ENTRE EL ANAS Y EL TAGUS
Día tras día, los medios de comunicación nos brindan noticias lamentables que giran en torno al comportamiento simpático y desenfadado de unos grupos (minoritarios por fortuna) de jóvenes que, pobrecillos ellos, saltan a la fama por pedir, ofendiendo a policías y quemando contenedores, unas horitas más para darle el saludable deporte de la beba de cubatitas, wiskitos, cervecitas, deliciosos chupitos de vitamínicos productos nacionales e internacionales tales el vodka, tequila, etcétera. Mozos y mozas mayores y menores de 16 años gustan además de acompañar a esta costumbre, tan habitual y educativa en plenos cascos históricos españoles o en barrios normales, con graciosillas meadas individuales o colectivas o abandono de vasos y botellas, con la bella y ejemplar idea de dar un cierto olorcillo medieval a las las ciudades para deleite de tantos visitantes que peregrinan por miles a estos rincones centenarios patrimonio de la humanidad. Esta juventud tan ejemplar tiene el detalle, además de deleitar con hermosas canciones nocturnas, que llenan de alegría la madrugada y a los tranquilos hogares de cuantos vecinos tienen la fortuna de compartir sus calles con estos estudiantes aplicados o jóvenes sin más, que gozan repartiendo parte de sus partes y sus alegrías con todo lo que le rodea. Ponerse a discutir todavía si son perros o podencos , después de haber tomado hace tiempo ya la decisión de fijar horarios que dejen descansar a los vecinos y controle un poco a los incontrolados, sólo favorece a los que ganan pelas con este negocio y algunos políticos oportunistas que no sirven para mantener el tipo ante un problema que afecta a la salud pública vecinal y a los hígados y corazones de la juventud.