retrato de cierta juventud

FELICIANO CORREA

Hace unos días un niño de 15 años, aprendiz de piloto, cogía una avioneta y la estrellaba contra un edificio del Bank of America, en Tampa, Florida, porque le gustaba -hay gustos que matan- Bin Laden. Ya se ha detenido en Australia a más de veinte niños y adolescentes que han organizado su "Sanjuán" particular y logran la "hazaña" de quemar una extensión hasta ahora mayor que la provincia de Gerona, mientras los habitantes de Sydney respiran una intensa lluvia de cenizas, y mueren millones de árboles y de animales. Veinte mil bomberos y voluntarios no pueden luchar contra los estragos de esta banda de pirómanos. Todas las semanas, jóvenes de Euzkadi destrozan cajeros bancarios, incendian establecimientos públicos o viviendas particulares de concejales no nacionalistas.

Todos los fines de semana -que ya empiezan los jueves- los jóvenes, cada vez más niños, destrozan el mobiliario urbano, queman contenedores -mientras ellos se requeman por dentro con alcohol-, orinándose y cagándose donde les viene en gana o donde les da la gana.

El Alcalde de Madrid ha prohibido acampar a los universitarios en el Paseo de Recoletos, pues pensaban organizar allí paellas y barbacoas, hasta que se retirara el proyecto de ley universitaria.

La autoridad está en crisis y los jóvenes se divierten mucho a costa del presupuesto de todos. Ya no se lleva decirle a un hijo a qué hora debe volver a casa, se le pregunta "¿a qué hora vas a venir, guapo?"

Hay profesores que lo pasan fatal en el aula, mientras crecen las bajas docentes por depresión.

No logro entender el gusto por romper las mamparas que cobijan a los usuarios de autobuses, señales de tráfico... Antaño los jóvenes se divertían; ocasionando, como mucho, vómitos.

La razón psicológica de tal conducta no la sé, pero sí sé que no hay temor alguno a sus consecuencias porque, por regla general, no hay consecuencias.

Los alcaldes no quieren complicaciones y prefieren reponer los desperfectos a emprenderla contra el interfecto. Los padres duermen mientras tanto y a veces la policía municipal mira para otro lado. No es asunto menor el hecho de que no exista una educación en la urbanidad, ni una asignatura sobre la convivencia.

El ritual de la sociedad democrática es capaz de respetar a la persona aunque dañe a la colectividad. Así se deja en la calle a un jefe narcotraficante "porque en la cárcel estaba triste", y no se da permiso para cenar en Nochebuena con su familia al general Galindo, que es un militar de honor.

La televisión llega a influir hasta el extremo y lo mismo se copian las acciones contra monumentos que el modelo Harlem, donde las aulas son lugares de alto riesgo para el profesor.

Si la pedagogía hace fácil el aprendizaje, si el consumo occidental permite el confort, si no hay una educación específica para la convivencia, si los padres viven de día y los hijos de noche, si los jóvenes no anhelan ideales por los que sacrificarse, si los votos condicionan para no hacer lo que sería razonable, si no hay unas maneras que evidencien el respeto de los menores a los mayores, de los alumnos a los maestros, ¿qué puede pasar? Pues eso, lo que está pasando. Si la campaña "Futuro" de la Junta de Extremadura quiere alcanzar sus objetivos con los jóvenes, ha de merecer la ayuda sin timideces y sin paños calientes de toda la sociedad, pues la administración en solitario nada podrá hacer.

Fuente: Hoy 12/01/02