EL segundo trimestre, según la Encuesta de Población Activa difundida ayer, evolucionó de forma positiva en lo que se refiere a creación de empleo, ya que con los 185.200 contratos se superó el máximo histórico de ocupados elevándolo a 16.240.700.
El paro se redujo en 54.800 personas llevando la tasa de desempleo al 11,09%, dibujando una evolución globalmente positiva del mercado laboral, aunque se siguen detectado problemas endémicos como la consolidación de la temporalidad en los contratos o las mayores dificultades de la mujer a la hora de encontrar un empleo.
La EPA difundida ayer ya se ha elaborado con los cambios metodológicos que incluyen nuevas proyecciones de población; nueva definición del paro, impacto de la inmigración y otros. Sin embargo, las modificaciones metodológicas han sido de tal calado que algunos de sus resultados son de difícil comprensión. No es fácil explicar cómo en un solo trimestre ha podido reducirse en un 21,48% el paro en Asturias o en un 12,12% el de Navarra, cuando tales cifras no vienen justificadas por los incrementos en el número de activos y de ocupados. Evidentemente la nueva definición de “parado”, una persona que durante la semana en que se realiza la encuesta se declara como desempleado dispuesto a buscar activamente un trabajo, facilita la dispersión e incorrección de las respuestas. Es de suponer que el paso del tiempo facilite que en sucesivas EPA puedan corregirse este tipo de anomalías.
Las cifras reflejan tanto la estacionalidad del empleo, buena para la construcción y los servicios, como la tendencia de fondo de crecimiento del paro: en términos intertrimestrales mejora la ocupación (un 0,72%) y el paro (un -2,64%), mientras que en términos interanuales sigue aumentando el paro (un +10,52%).
Por otro lado la EPA confirma que casi todo el nuevo empleo creado en el trimestre (185.200 personas) ha sido ocupado por “inactivos” en busca del primer trabajo (130.400 personas) y no por parados (que se han reducido en 54.800 personas).
Las cifras señalan también que el paro sigue afectando más a las mujeres que a los hombres y que ha aumentado en la agricultura y disminuido en el resto de actividades, acusadamente en los servicios.
Las cifras más positivas de la nueva EPA son las que se refieren a las tasas de crecimiento de la actividad (0,72%) y de ocupación (1,15%), que reflejan un aumento en la población dispuesta a trabajar y de la población empleada que cotiza.