Extracto del Discurso del Presidente con motivo del Día de Extremadura

Mérida, 7 de septiembre de 2.001

Excmos. e Ilmos. Sres ., Sras., y Sres.:

 Ahora que se inicia un nuevo curso es el momento de que todos nos impongamos nuevos deberes que permitan a gobernantes, educadores y familias saber qué tipo de normas de comportamiento queremos para convivir de la mejor manera posible.

Soy padre, como muchos miles de extremeños, y nada hay en la vida que me importe tanto como la educación de mi hija, como a miles de extremeños. Pero educar no es vigilar; los padres tenemos la responsabilidad de educar a nuestros hijos, pero no tenemos la de vigilarlos cuando éstos atraviesan la puerta de nuestra casa. Cuando eso ocurre, y ocurre todos los días y, fundamentalmente los fines de semana, los padres tenemos que saber que nuestros hijos van a comportarse de acuerdo con unas normas, aprendidas en casa, y que su seguridad, en la calle, está garantizada.

En estos momentos los gobernantes y la sociedad se encuentran dando palos de ciego, sin saber muy bien qué es lo que la sociedad quiere y cómo quiere que se regule la convivencia. Ha faltado un debate que nos permita enfocar decididamente lo que algunos llaman el problema del botellón y que yo llamo el fenómeno social que enfrenta el derecho al ocio y al descanso, la libertad de empresa con el derecho a la salud, la competencia leal con la desleal, el papel de las familias y los educadores, etc.

El botellón es un fenómeno que afecta a jóvenes que cuentan entre 16 y 24 años de edad. En la gran encuesta que sobre este fenómeno ha hecho la Junta de Extremadura, más del cincuenta por ciento de los participantes en este fenómeno son estudiantes, mientras que un 33% trabaja o bien a tiempo parcial o bien a tiempo completo. Solo un 1% no tiene estudios, de lo que se deduce que son jóvenes con un nivel de instrucción importante los que viven esta fiesta, por encima de la media de la población joven general.

Casi todos los jóvenes que practican el botellón, el 79%, viven en el domicilio familiar, por lo que cuando se sale para ir al botellón y cuando se regresa del mismo, se sale y se regresa al domicilio familiar. Además, solo un 11% de los jóvenes que asisten al botellón son de nivel socioeconómico bajo.

Estas concentraciones masivas, que un número de jóvenes practica, y que ellos han elegido como medio de diversión, les permite una relación con los demás jóvenes que, en principio hay que considerar positiva. Pero de igual forma, la asiduidad de este fenómeno produce los siguientes efectos nocivos: excesivos ruidos que molestan a los vecinos que habitan en viviendas limítrofes; la degradación del medio y equipamiento urbano; la necesidad, en algunos casos, de cambio de residencia de los vecinos afectados; la incorporación al consumo de alcohol y de drogas de chicos y chicas menores de edad.

Permítanme que me detenga en este último problema. En estos meses hemos podido oír por diversos medios de comunicación un anuncio donde una madre se queja de que a su hijo algún amigo le ha echado algo en el refresco, porque está segura de que su hijo no bebe cuando sale de noche. Ese anuncio refleja muy bien el falseamiento que de la realidad hacemos los padres cuando se trata de nuestros hijos. Ya sabemos que el nuestro es el mejor y que son los hijos de los demás los que beben, consumen droga, destrozan el mobiliario, orinan en la calle, etc.

Mi responsabilidad como padre y Presidente de la Junta de Extremadura me obliga a decir que entre los jóvenes que practican asiduamente el botellón, un 1,4% confiesa beber solo cerveza; un 2,8% alcohol de baja graduación; un 4,8% combinados de baja graduación; un 82,5% combinados y cubatas, y un 1,4% alcohol no combinado; solo un 7% son abstemios o bebedores ocasionales.

Destaca, en primer lugar, la baja proporción de abstemios. Bebedores moderados son uno de cada cinco, y el resto, un 72%, pueden catalogarse como bebedores excesivos o con riesgo de alcoholismo. El dato es aún más preocupante cuando leemos que de los menores de 18 años, que acuden al botellón, un 73% consumen "combinados", esto es, güisqui, ron o ginebra con refrescos. Finalmente, el 49,7% consume drogas durante el botellón.
Estos son los datos que reflejan que la generación de jóvenes mejor formada, mejor preparada y más capaz de nuestra historia, tiene un riesgo de frustración individual y colectiva, ante un enemigo, al que no se reconoce como tal, pero que destroza vidas y proyectos personales.

El alcohol es una droga legal y, por lo tanto, su consumo es libre. Prohibimos a los comerciantes que vendan bebidas alcohólicas a menores de 18 años porque hemos acordado que los menores no deben consumir esa droga. Pero la consumen a la vista y con el conocimiento de todos. La Comunidad Autónoma no tiene competencias para modificar el Código Penal por lo que cualquier Ley de la Asamblea destinada a prohibir el consumo de alcohol a los menores está condenada a no cumplirse.

Solo si las familias decidimos atajar este problema podremos encontrar soluciones que completen las distintas normativas que al respecto existen. He dicho hace un momento que los padres tenemos la obligación de educar a nuestros hijos, pero no la responsabilidad de convertirnos en sus vigilantes cuando nuestros hijos salen de nuestras casas. Esa misión corresponde a nuestros representantes políticos y a los instrumentos que poseen para hacerla efectiva y eficaz. Cualquier familia tiene todo el derecho a exigir una eficaz vigilancia que haga posible que nuestros hijos, cuando no están en casa, estén tan protegidos en su seguridad como cuando lo están. Y ese derecho conlleva la obligación de decirle a los responsables políticos qué medidas deberían adoptar, respetando la Constitución y el Estatuto de Autonomía, para que la seguridad de nuestros menores esté garantizada.

Hoy tenemos un instrumento de debate y consulta que debemos utilizar para conocer el grado de compromiso que, los padres, estamos dispuestos a adquirir en colaboración con las Administraciones públicas. Me refiero al sistema educativo. El año pasado utilizamos esta vía para saber qué tipo de jornada escolar se quería para nuestros hijos. No será pedir demasiado si les anuncio que en este curso escolar vamos a utilizar la vía educativa para debatir y preguntar a los padres su opinión sobre las normas de control y vigilancia que los poderes públicos debemos ejercer sobre la protección y la seguridad de nuestros menores.

¿Queremos, de verdad, prohibir el consumo de alcohol y de cualquier otro tipo de drogas por nuestros hijos menores de edad?. Ése será el primer debate que propiciaremos en la escuela y que, sin duda, arrastrará otras discusiones sobre el comportamiento escolar en las aulas, el derecho al descanso, el respeto al mobiliario urbano, etc. Lo que pretendo es buscar la implicación activa de los padres y de las madres, sobre todo teniendo en cuenta que la incorporación de los jóvenes a este fenómeno se produce cada vez a edades más tempranas.
Planteo, también, la posibilidad de lanzar el debate sobre qué papel desempeñan los padres en la sociedad actual, lo que sin duda entronca con una inquietud cada vez más sentida por una amplia mayoría de ciudadanos, esto es, el papel de la familia en el principio de siglo. La cuestión debe ser planteada y debatida sin complejos; es cierto, que para algunos, plantear este debate puede resultar chocante, pero no lo es menos que, en España y en Extremadura, la familia tiene (o debe tener) un papel fundamental como núcleo social que no debe ser desdeñado en un debate como el que propongo.

Extremadura, por su configuración social y poblacional, es un territorio donde todavía se está a tiempo de abordar, con ciertas garantías, este problema que, en otras Comunidades está adquiriendo tintes complicados, hasta el punto de que es cada vez más común observar como son cada vez más los hijos que, día tras día, no es que ya no hablan, es que ni siquiera ven a sus padres.
Si, tras el debate en la escuela, la respuesta es afirmativa a la prohibición de consumir alcohol y cualquier tipo de drogas para los menores, deberemos ser todos conscientes de que para hacer efectiva una norma legal se haría absolutamente necesario lograr un acuerdo entre Administraciones y padres o tutores de dichos menores a la hora de abordar posibles soluciones.

En ese sentido, la Comunidad Autónoma está en condiciones de elaborar una Ley que tenga por objeto prohibir el consumo de cualquier tipo de droga, legal o no, por menores de edad, estableciendo las medidas pactadas que, voluntariamente, desarrollarían los menores, con autorización de los padres, como consecuencia de contravenir lo dispuesto en esa posible Ley. Para ello sería necesario que la Administración correspondiente comunique a los padres o tutores del menor la comprobación fehaciente de que su hijo consume bebidas alcohólicas o cualquier tipo de droga. En dicha comunicación se propondría la realización de un programa en beneficio de la comunidad, por parte del menor, así como las medidas de reinserción cuando se tengan dudas razonables de peligro para la salud del menor. Solo los padres tendríamos la última palabra.

Es posible que la respuesta sea negativa y que los padres no estemos dispuestos a que nuestros hijos se signifiquen como consumidores de alcohol cuando estén prestando un servicio a la comunidad. Si así fuera, es seguro que, en el futuro, el porcentaje de menores consumiendo bebidas alcohólicas en el botellón pase del 73% actual a una cifra aún más preocupante.

Puede ser que al terminar mis palabras o en los próximos días algunos lamenten que quien tiene la responsabilidad de gobernar Extremadura no tenga respuesta para este problema; y llevarán razón. No la tengo. Pero quiero encontrar soluciones y, por eso, recurro a la sociedad, a ustedes; a los que están aquí y a los que nos escuchan desde sus casas.

Estoy empeñado en seguir buscando alternativas; primero, porque nuestros menores no se merecen que les abandonemos. Tarde o temprano nos harán pagar a todos semejante falta de interés y preocupación. Y segundo, por Extremadura. De igual forma que no se entiende que a los agricultores se les conceda ayudas económicas para que se pudra la simiente en el campo, tampoco se comprende que un pueblo intente conseguir aportaciones económicas dejando que se pudra su semilla.

Esta región nuestra no está dotada de importantes recursos económicos. Por poner solo un ejemplo, el del turismo, somos de las poquísimas Comunidades que no tenemos lo que tienen las demás: o costas o nieve para atraer a un buen número de turistas en verano y en invierno. Nosotros solo tenemos, de verdad, la fuerza, la inteligencia y el trabajo de nuestra gente. Y es suficiente para formar una gran región. A la menor oportunidad que hemos tenido, lo hemos demostrado.

Podremos tener buenas carreteras, buena financiación autonómica, una aceptable transferencia sanitaria, un sistema educativo excelente. No seremos nada si nuestra semilla, es decir, nuestros jóvenes se truncan por el camino. Estamos en manos de nuestra juventud; de ellos depende todo. Por eso pido ayuda para que crezcan sanos, fuertes y felices.

Los deberes están puestos para todos; vamos a discutir sobre lo que más queremos: nuestros hijos; el debate empieza el día trece. Espero sus reflexiones, sus propuestas y sus compromisos.

Muchas gracias.