i. justificación. 

            Hacia finales de los 80 y principios de los 90 se observa en los adolescentes unos hábitos de consumo alcohólico en progresiva expansión, de tal manera que se ha convertido, en los umbrales del año 2000, en “unas conductas naturales” dentro de un contexto cultural preciso, que obviamente, también ha cambiado con relación a los años 80. 

            Hasta tal punto el consumo del alcohol, o las conductas derivadas de él, son socialmente perceptibles que actualmente se habla de una “cultura" de la litrona o de una “cultura" del botellón. 

            El consumo de bebidas alcohólicas forma parte de los usos y costumbres profundamente arraigados en nuestro medio social. Hasta tal punto se produce esta incardinación que el hecho de beber es considerado normal y aceptado por todos. No resulta extraño, en consecuencia, que nuestro país ostente uno de los primeros puestos en porcentaje de adictos al alcohol. Los establecimientos que dispensan bebidas alcohólicas se encuentran a cada paso, y constituyen un lugar de encuentro y socialización para jóvenes y adultos, para hombres y mujeres. 

            El espectáculo del consumo masivo y callejero de alcohol los fines de semana (práctica que también se da en Cáceres), es un fenómeno que ha producido, por primera vez en la historia de España, una cierta sensibilización de la opinión pública con relación al alcohol. 

            Por estos motivos, hemos creído oportuno profundizar en la realidad del botellón en Cáceres, ir más allá de lo meramente formal, de lo que se ve, e intentar reflexionar sobre lo que subyace, en lo que se ha convertido ya en un "hábito cultural". 

            Le hemos asignado a nuestro estudio etnográfico un título tal vez demasiado pretencioso, de ahí que nuestro cometido haya sido desde el principio averiguar, en la medida de lo posible, si estábamos ante una "cultura", una "subcultura" o una "contracultura", o simplemente en una moda pasajera.