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4. ANÁLISIS DE LOS DATOS DE LAS ENTREVISTAS EN PROFUNDIDAD. PRIMERAS CONCLUSIONES. . La entrevista en profundidad nos sirvió para contrastar nuestra observación-participante y la encuesta formalizada. Hemos agrupado en seis aspectos, toda la información que recogimos de las entrevistas Los resultados fueron: 2 ADQUISICIÓN DEL HÁBITO DE CONSUMO DE ALCOHOL Sus familiares no suelen tomar alcohol de forma habitual, pero se consume cuando se trata de festejar algo (Navidad, Fin de año, cumpleaños,...). A pesar de no estar establecido un consumo familiar, en casa se guardan bebidas, puesto que se considera que es una “buena” norma social ofrecerlas a las visitas. En todo caso aseguran que sus madres consumen bebidas alcohólicas en menor cantidad y en menor número de ocasiones. Aquí se observa una diferencia de comportamiento intergeneracional, ya que entre los jóvenes consumen por igual hombres y mujeres. Por lo general, el alcohol va asociado a la celebración, especialmente el vino y el champán. El consumo de licores, sin embargo, no parece estar estrechamente relacionado con la celebración en el ámbito familiar. Se observan diferencias de género con relación a la edad de comienzo en este hábito, mientras que los chicos se inician a los trece o catorce años, las chicas lo hacen a los diecisiete o dieciocho. De la misma manera se aprecia que las primeras borracheras se producen inmediatamente, aunque no todos han tenido esta experiencia. Consecuentemente la mayoría han experimentado la resaca en alguna ocasión. Otro aspecto es la influencia de los amigos, que consideran que existe pero que no es determinante: “La gente influye, se bebe porque todos beben, si la gente con la que vas no bebe, no bebes y te buscas otros amigos para hacer el botellón”, “Algunos solo beben refresco en el botellón”. 2 CONOCIMIENTOS SOBRE LOS EFECTOS DEL ALCOHOL Consideran que el consumo de alcohol les permite desinhibirse en sus relaciones sociales. Opinan que aunque se puede ir al botellón sin consumir alcohol, no te lo pasas de la misma manera y cuesta mas conectar con la gente: “Sobrio te lo puedes pasar bien pero nunca igual (...) cuando estas con <el peo> te atreves a hacer y decir cosas que no harías sin él”. Son conscientes de que el alcohol es una droga aunque socialmente no esté vista de esta manera. También saben que el alcoholismo es una enfermedad, pero el consumo que ellos realizan no lo consideran como tal. Este conocimiento, acerca de la conceptualización social del alcohólico, puede deberse: bien a su alto nivel de estudios o bien a la presión social que en los últimos años se ha generado en torno a este tema. Todos los entrevistados se han enfrentado a casos puntuales de intoxicación etílica, en estas circunstancias, su comportamiento consiste en ayudar a quien lo sufre para que se le pase el efecto. En el caso de los que viven con sus padres la pauta es permanecer con él para evitar que llegue a casa en esas condiciones: “Cuando alguien está mal por la borrachera se le acompaña hasta que se le pase y eche <la pota>” Pero cuando se trata de un estudiante que no vive con su familia, este comportamiento no se hace necesario y el compañero puede ser llevado directamente a su domicilio. Cuando se trata de un caso extremo de intoxicación no tienen reparos en recurrir a la atención de las instituciones sanitarias. En los casos de alcoholismo que ellos mismos detectan, en algún caso, entre sus conocidos, creen que habría que acudir primero a las amistades y posteriormente a familiares e instituciones para resolver el problema. 2 TIPOS DE CONSUMO y JUSTIFICACIÓN DEL BOTELLÓN Todos los entrevistados son asiduos del botellón, aunque los más mayores y con más recursos económicos se van desligando progresivamente de esta práctica. Todos los entrevistados toman alcohol en el botellón, pero dicen conocer casos de amigos que van al botellón pero no consumen alcohol. Cuando empiezan a iniciarse en el botellón, todos coinciden en que lo que quieren es probar de todo y en consecuencia no existe una elección definida sobre el tipo de bebida que prefieren tomar. Su interés se centra en consumir alcohol para coger “un buen punto”, por lo tanto la elección de los productos que se van a consumir se hace consensualmente. La edad y la experiencia irán configurando los gustos de cada uno posteriormente. Los más jóvenes, en función de la escasez de recursos económicos, están más dispuestos a conservar este tipo de consumo, menos selecto, pero cuando se dispone de más dinero o se reúne un botellón más numeroso buscan la posibilidad de poder elegir la bebida que prefiere toma cada uno, e incluso la marca en el caso del whisky. En el caso de los más mayores, que ya tienen muy definidos sus gustos, la elección del producto y las marcas se establecen por mayorías. Por lo general no han tenido problemas para comprar alcohol a ninguna edad pero, cuando son menores de edad, si intuyen que les pueden poner algún impedimento, recurren a amigos mayores para realizar la compra a través de ellos. Las razones que dan para justificar la práctica del botellón son por una parte de tipo económico: todos coinciden en que es más barato que tomar copas en un bar; y por otra de tipo social: les sirve para relacionarse con sus amigos y con otra gente u otros grupos. En muchas ocasiones convocan botellones especiales, para celebrar cumpleaños, aprobados o algún otro hecho que consideran significativo. Manifiestan que en los bares no pueden mantener una conversación fluida debido al excesivo volumen de la música. Los motivos que todos arguyen para ir al botellón son poder beber y hablar con más gente: “A partir de que estás con gente lo tienes todo”. Al preguntarles cuando dejan de beber, se comprueba que uno de los factores que interviene es la experiencia, las malas experiencias de borracheras y resacas les hacen tomar conciencia de sus límites y como consecuencia van intercalando, cada vez más, alimento sólido o bebida sin alcohol cuando creen que la siguiente copa les puede dar más problemas que satisfacciones. 2 ESTRUCTURA GRUPAL En el botellón de la plaza Mayor de Cáceres se pueden encontrar grupos de chicas o de chicos por separado, pero lo habitual es que tengan carácter mixto ya que generalmente todos prefieren estos botellones que les permiten desarrollar relaciones de aproximación hacia el sexo contrario, en general vienen a decir que: “Cuanta más gente mejor”. No consideran que los grupos del botellón sean cerrados, existe movilidad, pero ésta no es anárquica sino que está determinada por intereses y afinidades: la edad, los temas de conversación, las relaciones con el otro sexo... etc. Esta interpelación se efectúa a través de conocidos, que funcionan como nexos introductorios entre los individuos de uno y otro grupo, en todo caso, parece que las chicas tienden más a permanecer con su propio grupo mientras que a los chicos les gusta más moverse de uno a otro. También se observa más movilidad entre los grupos en los jóvenes de diecisiete a “veintipocos” años que en los más mayores. Una figura de la que algunos hablan es la del gorrón habitual que, cuando es detectado, recibe la reprobación general. En cualquiera de los casos, ninguno de los entrevistados considera que existan “tribus” en el botellón. Para ellos hay personas con diferentes estilos que pueden incluso coincidir en el mismo botellón, por ejemplo hay botellones de curso que integran a gente muy variada. Pero también hablan de la existencia de grupos de <pijos> o <porreros> con los que no se identifican, aunque pueden coincidir sin reparos. En cualquier caso no se ven grupos que respondan a una estética <punki>, <heavy>, <grunch>... etc. Con respecto a la indumentaria, reconocen que se visten en función de los objetivos que persigan en cada momento, ya que se arreglan más si tienen interés por algún <ligue> en particular, al que quieran agradar o dependiendo también del lugar donde vayan a ir después del botellón, su interés se centra en ir acordes con el ambiente para no provocar conflictos que les puedan perjudicar, los mas jóvenes respecto al hecho de llamar la atención dicen lo siguiente: “Si vas haciendo la gamba a todos los sitios te vas a llevar hostias por un tubo... está bien llamar la atención si eso te hace quedar como un señor”. También se preocupan más por su aspecto cuando el botellón coincide con alguna fiesta local; es en estas ocasiones, precisamente, cuando más alcohol se consume. Los grupos suelen colocarse todos los días en el mismo sitio, en función de la edad. Cada uno siente su lugar como propio y se “mosquean” si les invaden lo que ellos consideran su espacio. Conocen a sus vecinos en la mayoría de las ocasiones y no hay problemas para el intercambio de hielo, por ejemplo. Lo habitual es que el botellón finalice cuando la bebida se acaba pero, en el caso de los más mayores, si deciden marcharse antes, regalan la bebida que les sobra. Aunque la secuencia temporal suele oscilar entre las once y media y las tres de la madrugada (que es cuando entra el equipo de limpieza), los más jóvenes son los primeros en comenzar, ya que al tener un límite de hora estricto para volver a casa no se pueden quedar hasta tan tarde, al rededor de la una y media de la madrugada los menores de diecisiete años ya han desaparecido, especialmente las chicas que siguen sujetas a un mayor control por parte de sus padres. 2 BOTELLÓN <VERSUS> ALTERNATIVAS, PADRES E INSTITUCIONES Conocen la existencia de “alternativas” al botellón, pero no las conciben como excluyentes. Son partidarios de hacer otras cosas y de hecho las hacen, pero no por ello renuncian al botellón: quieren convivir con todo, sin renunciar a nada de lo que les gusta. El grupo más joven de los entrevistados nos da a conocer una iniciativa puesta en marcha por un colectivo de jóvenes consistente en organizar juegos de rol, con participación gratuita, por la parte antigua, en un horario paralelo al botellón, en el que, según los entrevistados, no suelen consumir alcohol o a lo sumo toman alguna cerveza, durante las horas que dura esta actividad. Por lo general piensan que sus padres se resignan ante la idea del botellón, aunque no lo vean con buenos ojos. Ellos por su parte entienden la postura de sus padres, puesto que parten de la premisa de que en su juventud no hicieron lo mismo. Además creen que únicamente conocen las consecuencias negativas del botellón (suciedad, borracheras, ruidos, malos olores) que son las que la prensa revela con más asiduidad (ver análisis y documentación sobre la prensa), y para ellos existen otros valores (las relaciones sociales que posibilita y las razones económicas) que sus padres no consideran. Tampoco encuentran que el botellón se asemeje en nada a las posibles actividades que realizan sus padres para divertirse: “Los padres están formados como personas, son más desinhibidos, aunque también les gustará relajarse de vez en cuando... esto solo se hace con nuestra edad”. A las críticas por el hecho de que orinen en la calle ellos responden que se podría solucionar dotando a la zona de tantos servicios higiénicos móviles como papeleras, en la actualidad disponen de un solo servicio público para toda la plaza que según dicen siempre está saturado de gente. La visión que poseen con respecto a las instituciones y su política sobre este tema es muy crítica. Han percibido que tanto a las instituciones como a las asociaciones de vecinos les preocupa más sacar el botellón de la plaza Mayor, por los problemas que se han mencionado, que el botellón en sí o el consumo de alcohol. En definitiva creen que lo que persiguen las instituciones es únicamente un cambio de localización del mismo (se ha sugerido el traslado al ferial), lo que ellos critican, porque esconde cierta hipocresía y además les perjudica pues les obligaría a desplazarse a un lugar más alejado y a utilizar algún medio de transporte para salvar la distancia (a través de una zona sin urbanizar), lo que generaría otros problemas. 2 FACTORES EMPRESARIALES Otro de los colectivos implicados en el botellón son los empresarios de los bares de copas de la zona que pese a manifestar ciertas quejas por la situación, ya que se sienten en alguna medida perjudicados por un consumo que ellos no pueden controlar y que lleva aparejada una mala prensa social para el entorno, salen en alguna medida beneficiados de la celebración del botellón en la plaza, pues son muchos los jóvenes que después del botellón llenan los locales de las inmediaciones para seguir la fiesta bailando. Además también hay mucha gente que acude a la plaza atraída por el ambiente aunque el botellón no sea su objetivo. En los años ochenta, la noche cacereña en la plaza Mayor, se encontraba en plena crisis económica, de los pocos bares que había, algunos cerraban y otros estaban en pleno declive, algunos empresarios ideaban nuevas estrategias para levantar sus negocios intentando atraer a la población estudiantil más joven incluso durante el horario escolar, pero la Madrila se había convertido en el único centro de actividad nocturna de la ciudad. En este contexto surgen los primeros botellones al final de la década de los ochenta y la actividad económica comienza a resurgir en la zona al poder atraer a parte del público a los locales con ofertas baratas de mezclas alcohólicas, las famosas macetas. Todos los establecimientos tradicionales de la zona que no estaban dentro del ramo de la hostelería (librería, zapatería, pastelería, tejidos, farmacia) han ido cerrando sus puertas y han sido transformados en <garitos> de copas donde la música invade todo el espacio. |