|
YOSHIO
UTSUMI
Secretario
general
de
la
Unión
Internacional
de
Telecomunicaciones
La
raza
humana
está
en
proceso
de
alcanzar
uno
de
sus
avances
más
profundos.
La
era
de
la
información
en
que
vivimos
se
basa
en
nuestra
capacidad
de
enviar
información
a
velocidades
cada
vez
mayores
a
través
de
una
enorme
red
interconectada
de
servicios
de
telecomunicaciones.
Aunque
los
desarrollos
tecnológicos
continúan
produciéndose
a
una
velocidad
de
vértigo,
sus
consecuencias
económicas,
políticas,
sociales
y
culturales
se
sentirán
más
sutilmente
con
el
tiempo.
A
medida
que
la
distancia
va
perdiendo
importancia
en
lo
que
respecta
al
coste
de
las
telecomunicaciones,
las
tecnologías
emergentes,
sin
duda,
comenzarán
a
prestar
servicios
que
cambiarán
de
un
modo
fundamental
nuestra
forma
de
actuar.
El
despliegue
de
enormes
redes
de
telecomunicaciones
está
ayudando
a
los
países
más
pobres
a
participar
en
la
economía
mundial
de
una
forma
que
no
era
posible
en
el
pasado.
El
acceso
a la
tecnología
de
las
telecomunicaciones
y de
la
información
debería
permitir
a
estos
países
sacar
el
mayor
provecho
de
sus
considerables
recursos
culturales
e
intelectuales.
Creo
que
en
la
economía
de
la
información
del
siglo XXI,
el
desarrollo
de
una
estrategia
inteligente
y de
una
política
idónea
podrían
ayudar
a
poner
fin
a la
fuga
de
cerebros
que
han
experimentado
muchos
países
en
desarrollo
durante
la
era
industrial.
El
acceso
a
las
telecomunicaciones
ayudará
también
a
repatriar
puestos
de
trabajo
de
alto
valor
añadido
a
dichos
países.
Hay
cada
vez
más
evidencia
que
demuestra
que
las
tecnologías
adecuadas
pueden
contribuir
de
forma
significativa
a
mejorar
el
acceso
a
las
telecomunicaciones
y a
reducir
la
brecha
del
desarrollo.
Pero
la
tecnología,
por
sí
sola,
no
es
la
respuesta.
También
es
esencial
contar
con
un
fuerte
apoyo
y
compromiso
por
parte
del
Gobierno
que
se
refleje
en
políticas
diseñadas
para
despertar
y
fomentar
el
espíritu
empresarial.
La
Unión
Internacional
de
Telecomunicaciones
(UIT)
se
ha
propuesto
resolver
el
problema
de
la
baja
penetración
de
Internet
en
muchos
de
los
países
del
mundo
luchando
en
tres
frentes,
con
el
objetivo
prioritario
de
extender
el
acceso
a
zonas
rurales,
poco
pobladas
o
remotas,
consideradas
como
poco
rentables
cuando
se
dejan
exclusivamente
en
manos
de
las
fuerzas
del
mercado.
En
cuanto
a
los
contratos
y
acuerdos
de
colaboración,
la
UIT
lleva
mucho
tiempo
defendiendo
una
de
las
estrategias
más
fructíferas
para
el
desarrollo
de
redes:
se
trata
de
contratos
que
contemplan
el
reparto
de
beneficios
entre
el
Gobierno
y el
sector
privado.
Esta
estrategia
tiene
la
ventaja
de
que
ofrece
a
los
participantes
del
sector
privado
un
gran
mercado
(a
menudo
virgen)
de
servicios
y
equipos
de
telecomunicaciones,
al
mismo
tiempo
que
permite
a
los
Gobiernos
y
administraciones
dirigir
la
inversión
en
bienes
de
equipo
a la
creación
de
programas
de
desarrollo
de
redes.
La
UIT
también
elabora
informes
que
proporcionan
información
esencial
a
Gobiernos,
reguladores
y
legisladores
para
que
éstos
puedan
a su
vez
formular
políticas
y
tomar
las
decisiones
reguladoras
más
idóneas,
así
como
a
evaluar
la
efectividad
de
las
mismas
una
vez
puestas
en
práctica.
Además,
ayudamos
a
reguladores
y
legisladores
de
regiones
de
todas
partes
del
mundo
a
intercambiar
experiencias.
De
los
189
Estados
miembros
de
la
UIT,
más
del
80%
son
países
en
desarrollo,
en
los
que
residen
5.000
millones
de
seres
humanos.
Sin
embargo,
solamente
una
pequeña
parte
tiene
acceso
a
los
servicios
más
básicos
de
telecomunicaciones.
La
división
de
la
población
humana
entre
los
que
tienen
y
los
que
no
tienen
se
conoce
hoy
como
la
división
digital.
La
UIT
está
desarrollando
un
plan
estratégico
de
cuatro
años
de
duración,
conocido
como
el
Plan
de
Acción
Valleta,
con
el
fin
de
resolver
todos
los
aspectos
básicos
necesarios
para
acabar
con
la
división
digital.
En
segundo
lugar,
los
países
en
desarrollo
necesitan
formar
parte
del
proceso
desde
el
principio.
Teniendo
en
cuenta
las
desigualdades
globales
que
existen
en
términos
de
TIC,
así
como
el
hecho
de
que
todos
somos
conscientes
de
su
potencial
de
desarrollo,
ha
llegado
la
hora
de
elaborar
unidos
una
estrategia
que
acabe
con
la
división
digital.
El
primer
paso
consistirá
en
convocar
una
Cumbre
Mundial
sobre
la
Sociedad
de
la
Información,
que
se
celebrará
en
Ginebra
en
2003
y en
Túnez
en
2005,
bajo
el
patrocinio
de
Kofi
Annan,
secretario
general
de
la
ONU,
y
con
el
liderazgo
de
la
UIT.
Está
claro
que
el
desarrollo
de
una
sociedad
de
la
información
equitativa
no
será
posible
sin
el
acuerdo
y la
cooperación
de
todos
los
afectados
e
interesados.
La
cumbre
proporcionará
una
oportunidad
única
de
debatir
todos
los
temas
importantes,
al
reunir
en
un
mismo
foro
a
jefes
de
Estado,
altos
funcionarios
de
la
ONU
y de
su
red
de
agencias
especializadas,
líderes
de
la
industria,
ONG,
así
como
a
medios
de
comunicación
y
representantes
de
la
sociedad
en
general.
A
pesar
de
las
incertidumbres
de
mercado
que
siguen
existiendo
en
la
industria
de
las
telecomunicaciones,
muchos
países
en
desarrollo
con
un
nivel
de
renta
medio
están
avanzando
en
la
creación
de
redes
de
gran
calidad.
El
reto
al
que
se
enfrentan
la
UIT
y la
comunidad
internacional,
ahora
que
se
va a
celebrar
la
Cumbre
Mundial
sobre
la
Sociedad
de
la
Información,
consiste
en
seguir
proporcionando
pruebas
que
demuestren
cómo
una
reforma
del
sector
y
una
buena
inversión
en
tecnologías
de
la
información
y de
las
telecomunicaciones
pueden
suponer
una
gran
diferencia
a la
hora
de
mejorar
la
calidad
de
vida
de
las
personas
más
pobres
del
mundo.
Creo
que
si
trabajamos
juntos
lograremos
explotar
el
potencial
de
desarrollo
que
ofrecen
las
nuevas
tecnologías,
haciendo
realidad
el
sueño
de
dar
a
todos
una
oportunidad
digital. |