Según datos del Censo de Población del 2001, la región extremeña cuenta con 1.058.503 habitantes, con una pérdida del 0,3 % en relación con el recuento de 1991 y denota un estancamiento poblacional que se mantiene desde los años setenta. Podría valorarse positivamente, ya que indica la ruptura de la tendencia emigratoria tradicional y estar reflejando la estabilización poblacional que han proporcionado determinadas políticas. Sobran argumentos, empero, para columbrar un panorama demográfico regional bastante menos halagüeño.
Ante tal cúmulo de circunstancias y teniendo en cuenta que el 70% de los municipios extremeños cuentan con una media inferior a los 2.000 habitantes, no sería difícil concluir que existe en el medio rural extremeño riesgo de despoblamiento.
Es más, si a ello se le añaden la progresiva desaparición del subsidio agrario AEPSA, la supresión de subvenciones a la agroindustria, la inminente reforma de la PAC o la reconversión del cultivo tabaquero, parece difícil imaginar la recuperación económica de esos pequeños municipios que, por regla general, viven de una actividad agraria que se practica en un marco estructural de carácter latifundista.
Poco son 331 euros mensuales durante medio año, pero muchos jóvenes y, especialmente, muchas mujeres, han permanecido en sus pueblos gracias a este subsidio. Mal camino llevamos si hasta tan ridícula cantidad parece un precio excesivo por conseguir algo tan importante. Reflexione el lector sobre lo expuesto y saque sus conclusiones.
Fuente: El Periódico, 29/10/02. Antonio Pérez Díaz - Profesor de Geografía de la Uex.