el
sector no
lucrativo,
¿una nueva
ciudadanía
solidaria?
JOSÉ
IGNACIO
RUIZ OLABUÉNAGA
El
escrutinio
sistemático
y
consistente
que
los
investigadores
españoles
están
aplicando
al
desarrollo
del
tercer
sector
está
poniendo
de
relieve
dimensiones
hasta
ahora
desconocidas,
bien
porque
no habían
sido
sometidas
a
examen,
bien
porque
están
emergiendo
con
una
fuerza
y en
una
dirección
apenas
sospechada.
El resultado de estas constataciones va llevando a un
abandono progresivo de no pocos estereotipos y malentendidos que hasta
ahora se daban por sobreentendidos respecto a la naturaleza, la
implantación y las características del sector no lucrativo español.
Tres importantes características parecen emerger en el ámbito del
voluntariado no lucrativo.
- La primera es la sensación cada vez más generalizada de que el
solidarismo organizado, en cualquiera de sus variantes institucionales
(economía social, ONG de acción social, voluntariado, tercer sector en
general), lejos de ser un extraño, un marginal o un inestable ámbito
social de referencia, presenta todos los síntomas de constituir un
fenómeno social adulto por la solidez de sus estructuras, por la
extensión de su implantación social, por la envergadura de sus recursos
humanos, lo mismo que económicos. En este sentido, el sector ejerce
cada día con más contundencia un influjo sociopolítico que desafía
(al mismo tiempo que es presionado a competir con) los mecanismos
tradicionales de creación de la opinión pública, de la presión política
y de la gestión administrativa de la sociedad española, como pueden
serlo los partidos políticos y sindicatos o fuerzas más estructuradas
como el Ejército o la jerarquía eclesiástica.
- La segunda característica, cada vez más patente, es la de la
uniformidad con la que el sector esta asentándose por igual a lo
largo y ancho de toda la heterogénea geografía social española. Las
publicaciones de las investigaciones referidas a los dos últimos años y
llevadas a cabo en Aragón, lo mismo que en Valencia, las vascas igual
que las catalanas, las de la capital del Estado o las de las diferentes
autonomías, demuestran que el nivel y las condiciones de la ciudadanía
solidaria son prácticamente iguales en toda España.
- La tercera, cada vez más emergente, es la aparición de una
presión social, tanto interna por parte de sus componentes, como
externa por parte de la opinión pública, que reclama de todo este
movimiento un nivel más elevado de legitimidad social y una superación
de su actual condición de democracia imperfecta a un estado más
coherente de responsabilidad social. A todo el sector se le reclama con
insistencia creciente una más limpia y menos críptica transparencia
financiera, una gestión administrativa más formalmente profesionalizada,
una clarificación del rol que pretende efectuar en la política social de
un Estado de bienestar en revisión profunda, una definición de sus
relaciones (simpatías, fidelidades, servidumbres) con las corrientes e
instituciones ideológicas.
Otras
muchas
características
del
sector
no
lucrativo
continúan
todavía
en
penumbra,
pero
hay
algunas
que
empiezan
a
imponer
revisiones
convincentes
por
el
impacto
social
que
ejercen
tanto
sobre
la
opinión
como
sobre
la
Administración
pública.
Mencionare
sólo
dos.
- Una,
la
relativa
a la
identificación
fácil
que
se
hace
entre
voluntariado
o
movimiento
ONG
y ONGD
con
las
generaciones
juveniles,
como
si
fuesen
éstas
las
introductoras
o
las
protagonistas
principales
de
este
movimiento.
Si
los
análisis
llevados
a
cabo
en
la
comunidad
vasca
son
extrapolables al resto, bien pudiera ser que tengamos que empezar a hablar
del “déficit” voluntario de la juventud más bien que del “impulso
juvenil” del altruismo solidario. Los datos comparados de Valencia con
la comunidad autónoma vasca en 2001 demuestran que el porcentaje de
voluntarios en el total de la población valenciana es del 23%, mientras
que el de la juventud vasca no sobrepasa el 20%. Es decir, el total de
la población valenciana presenta el mismo coeficiente de voluntarismo
que la juventud vasca. La coincidencia manifiesta del voluntarismo vasco
con el catalán o valenciano en otros estratos de edad no invita a pensar
que los jóvenes vascos sean diferentes a los aragoneses o extremeños.
- Un segundo fenómeno, intrigante no menos que crucial en la dinámica
de la sociedad española, es el de la reconversión laica (tan silenciosa
como profunda) del formidable aparato organizativo de la jerarquía
católica. Un fenómeno de enorme calado financiero no menos que
ideológico y político.
Fuente: Anuario el pais 2002 -