Opinión.
S. CAMBERO RIVERO. Sociólogo
Al principio de este verano publicaba en estas paginas el artículo Ese verano del 2002 , en el que abordaba la mezcla de nerviosismo e ilusión que se genera siempre entre los más jóvenes al inicio del periodo estival. Tal situación de ánimo personal y compartida con nuestros correspondientes grupos de amistades joviales, es debido a las expectativas tan positivas y primeras experiencias que podrían o no cumplirse posteriormente, pero que a priori resultaban inquietantes para cualquier joven en estos momentos.
En aquella reflexión en voz alta hacía mención a la acción del voluntariado juvenil durante este tiempo de ocio, para invertirlo de forma positiva a favor de otras personas y grupos sociales que requirieran de nuestra ayuda altruista, en el marco de distintas instituciones y organizaciones sociales.
Y quisiera rememorar con emoción parte de aquellos comentarios en estos días tristes por la reciente tragedia que ha conmocionado a Extremadura, y en especial a Don Benito, ante lo ocurrido en ese fatal accidente de tráfico en el que se vieron envueltos un grupo de jóvenes de esa localidad, quienes tenían previsto convivir educativa y sanamente en contacto con la naturaleza, como alternativa de ocio positiva. Diría que el voluntariado juvenil ha sido llevado hasta sus límites naturales por los dos jóvenes que entregaron su valor más preciado como es la vida, participando con entusiasmo compartido con otros jóvenes que acompañaban en aquella aventura estival truncada. En concreto, quisiera recordar a Agustín, organizador de ésta y otras tantas actividades de ocio infantil-juvenil, junto al resto de sus compañeros monitores en Don Benito, como hombre bueno, joven comprometido y voluntario educativo en su asociación scout y otras entidades, y con el que hemos compartido ideales e ideas de proyectos, como era nuestra pronta ruta europea, de cara a organizar futuros intercambios juveniles internacionales.
Aprovecho esta tribuna para lanzar un mensaje de optimismo a sus familiares y amigos en estos momentos dolorosos, a quienes animaría a seguir adelante haciendo realidad esos proyectos joviales entre las generaciones jóvenes aún por llegar, y así revivir en nuestra memoria colectiva su espíritu de servicio hacia la juventud. También quisiera aprovechar para solicitar a nuestras autoridades competentes --ya sean autonómicas como locales--, que sigan apostando progresivamente por programas de ocio infantil-juvenil durante todo el año, que tantos beneficios sociales reportan como puntos de encuentro para el aprendizaje de la convivencia entre iguales, ya sea en forma de campamentos de naturaleza y urbanos, excursiones y rutas ambientales, dinamización cultural y de barrios, escuelas deportivas, espacios tecnológicos, cursos formativos, etcétera, y que a la larga otorgan un protagonismo debido a buena parte de la ciudadanía más joven, que en ocasiones no es escuchada suficientemente en los foros públicos.
Es más, considero que el sistema educativo extremeño, parido por programadores de la enseñanza, debiera contemplar en su proyecto curricular alguna materia que fomentara la participación del alumnado en espacios que propiciaran un desarrollo social, político, cultural y económico, desde el compromiso activo del voluntariado, como forma de ser ciudadano en un nuevo modelo de sociedad para Extremadura. En este sentido, el asociacionismo juvenil es un instrumento válido que debiera rentabilizarse socialmente, para hacer germinar una mentalidad comunitarista que promueva valores humanos positivos en este segmento de la población. Si me apuran, incluso llevaría este debate al extremo de buscar mecanismos públicos de indemnización social a favor de aquellos que ofrecen su tiempo y conocimientos por el interés general, sin recibir nada a cambio por la propia naturaleza del voluntariado; pero que exige también un reconocimiento por sus méritos cívico-sociales, al igual que sucede con otras dedicaciones y profesiones tan dignas, como el ser voluntario en el campo asistencial, cooperante, solidario, educativo, ecológico, cultural, etcétera. Esperamos algún guiño institucional para seguir haciendo realidad y compartir este estilo de vida, al servicio transformador de éste u otros contextos sociales en los que convivimos. Ello supondrá un revulsivo para reanimar a una sociedad anestesiada y conformista, que necesita del voluntariado para tomar conciencia de su estado sociológico.
Algunos recordaremos este verano con una mezcla de pena por estas pérdidas humanas, y de gloria por el reconocimiento social debido...
Fuente: el Periódico Extremadura, 22/07/02.