Como era de esperar, la historia se repite. Esto es, cumplimiento estricto del horario de cierre de los locales de ocio nocturno, llegada de estudiantes universitarios a Cáceres, primer fin de semana del curso universitario y, como era de esperar, disturbios en las calles de la ciudad coincidiendo con el momento del cierre de locales. Estas son deducciones sencillas, rápidas y a las que seguramente mucha gente habrá llegado con anterioridad a los acontecimientos. A la hora de hacer un análisis más profundo, éste es más complejo y habrá múltiples interpretaciones para el mismo, seguramente tantas como ciudadanos cacereños.
Aquí va el análisis de un ciudadano cacereño, joven y comprometido asociativamente. En el mismo habrá que buscar las causas, efectos y soluciones.
Llegar a las causas es bastante sencillo. Los jóvenes tienen muy claras la opción de ocio nocturno por la que se decantan, les gusta salir hasta que el cuerpo aguante. En los últimos años han sido muchas las instituciones, asociaciones y particulares que han buscado actividades alternativas para los jóvenes. Los resultados han sido claros, los jóvenes se divierten haciendo 'botellón' y acudiendo posteriormente a los bares para poder seguir con la marcha. Esta forma de diversión debe ser aceptada y acatada por todos, siempre y cuando no interfiera en el descanso merecido de los vecinos. Para ello hay que poner los medios, como se busca con la ley de convivencia que está redactando la Junta de Extremadura. ¿Todos los detenidos han tenido algo que ver con los disturbios?, ¿o eran meros espectadores que no han tenido la suficiente agilidad física, cabezas de turco? Una reflexión hay que hacerse al respecto: el problema de molestia a los vecinos no se genera por el cierre de los bares a determinadas horas, sino porque algún político se ha dedicado a dar licencias de aperturas por doquier, sin pararse a pensar que tal aglomeración de locales en determinados lugares podría ocasionar molestias a los vecinos, ni si los locales cumplen las condiciones de aislamiento acústico. Quizá sea porque el interés del ayuntamiento no sea el de velar por el descanso, sino el de especular, de igual forma que hace urbanísticamente. Seguramente si no se concentraran tal cantidad de locales en algunas zonas, no habría molestias en el vecindario, fuera cual fuera el horario de cierre.
Otro aspecto a analizar, es por qué los jóvenes se manifiestan de la forma que lo hacen por la noche y sin permiso. ¿Por qué no se organizan para manifestarse mediante la petición de los permisos oportunos?, ¿quizá porque el órgano que debe canalizar sus inquietudes, Consejo Local de la Juventud, está paralizado y su única función es hacerle el juego al concejal dando ruedas de prensa con el mismo y dándole la razón en todo, sin aportar y sin reivindicar?. Como se puede intuir con estas líneas, estoy de acuerdo con la ampliación del horario de cierre, como ocurre en comunidades como Andalucía; estoy de acuerdo con poner los medios para que no se produzcan las algaradas callejeras para manifestar las opiniones.
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