otro mundo es posible. MARGARITA USANO: Presidenta de la Coordinadora de ONGD - España

 Para la Coordinadora Española de ONGD, entidad que aglutina a 101 ONG de desarrollo y 10 coordinadoras autonómicas, 2001 ha sido un año para la reflexión, tanto sobre el papel que han de jugar las ONGD en el siglo XXI, un siglo que nos coloca frente a nuevas realidades complejas y cambiantes a las que no podemos hacer frente con viejas fórmulas e instrumentos del pasado, como también sobre el momento actual de la cooperación internacional en nuestro país, donde se están produciendo cambios radicales que condicionarán el trabajo en solidaridad y cooperación internacional en los próximos años.

En apenas quince años hemos asistido a un importante crecimiento de ONGD. Así, la coordinadora ha pasado de siete a más de cien organizaciones de ámbito estatal y casi trescientas locales. Por otra parte, las ONGD han dejado de ser un movimiento poco conocido y marginal, conquistando un peso cada vez mayor y un respaldo importante de la sociedad civil – las ONGD de la coordinadora suman en la actualidad 1,7 millones de personas que participan como socios o colaboradores, según se trate de asociaciones o fundaciones –, así como un reconocimiento por parte de las administraciones públicas y también de instancias internacionales, desde donde se reclama nuestra presencia. Al mismo tiempo que consolidan su trabajo en la realización de proyectos de desarrollo en el Sur, faceta por la que son más conocidas, crecen las acciones de ayuda humanitaria y de emergencia y, a través de ellas, las ONGD, situadas en distintos focos de conflicto, adquieren mayor visibilidad por su presencia en los medios de comunicación. Paralelamente, las organizaciones de desarrollo inician una línea de trabajo en educación para el desarrollo y sensibilización en España y comienzan a dar sus primeros pasos en el campo de la incidencia política sobre los Gobiernos.

 Poco a poco se comprende imposible un cambio en las condiciones de pobreza que padecen muchos hombres y mujeres en el mundo, y una verdadera transformación en el Sur, sin que ésta también se dé en las sociedades del Norte. Se constata que los flujos de dinero no son la solución para los países empobrecidos si no van acompañados de otras medidas en el orden económico, político, social más justas que las actuales y encaminadas a la erradicación de la pobreza. La solidaridad, más cercana durante muchos años a la idea de la caridad y la compasión, empieza a tomar partido ante la injusticia y los procesos que la reproducen y, desde aquí, las ONGD se incorporan al seguimiento y vigilancia de las políticas de instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, así como de comercio de armas, explotación infantil, transacciones financieras internacionales, patentes, derechos humanos… Es el paso de la protesta a la propuesta.

 Hoy el movimiento de ONGD se muestra como un sector plural, diverso y heterogéneo, complejo y, en ocasiones, contradictorio, como lo es la propia sociedad, de la que es reflejo. Más que nunca, es necesaria una revisión de los valores y principios que siempre han guiado al sector y que constituyen su principal seña de identidad: ser independientes, constituir espacios de participación y estructuras democráticas, colocar la ética como referente principal y reconocer a los pueblos del Sur el derecho a ser protagonistas de su propio desarrollo.

Por otra parte, se hace patente un mayor esfuerzo de coordinación y de alianza estratégica entre todos los actores implicados en cooperación: universidades, sindicatos, ONGD, empresas, partidos políticos y ciudadanas y ciudadanos. No podemos dejar fuera de este balance el papel de la política de cooperación para el desarrollo que está llevando a cabo el Gobierno español, sobre todo cuando existe una gran inquietud sobre la orientación que ha adquirido en el último año. Se advierte cada día más la presencia de intereses comerciales y de promoción cultural, ajenos a los elementos que definen la cooperación para el desarrollo.

También en este año se ha producido un cambio en el sistema de financiación a ONGD que está consolidando una tendencia, iniciada hace unos años, de concentrar los fondos en pocas organizaciones y que ha mostrado la inclinación del Gobierno de castigar en el reparto de recursos a organizaciones que se han mostrado críticas con sus actuaciones. Todos los Gobiernos de la UE, salvo el español, han acogido favorablemente la recomendación de la UE a sus Estados miembros para que dediquen el 0,7% del PNB a ayuda al desarrollo, mientras España hace lo contrario, desde el 0,28% del PNB, que se alcanzó en 1992, hasta el 0,22% del año 2000. Es preocupante también la quiebra del diálogo y consenso con los actores sociales, sean de cooperación, inmigración o medio ambiente. En el nuevo modelo que se quiere imponer, el interés nacional del donante –sea comercial, sea político, sea cultural – se sobrepone a las necesidades del receptor, y la lucha contra la pobreza pierde peso como propósito último de la ayuda, al tiempo que se abren nuevos espacios a las decisiones discrecionales, alejadas de todo criterio técnico. Nuestra calificación sólo puede ser un suspenso a la política de cooperación del Gobierno español.

Es sin duda un momento de crisis, de incertidumbre y cambio que, al mismo tiempo, despliega ante nosotros nuevas oportunidades. Desde la Coordinadora de ONGD seguiremos apostando, como lo hemos hecho en el pasado, por un diálogo permanente con las nuevas realidades y el conjunto de actores sociales del Norte y del Sur, porque creemos que “otro mundo es posible” y que sólo de la suma de esfuerzos lo que hoy parece una falacia puede llegar a ser una realidad: un mundo distinto, radicalmente humano.

Fuente: Anuario El Pais 2002.