Cerrojazo a Extremadura. EDUARDO ALVARADO CORRALES

Los comportamientos más conservadores y que, en el siglo XX y ahora mismo, calificamos claramente como de derechas, han sido a lo largo del tiempo muy similares respecto a Extremadura: no han querido que exista una relación y contacto con el exterior, no les ha importado el aislamiento de Extremadura, ni tampoco el escaso o nulo desarrollo económico de la región, no les ha importado el olvido de nuestros pueblos, ni que fueran otros los que se desarrollaran, aún cuando fuera a costa de regiones y sociedades como la nuestra, que proporcionaba recursos y producciones básicas, así como mano de obra barata.

El 'olvido' de Extremadura por la derecha significaba asignarle y asignarnos una situación de dependencia respecto a otros territorios y sociedades, pero también respecto a otros ámbitos de decisión que estaban fuera de Extremadura.

Si esta situación siempre ha sido sangrante, dolorosa e injusta, aún más lo ha sido cuando permanentemente se ha producido con la connivencia y el beneplácito de algunos extremeños que preferían que todo siguiera igual en Extremadura. Esta situación se rompe claramente cuando en un régimen democrático y de libertades contando con una configuración autonómica del Estado y en el marco del mandato constitucional y Estatutario, permite a los extremeños decidir por sí mismos, desde aquí y sobre Extremadura. Una cuestión que no exime de un imprescindible y necesario ejercicio de solidaridad para tratar de alcanzar la igualdad que por derecho se nos debe y que, de hecho, durante demasiado tiempo se nos sustrajo e, incluso, ahora se sigue haciendo.

La gran apuesta de Extremadura en su andadura democrática ha sido la de su propia región y su gente, la de sus ciudades y sus pueblos. La gran apuesta ha sido trasladar solidariamente ese sentido de justicia e igualdad al conjunto de sus habitantes y de sus núcleos de población. Aquello que exigimos hacia fuera hemos tratado de aplicarlo con claridad y rotundidad en nuestro interior: no hay que cerrar pueblos o alquerías, todos los extremeños tienen los mismos derechos, independientemente del lugar en que vivan, todos somos iguales, se viva en un pueblo o en una ciudad, se haya nacido, o no, en Extremadura. Esa actitud y decisión ha exigido un increíble esfuerzo y ha hecho que en nuestros pueblos aparezcan dotaciones sociales, culturales y educativas, iniciativas comerciales, industriales y turísticas, dotaciones de agua, carreteras y viviendas... todo ello ha hecho latir y hacer que sigan viviendo nuestros pueblos y ciudades por la voluntad y la decisión de los propios extremeños. Una cuestión que se basa en la defensa de la igualdad, para lo que hay que tratar con una discriminación positiva a zonas rurales, colectivos más necesitados, grupos innovadores... ¡exactamente igual que pedimos para Extremadura al Gobierno de España y la UE!

Lo grave es que la derecha española, con la connivencia de la derecha extremeña, mantiene con Extremadura y los extremeños la misma actitud de siempre: hay que mantener vivos pero controlados, hay que dar lo justo y lo imprescindible y, si se puede, se debe tratar igual o incluso peor que a otras Comunidades Autónomas. ¿Cómo podrían entenderse sino unas inversiones, tan reducidas en Extremadura, por el Gobierno Central?, ¿cómo es posible que en cualquier negociación con el Gobierno Central, éste siempre haya tenido de aliados a la derecha extremeña que ha deseado que nos levantemos de la mesa antes de conseguir más recursos para Extremadura?, ¿cómo podrían entenderse si no las negociaciones de Educación, Sanidad, la financiación autonómica o el Plan Hidrológico Nacional...?

Pero la situación puede ser aún más terrible porque se nos quiere tratar 'igual' que otras Comunidades Autónomas muy desarrolladas y que han merecido el apoyo del Gobierno Central (Valencia, Murcia, Cataluña...), de la derecha española y el silencio cómplice de la derecha extremeña.

Pero, claro, después escuchamos insultantes anuncios para los trabajadores agrarios y que aluden a tratar igual a las zonas rurales extremeñas y andaluzas que otros territorios. ¿Cómo es posible que se quiera con el decretazo una 'reconversión agraria' sin atender los costes sociales y económicos que se han asumido en otras reconversiones industriales? ¿Cómo es posible que quieran que Extremadura vuelva a soportar una nueva sangría migratoria como la de los años 60 y 70?

El último escenario ha sido, no ya el olvido ni el trato igual para los desiguales, sino el trato vejatorio que los extremeños, nuestros pueblos y ciudades hemos sufrido con la TV regional. Aquí la derecha se olvidó que donde gobierna tiene televisión, y que donde no gobierna, las ha permitido, ¿por qué no airean que Extremadura es la única Comunidad Autónoma que no tiene TV?, ¿por qué no quieren que veamos las caras de cientos y miles de extremeños?, ¿por qué no quieren que veamos calles, plazas y pueblos?

Hay tan sólo dos posibles explicaciones: la derecha se avergüenza de los extremeños o quiere cerrar Extremadura manteniéndola en el olvido y la oscuridad. Resulta asombroso que en seis años de gobierno popular, la derecha extremeña nunca haya pedido al Gobierno Central inversión alguna para Extremadura. Resulta asombroso que hayan sido capaces de censurar y cerrar -con el apoyo y connivencia de la derecha española en el Gobierno un medio de comunicación y expresión de los extremeños. Resulta asombroso que 108 profesionales se vean en la calle por odio, porque ¿tanto odian a los extremeños?, ¿tanto miedo nos tienen, siendo tan solo 1.100.000 en Extremadura?

Debemos ser tremendamente fuertes y peligrosos para que la derecha extremeña y la española quieran cerrar Extremadura, para que se quieran cerrar pueblos y ciudades y sean inútiles todo el esfuerzo y los recursos invertidos en ellos en las últimas décadas. Nuestra confianza en la capacidad de reacción de los extremeños me hace estar convencido de que se les hará pagar el maltrato a Extremadura.

Fuente: hoy 28/06/02