensable- la realización de tareas de investigación para las principales figuras de profesorado contratado que crea. Sin embargo, es llamativo que en el texto de esta ley no haya una regulación tan precisa de los aspectos docentes como de los investigadores. En este aspecto da pie a la participación de la sociedad para que pueda aplicar los criterios, que no concreta, que más se adecuen a sus necesidades.

De cara a los estudiantes, la situación actual les permite elegir en qué universidad desean realizar sus estudios, de modo que se va a establecer una competencia real entre universidades para atraer a sus centros a los estudiantes mejor cualificados. Los criterios que los alumnos, y sus familias, utilicen para esta selección pueden ser muy dispares, pero, excepto para aquellos que residan en una ciudad que sea sede universitaria en la que se imparta la titulación deseada, lo más probable será que se decanten por aquella universidad que prepare profesionales de más prestigio y calidad, contrastada en el mercado laboral. Y no cabe duda de que esto depende en gran medida del esfuerzo docente realizado en cada universidad.

Por supuesto que la calidad docente de una universidad no está reñida con su calidad investigadora, pero esta última no asegura necesariamente la primera. Un investigador de excelencia puede no ser un buen enseñante, es más, sus conocimientos en los más recientes avances de su campo de investigación no tienen por qué tener cabida en los contenidos de las materias que imparta, excepto en las enseñanzas de doctorado. Entonces, el alumno que tiene que decidir dónde cursar los estudios que le proporcionarán la capacitación necesaria para su futuro laboral ¿qué elegirá? ¿Preferirá una universidad en la que su profesorado esté especialmente volcado en su investigación o una universidad en la que la docencia sea un factor, al menos, tan importante como la investigación para su profesorado?

Incluso, si está a su alcance, ¿no tratará de matricularse en una universidad privada, en las que la docencia -el aspecto formador- es lo principal? Desde mi punto de vista, las respuestas son obvias. Desde luego, no se trata de menoscabar la profesionalidad del personal que trabaja en las universidades y se dedica a la investigación (¡faltaría más!, yo misma lo soy). El profesorado universitario trata, en la inmensa mayoría de los casos, de atender correctamente sus obligaciones docentes. Pero también su carrera profesional es, y la LOU aún lo refuerza más, altamente competitiva, basada, sobre todo, en los aspectos investigadores: tanto para la contratación de la mayoría del profesorado no numerario como numerario se han venido considerando en la práctica los méritos docentes como secundarios, por no decir que en algunos casos hasta irrelevantes.

El panorama que se perfila en la LOU (aún no ha habido concursos de profesorado siguiendo esta norma estrictamente), refuerza el planteamiento anterior. Y del mismo modo que el alumno decide a qué universidad acudir de acuerdo con sus intereses, un joven profesor que está comenzando su trabajo en la universidad también tiene que decidir. Si para mantener y mejorar su empleo le van a ser valorados casi exclusivamente los méritos que haya conseguido como investigador, ¿a qué aspecto, docente o investigador, de su profesión se dedicará con mayor interés?. Desde mi punto de vista, también la respuesta es obvia. Afortunadamente, la LOU deja cierto margen de maniobra a la hora de fijar los criterios para la contratación de profesorado. Es exigente respecto de la calidad científica de los candidatos, pero permite aquilatar otros aspectos del curriculum a la sociedad, representada por las Universidades y las CC. AA. Da la oportunidad de valorar realmente y con peso los esfuerzos por una mejor docencia. Casi con toda seguridad la calidad docente de una universidad mejoraría, sin necesidad de encuestas ni análisis de puntos fuertes y débiles de interminables informes de Calidad de las Titulaciones Universitarias, si entre los requisitos para acceder a una plaza como profesor universitario se contabilizasen cosas tan simples como la elaboración de apuntes y nuevos materiales docentes, la incorporación de las nuevas tecnologías en el aula, la explotación de los recursos que proporciona Internet para ampliar o dar nuevos enfoques a una materia, etc., o incluso ¡hasta haber dado al menos una hora de clase! También este tipo de méritos deberían ser reconocidos de forma efectiva para los profesores funcionarios, como un aliciente más en su carrera, mediante complementos docentes realmente críticos.

En estos momentos, tanto la universidad, a través de la elaboración de sus Estatutos, como la Junta de Extremadura, redactando la normativa de los aspectos de la LOU que le son propios, tienen la gran oportunidad, que no deberían perder, de introducir aspectos en estos reglamentos que favorezcan la competitividad de la Universidad de Extremadura y la hagan atractiva al alumnado gracias a una alta calidad docente. Perder esta oportunidad sería hacer el juego a las Universidades privadas, para las que la LOU no es tan exigente en sus aspectos científicos y a las que permite un margen de maniobra mucho mayor que a las universidades públicas.

Encabezar una manifestación contra la LOU es sencillo. Pero si eso no era demagogia ahora es el momento de demostrar que se cree realmente en el modelo de Universidad pública, defendiéndola a través de su calidad tanto como centro de investigación como de formación de profesionales que puedan ser reconocidos en el mundo laboral y que sean motor del desarrollo cultural, económico, político y social, tal como se indica en la exposición de motivos de la misma LOU.

Fuente: Hoy 27/06/02 - Artículos - Universidad