La mitad de los beneficiarios del antiguo PER viven en pueblos menores de dos mil habitantes
Las grandes emigraciones de los años sesenta y setenta dejaron a Extremadura sin su más valioso tesoros, sin su gente. En esos años, la región perdió casi la mitad de su capital humano. Se fueron, jóvenes y activos, a Madrid y Cataluña, al País Vasco, Frankfurt... En las dos últimas décadas esa emigración exterior se frenó hasta el punto de que los extremeños son actualmente uno de grupos con menor movilidad geográfica.
Pero a pesar del frenazo a la emigración exterior, en los pequeños pueblos extremeños la vida sigue siendo difícil y cada año alrededor de diez mil habitantes dejan la Extremadura rural y se marchan a las ciudades. Ese traslado del campo a la ciudad se viene produciendo desde hace casi una década en nuestra región lenta pero ininterrumpidamente.
Ahora, la desaparición del subsidio agrario puede provocar una quiebra del modelo rural y un éxodo acelerado del campo desde los pequeños pueblo a las mayores Esa es la tesis que viene argumentando la Junta para oponerse a la suspensión del subsidio agrario que en estos momentos perciben 28.700 extremeños. Un pueblo pequeño, con menos de dos mil habitantes, y cuya población se dedica mayoritariamente a la agricultura. Ese es el modelo clásico de municipio que ha venido recibiendo la mayor parte del dinero destinado al subsidio agrario en Extremadura. Según datos de la Consejería de Trabajo, el 47% de los beneficiaros del subsidio agrario viven en pueblos con menos de dos mil habitantes y otra porción muy elevada, el 25%, viven en poblaciones con menos de cinco mil. A medida que aumenta la población, se va reduciendo drásticamente la cifra de personas que cobra este subsidio al que el decretazo del Gobierno puso fecha de caducidad, aunque en estos momentos Gobierno y sindicatos negocian en busca de alguna alternativa.
Si las negociaciones no modifican la situación, esos trabajadores serán los últimos en poder acogerse al subsidio. No podrán entrar nuevos jornaleros en el sistema con lo que el subsidio agrario tiene los días, o los años contados.
Desaparecerá en una década
La consejera de Trabajo Violeta Alejandre decía ayer que en una década el subsidio agrario habrá desaparecido y sus repercusiones se harán notar no sólo entre los trabajadores del campo que dejan de cobrar al quedarse en el paro, sino también en la todas esas pequeñas poblaciones que dejarán de ingresar cada año alrededor de 120 millones de euros. Si al acabar la recogida de la aceituna o de la uva no se pueden cobrar unas semanas del subsidio agrario, la economía de muchas familias del campo notarán las estrecheces y es probable que eso se convierta en el empujón definitivo para que abandonen el pequeño pueblo y se vayan a Mérida, Badajoz, Cáceres...
Fuente: Hoy 15/10/02 - PABLO SÁNCHEZ - MÉRIDA