El futuro de nuestros pueblos. Saturnino Corchero

El actual sistema de poblamiento rural de Extremadura es el resultado del declive de una estructura de asentamientos asociada a un modelo productivo agrícola y ganadero tradicional, incompletamente reestructurado, anterior al proceso de modernización agraria.

La obsolescencia de este sistema en relación con las nuevas estructuras productivas; la existencia de recursos y capacidades insuficientemente aprovechados y cuya movilización podría favorecer el ajuste de los sectores primario, secundario y terciario de la economía local a los cambios sociales, culturales y económicos; las rigideces jurídicas y de los sistemas normativos y de reglamentación imperantes, y la falta de encuentro con los nuevos yacimientos de empleo y con las actividades ocasionadas e irrogadas por el surgimiento de las recientes necesidades y demandas, tanto individuales como colectivas de la nueva sociedad, han conducido al declive de innumerables núcleos rurales de nuestra comunidad.

Como circunstancias definitorias de esta situación de declive se encuentran la sangría demográfica del éxodo rural y la emigración de población activa a las ciudades, que ha afectado selectivamente a los estratos de población más jóvenes, ocasionando el envejecimiento de la población rural; una elevada tasa de desempleo y baja tasa de actividad, en particular entre las mujeres, con un aumento del subempleo agrícola.

Asimismo, nuestros pueblos están caracterizados, por una escasa vertebración territorial y unos niveles de infraestructuras bajos, claras insuficiencias en el ámbito de los derechos y servicios sociales como la sanidad, educación, vivienda, medio ambiente, bajo índice de renta per cápita, significados desequilibrios sectoriales y espaciales, importantes carencias dotacionales, lo que incide negativamente en los estándares de bienestar social y calidad de vida de los ciudadanos, y déficits culturales y sociales que se manifiestan, especialmente, en la falta de cultura emprendedora, de una actitud social activa ante el problema del desempleo y de una dinámica de participación y articulación de la sociedad civil.

Realizado, el análisis, la valoración y diagnóstico, opino que nuestros pueblos no tienen la elección sino la necesidad de abordar con rigurosidad y serenidad una reflexión sobre ellos mismos que, con base en la concienciación de los agentes sociales, la participación ciudadana, y la coordinación interadministrativa, aumentando el peso de los entes públicos locales y de la sociedad civil y dentro de un ambiente consensuado, planifique, concrete y ejecute políticas y programas dirigidos a la rentabilización de sus recursos propios que supongan un mayor crecimiento económico y una mejora del bienestar social.

Llegados a este punto, sostengo que no caben milagros ni soluciones improvisadas que puedan cambiar los sistemas de la noche a la mañana; pero aseguro que sí es posible, desde luego, la introducción de factores evolutivos, incluso enérgicos, que pongan en marcha procesos eficaces de transformación de nuestros pueblos. Cabe señalar que no todos los pueblos tienen la misma capacidad de cambio, ni la misma necesidad de reacción, porque no todos se han visto afectados con igual intensidad por los efectos que irroga la situación de declive y porque cada uno dispone de diferentes recursos, medios y potencialidades derivados de sus rasgos singulares. Se trata, por tanto, de abrir paso y bregar por una evolución y desarrollo de los pueblos mediante un amplio conjunto de actuaciones públicas y privadas, de tipología diversa y alcance variado, dirigidas a dinamizar la sociedad, la economía y la actividad y los sectores productivos y empresarial, en la esfera territorial específica de que se trate, favoreciendo una actitud social activa frente al paro, impulsando la cultura emprendedora y la innovación y contribuyendo a generar empleo y renta a través del aprovechamiento de los recursos endógenos, incrementando la capacidad de atracción de recursos exógenos integrables en el territorio, las ventajas comparativas y los empleos de futuro que en cada lugar se detecten. De ser un desarrollo integral, sostenible y sustentable, económico y social, todo ello buscando la interdependencia, las relaciones y las oportunas sinergías entre economía, sociedad, medio ambiente, patrimonio, educación, tecnología y territorio.

Por todo ello se puede afirmar que el desarrollo local es un proceso a corto, medio y largo plazo, de objetivos múltiples y que debe fundamentarse en decisiones y actividades políticas que deben entenderse como respuesta a una percepción inspirada de lo que es el bien común e interés general, pero jamás podrán concebirse como un recurso temporal o como algo que se hace simplemente para que las cosas sigan su curso, suponiendo el abandono de las políticas particulares del quid pro quo y buscando la renovación de los dirigentes políticos locales allí donde los proyectos estén agotados.

En definitiva, sirvan estas líneas para poner de manifiesto que los que hemos vinculado nuestro futuro al ámbito rural, creemos en la recuperación de nuestros pueblos y queremos que nuestras gentes cuenten con todos los servicios, propios de toda sociedad moderna como, trabajo, vivienda, sanidad, educación, deportes, etc., es decir, sencillamente, un futuro mejor. Porque nuestros pueblos, como modalidad de asentamiento poblacional, constitucionalmente reconocido, tienen un sitio y una función insustituibles en la evolución de la sociedad global, representado, además y por excelencia, el espacio idóneo para el desarrollo del ocio creativo, y, conservando una calidad ambiental, y una densidad de relaciones sociales, perdidas en las sociedades urbanizadas.

 Fuente: Hoy 05/04/02