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El botellón es, pues, una manifestación social de carácter juvenil que se da en Cáceres en la que chicos y chicas se reúnen, los fines de semana en un espacio público y abierto, con el fin de consumir alcohol a un precio asequible, para así poder desarrollar relaciones sociales múltiples en un ambiente estimulante y desinhibido. Realicemos algunas consideraciones finales: 2 RELACIÓN <FIESTA> <ALCOHOL> La relación que se establece con el alcohol no es la misma para los más jóvenes que para los más mayores. Como en todo aprendizaje, las experiencias novedosas, además de resultar altamente estimulantes, son caóticas y desordenadas y es en este momento cuando se suelen producir mayor número de borracheras y de descontrol en las conductas. Con el tiempo de este caos va surgiendo un orden. Las primeras experiencias van conformando las referencias para posteriores actitudes más maduras y socialmente mejor valoradas ya que demuestran un mayor control de la propia persona así como de las normas de comportamiento social, ambas cosas son valoradas positivamente por los participantes del botellón, y se encuentran integradas en las formas de expresión lúdica y festiva de la diversión semanal. En un sentido general el consumo de alcohol forma parte de la cultura a la que pertenecen y ellos son conscientes de este aspecto, lo viven en su ambiente familiar como algo aceptable al encontrar asociados los elementos "fiesta" y "alcohol" en todo su proceso de enculturación, aunque los alcoholes que se consumen en este contexto no son del mismo tipo que los que ellos consumen en el botellón. Mas adelante en una etapa de socialización, fuera del ambiente familiar, entran en contacto con un consumo alcohólico que se centra en las mezclas (cubatas, kalimocho). Consumo que asumen como propio, diferenciado del de sus padres, pero que no impide mantener la relación primera entre "fiesta" y "alcohol", asociada a la edad adulta. Por otra parte, en el mundo familiar que ellos conocen la <fiesta> es algo excepcional en el ciclo anual de los adultos mientras que para ellos, al estar asociada a las relaciones sociales (no olvidemos que a estas edades la necesidad de interacción/integración social es el principio motivador principal), se convierte en una necesidad más perentoria, por lo tanto <festejan> con mayor asiduidad que sus mayores. De la misma forma que se inician en el consumo de alcohol con una actitud compulsiva, queriendo probar de todo, para conocerlo y experimentarlo, en las relaciones sociales parezca que ocurra otro tanto, es la cantidad lo que les motiva inicialmente para después ir seleccionando las relaciones en función de sus intereses personales. Así una pauta que puede ser percibida desde el exterior como un rito de rebelión, por los numerosos trastornos que causa a otra parte de la sociedad (y desde un punto de vista sanitario a ellos mismos), es en realidad, contemplada desde dentro, un ritual que les ayuda en su proceso de integración social y que se enmarca dentro de una serie de dualidades: Días de diario versus Fin de semana Estudiar/trabajar versus Divertirse No beber alcohol versus Beber alcohol
2 LA ECONOMÍA Y LA CIUDAD COMO CONFIGURADORES Otro factor que es determinante a la hora de comprender la forma que ha tomado esta modalidad de <fiesta> es el aspecto económico. El alcohol es un producto que, en pocos años, en nuestro país, ha aumentado considerablemente de precio. Los jóvenes persiguen este consumo porque les hace sentir más hábiles socialmente, pero sus economías no les permiten hacerlo en la cantidad o en la calidad que ellos consideran suficiente, por tanto, acudiendo a una estrategia racional que impulsa y posibilita el propio sistema de mercado de la sociedad en la que viven, adquieren los productos de la manera más económica posible para después, haciendo expresa la idea que subyace en la <civitas> ocupar los espacios públicos que, como ciudadanos, consideran propios. Por lo tanto el alcohol es utilizado porque facilita las relaciones sociales tanto desde un punto de vista anímico como desde un punto de vista sociológico. El encuentro es deseado y festejado y el lugar de encuentro por excelencia, cuando se trata de abarcar un amplio abanico de posibilidades, es el espacio público. De la misma forma que se prueban todas las bebidas hasta ir estableciendo el gusto por alguna de ellas, se prueban diferentes amistades, diferentes grupos. Aunque se parta de un grupo de pertenencia, grupo identitario, que se instituye como referencia y vehicula la posibilidad de estar allí, en el sitio adecuado y suficientemente identificado, también este grupo actúa como plataforma de lanzamiento para otros encuentros, otras experiencias que más adelante, tal vez, den lugar a relaciones individuales más definidas y comprometidas. Por otra parte sus conductas económicas han ido creando una demanda que ha hecho surgir un nuevo tipo de negocio que antes no existía en la ciudad. Al principio los participantes en el botellón adquirían los productos que consumían en los supermercados de la localidad, excepto el hielo que se adquiría en las gasolineras, por tanto se avituallaban durante el horario de venta que estos tenían establecido, o sea unas horas antes de la celebración, eligiendo entre aquellos los que ofrecían los precios más económicos. En la actualidad esta demanda ha creado su propia oferta, haciendo surgir en las inmediaciones de la plaza tres o cuatro establecimientos que ofrecen todos los recursos necesarios para celebrar el botellón sin tener que hacer grandes desplazamientos. 2 CULTURA, CONTRACULTURA O SUBCULTURA El consumo social de alcohol forma parte de las costumbres de la cultura española pero consideramos que la forma de consumo que se ha establecido en el botellón es más bien una de esas “nuevas” formas que tiene la juventud de establecer una relación grupal. Podríamos decir que “beber” es el espacio común del grupo. Es una actividad repetitiva y cíclica de una “panda” que semana tras semana realiza el botellón. Se establece con el alcohol una relación exterior, subjetiva y compulsiva. Seguramente cuando comiencen a entrar en la década de los treinta años, su relación con la bebida se vuelva mucho más objetiva, reflexiva e interior. Los adolescentes y los jóvenes tienden a adoptar los patrones de conducta de los adultos incluso dentro de una manifestación lúdica de este tipo. Esta imitación está reforzada por el contexto familiar donde se suele beber alcohol y por la publicidad que ha asociado el alcohol con el éxito personal, la madurez, la diversión y la conquista sexual. Los participantes en el botellón no pretenden cambiar ninguna pauta de la sociedad en la que viven sino solo adaptarlas a sus circunstancias particulares, por tanto tampoco podemos hablar del botellón como una manifestación contracultural, aunque algunos de los comportamientos que conlleva, como orinar en la calle, lo puedan parecer. En la actualidad, por tanto, contemplamos este fenómeno más como una subcultura que ayuda a integrar los comportamientos sociales de los jóvenes en contextos más amplios, que como un fenómeno cultural en sí mismo. Algunos de sus participantes, sin embargo, lo califican como una moda, pero si tenemos en cuenta los aspectos funcionales que conlleva esta actividad, nos sentimos inclinados a pensar que es más que un acto fútil motivado por un gusto pasajero. En todo caso su permanencia dentro de los usos y costumbres de los jóvenes estará estrechamente relacionada con la cultura de consumo de la sociedad en su conjunto, con sus recursos económicos y con la estructura económica que la misma actividad ha contribuido a crear. Posiblemente, en la medida que el botellón encuentre un equilibrio entre la satisfacción de las necesidades de los participantes, los intereses económicos que ha despertado y la solución de los problemas de carácter público que está generando, el botellón permanecerá, y tal vez se instituya como un signo de la cultura juvenil urbana cacereña a caballo entre uno y otro siglo. |