El sector no lucrativo, ¿una nueva ciudadanía solidaria?

anuario el pais 2002

 El escrutinio sistemático y consistente que los investigadores españoles están aplicando al desarrollo del tercer sector está poniendo de relieve una serie de dimensiones hasta ahora desconocidas, bien porque habían sido sometidas a examen, bien porque están emergiendo con una fuerza y en una dirección apenas sospechada
 JOSÉ IGNACIO RUIZ OLABUÉNAGA

El resultado de estas constataciones va llevando a un abandono progresivo de no pocos estereotipos y malentendidos que hasta ahora se daban por sobreentendidos respecto a la naturaleza, la implantación y las características del sector no lucrativo español.

Tres importantes características parecen emerger en el ámbito del voluntariado no lucrativo. La primera de ellas es la sensación cada vez más generalizada de que el solidarismo organizado, en cualquiera de sus variantes institucionales (economía social, ONG de acción social, voluntariado, tercer sector en general), lejos de ser un extraño, un marginal o un inestable ámbito social de referencia, presenta todos los síntomas de constituir un fenómeno social adulto por la solidez de sus estructuras, por la extensión de su implantación social, por la envergadura de sus recursos humanos, lo mismo que económicos. En este sentido, el sector ejerce cada día con más contundencia un influjo sociopolítico que desafía (al mismo tiempo que es presionado a competir con) los mecanismos tradicionales de creación de la opinión pública, de la presión política y de la gestión administrativa de la sociedad española, como pueden serlo los partidos políticos y sindicatos o fuerzas más estructuradas como el Ejército o la jerarquía eclesiástica.

La segunda característica, cada vez más patente, es la de la uniformidad con la que el sector esta asentándose por igual a lo largo y ancho de toda la heterogénea geografía social española. Las publicaciones de las investigaciones referidas a los dos últimos años y llevadas a cabo en Aragón, lo mismo que en Valencia, las vascas igual que las catalanas, las de la capital del Estado o las de las diferentes autonomías, demuestran que el nivel y las condiciones de la ciudadanía solidaria son prácticamente iguales en toda España.

La tercera característica, cada vez más emergente, es la aparición de una presión social, tanto interna por parte de sus componentes, como externa por parte de la opinión pública, que reclama de todo este movimiento un nivel más elevado de legitimidad social y una superación de su actual condición de democracia imperfecta a un estado más coherente de responsabilidad social. A todo el sector se le reclama con insistencia creciente una más limpia y menos críptica transparencia financiera, una gestión administrativa más formalmente profesionalizada, una clarificación del rol que pretende efectuar en la política social de un Estado de bienestar en revisión profunda, una definición de sus relaciones (simpatías, fidelidades, servidumbres) con las corrientes e instituciones ideológicas.

Otras muchas características del sector no lucrativo continúan todavía en penumbra, pero hay algunas que empiezan a imponer revisiones convincentes por el impacto social que ejercen tanto sobre la opinión como sobre la Administración pública. Mencionare sólo dos.

Una, la relativa a la identificación fácil que se hace entre voluntariado o movimiento ONG y ONGD con las generaciones juveniles, como si fuesen éstas las introductoras o las protagonistas principales de este movimiento. Si los análisis llevados a cabo en la comunidad vasca son extrapolables al resto, bien pudiera ser que tengamos que empezar a hablar del “déficit” voluntario de la juventud más bien que del “impulso juvenil” del altruismo solidario. Los datos comparados de Valencia con la comunidad autónoma vasca en 2001 demuestran que el porcentaje de voluntarios en el total de la población valenciana es del 23%, mientras que el de la juventud vasca no sobrepasa el 20%. Es decir, el total de la población valenciana presenta el mismo coeficiente de voluntarismo que la juventud vasca. La coincidencia manifiesta del voluntarismo vasco con el catalán o valenciano en otros estratos de edad no invita a pensar que los jóvenes vascos sean diferentes a los aragoneses o extremeños.

Un segundo fenómeno, intrigante no menos que crucial en la dinámica de la sociedad española, es el de la reconversión laica (tan silenciosa como profunda) del formidable aparato organizativo de la jerarquía católica. Un fenómeno de enorme calado financiero no menos que ideológico y político.