Josefa Mª Caraballo Saavedra es directora general del Instituto de la Mujer de Extremadura (IMEX)
Hoy 'Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres' quiero invitarles a reflexionar sobre un tema muy importante: los malos tratos hacia las mujeres. Seguramente muchos de ustedes pensarán que éste es un tema que no les afecta y que, en cualquier caso, conviene no meter las narices en la casa del vecino, en la vida de los demás. Sin embargo, me pongo a pensar en lo poco que nos cuesta y lo mucho que nos gusta sentarnos delante del televisor y enterarnos de la vida de los demás, y acabo por preguntarme qué clase de amarga contradicción es ésta.
Si les invito a que reflexionen sobre esto que unas veces llamamos malos tratos, otras violencia de género, otras violencia doméstica, etc. (que en definitiva tiene la misma base que no es otra que la denigrante, cobarde e hipócrita actitud de muchos hombres hacia muchas mujeres) es porque es fundamental tomar conciencia de que los malos tratos constituyen un problema de todos y de todas, un problema de salud pública, un problema que está por encima de la pertenencia a un partido o ideología y que afecta directamente a la esencia de la democracia, a la libertad y la justicia social de la que muchas mujeres en Extremadura y en todo el mundo se ven privadas por el hecho de ser mujeres, por arrastrar un sometimiento que no tiene justificación ni biológica, ni ética, ni cultural.
Desde los poderes públicos venimos trabajando para superar todas las barreras que obstaculizan la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres y, aún considerando que vamos por el buen camino (como así indican los logros conseguidos hasta hoy), quizá sea el momento de replantearnos la eficacia de cuantas medidas hemos venido tomando en la lucha para erradicar la violencia contra las mujeres: hemos descubierto las causas de la violencia doméstica, hemos detectado las necesidades de las mujeres víctimas de este tipo de violencia, hemos propuesto cómo debe ser el marco jurídico y legal para castigar a los agresores y hemos puesto en marcha estrategias y planes de acción, estudios, campañas de sensibilización, etcétera. En definitiva, hemos planteado y activado un gran número de medidas conducentes a erradicar los malos tratos. Sin embargo, creemos que es fundamental incidir en dos cuestiones claves: la toma de conciencia social y la aprobación de una Ley Integral contra la violencia hacia las mujeres.
El compromiso de todas y todos para acabar con este grave problema pasa por denunciar cualquier tipo de actitudes que supongan un atentado contra la libertad de las mujeres y muy especialmente esas actitudes violentas que, sólo en España, han supuesto la muerte de más de doscientas mujeres en los últimos tres años. Muertes a las que debemos añadir el dolor de muchas personas, de muchas hijas e hijos y familiares; el dolor que todos deberíamos compartir por solidaridad y por dignidad. Pero además debemos asumir ese necesario compromiso para denunciar, para abandonar la hipocresía que tantas veces se mantiene respecto al tema de los malos tratos.
Una mujer muerta víctima de malos tratos debería hacernos reflexionar, sesenta mujeres muertas en lo que va de año debería hacernos sentir vergüenza. Por otra parte, una Ley Integral que contemple todos los aspectos asistenciales, jurídicos, económicos e incluso culturales, no sólo es necesaria sino también imprescindible. Desde los poderes públicos no podemos demandar a la sociedad que se comprometa en la lucha para erradicar la violencia contra las mujeres si no somos capaces de dotar del adecuado marco legal a quienes directamente tenemos el deber de intervenir en su resolución. En definitiva, desde los ámbitos que nos competan, todos y todas debemos comprometernos en la lucha contra los malos tratos hacia las mujeres.
La violencia contra las mujeres no es una cuestión exclusivamente legal, ni política; es, por encima de todo, una cuestión de dignidad social, de compromiso por hacer de la sociedad democrática en la que vivimos un sistema de convivencia más justo, más libre y más humano.
Fuente: Hoy 25/11/02 TRIBUNA EXTREMEÑA