Javier Casado es vicesecretario General Partido Popular de Extremadura y diputado regional.
La violencia contra las mujeres no es un problema aislado y puntual; es un problema con honda raíces estructurales, por lo que la solución definitiva del mismo requerirá de un esfuerzo continuado de la Sociedad, en su conjunto.
Es la expresión de un orden social basado en la desigualdad, como consecuencia de la asignación de roles diferentes a las mujeres y a los hombres, en función de su sexo, y un reconocimiento distinto y superior para lo masculino. La violencia, manifestación de la desigualdad entre géneros, es, por tanto, la fórmula a la recurren muchos hombres para dominar a las mujeres y mantener sus privilegios, produciendo terribles efectos para las víctimas" (Guía de buenas prácticas para paliar los efectos de la violencia contra las mujeres y conseguir su erradicación, Presidencia de la Unión Europea, España 2002).
En el día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres, que se celebra el 25 de noviembre, cada uno de nosotros debemos asumir que, aun cuando ha aumentado el grado de conocimiento y de sensibilización acerca de la violencia de género, aún estamos en presencia de un tema tabú y sobre cuyas causas no solemos considerar una de las más importantes: la desigual distribución del poder entre mujeres y hombres que existe en la sociedad.
Revela que aún estamos ante un tema tabú el hecho de que tan solo un 31% de los europeos consultados hablan del tema en sus relaciones familiares y solo un 19% lo hace en el entorno familiar; y que la desigual distribución del poder entre las mujeres y hombres no se contempla entre las causas, lo avala que aquellos citan entre las más importantes el alcohol (96%), la toxicomanía (94%), el desempleo (79%), la pobreza y exclusión social (73%) y el hecho de que el agresor haya sido a su vez víctima de la violencia (73%).
La prevención de la violencia contra las mujeres se puede abordar desde muy distintos ámbitos (recursos y servicios sociales para las víctimas, medidas específicas para la rehabilitación de los agresores, medidas legales, judiciales y policiales), pero, sin duda, la paulatina erradicación de esta lacra vendrá de la mano de la sensibilización social y, sobre todo, de la educación.
Los trabajos de la Presidencia Española en la Unión Europea han reconocido el papel clave que, en materia de sensibilización, han jugado las asociaciones de mujeres y ONG para sacar a la luz pública un problema que se venía considerando dentro del ámbito privado.
También se reconoce la función sensibilizadora de los medios de comunicación social, si bien se les pide un esfuerzo adicional en la promoción de imágenes no estereotipadas de hombres y mujeres; que se eliminen los modelos de conducta generadores de violencia que en ellos se presentan; que contribuyan a informar y educar a la población acerca de las causas y efectos de la violencia contra las mujeres y a estimular el debate público sobre el tema. Del impulso de los medios de comunicación da muestra que el grado de conocimiento del problema lo ha adquirido la población, en un 89% a través de la televisión, en un 65% de los casos a través de la prensa y en el 44% a través de la radio.
Como ya hemos apuntado, la educación deviene en pieza clave no solo para la prevención sino, a medio y largo plazo, para la progresiva erradicación de la violencia de género. De ahí que la práctica totalidad de los estados miembros de la Unión Europea hayan adoptado una serie de buenas prácticas educativas, con base en una serie de criterios comunes, entre los que se encuentran: enseñar a construir la igualdad en la práctica, a través de experiencias de colaboración entre chicas y chicos, basadas en el respeto mutuo; incluir la lucha contra el sexismo y la violencia en el currículo escolar, enseñando a detectar y combatir los problemas que conducen al sexismo y a la violencia; modificar modelos y prejuicios sexistas basados en la idea de la inferioridad o superioridad de uno u otro sexo; despertar la conciencia de que la violencia contra las mujeres constituye una violación contra sus derechos humanos; sensibilizar contra los efectos negativos de la violencia en la familia, en el entorno y en la sociedad; enseñar a comunicarse sin violencia; asesorar a las víctimas de la violencia, actuales o potenciales, para que puedan protegerse de las agresiones; y eliminar el acoso y otras formas de violencia de las instituciones educativas.
Prácticamente todos destacan que el aprendizaje de la violencia sólo puede ser cambiado a largo plazo si, no sólo las madres y padres, sino también los educadores, el profesorado e incluso los medios de comunicación proporcionan ejemplos de estrategias libres de violencia para resolver los conflictos en la vida personal y manifiestan, en el trato a las personas, una cultura de la no-violencia.
Todos tenemos una ardua labor por delante, la de concienciarnos de un gravísimo problema y la de despertar las conciencias de todos en la sensibilización y la educación. Tenemos que ser protagonistas en el aprendizaje de la cultura de la no violencia contra las mujeres. Si las agresiones, para nuestra vergüenza, siguen aumentando, todos tendremos que asumir una parte alícuota de responsabilidad.
Fuente: Hoy Tribuna 25/11/02