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Dos
características de la vida americana contemporánea
pueden parecer -a simple vista- totalmente
desconectadas; pero, en un análisis más profundo, se
revelan como exponentes del mismo, preocupante patrón.
Una
de ellas es la disposición demasiado
"confianzuda" en las relaciones humanas, una
forma de tratar al prójimo que afecta a nuestros hijos
y socava nuestros esfuerzos más esmerados para
educarlos. Aunque se manifiesta en lo que parecen ser
incidentes irritantes pero aislados en la vida de los
chicos, esta actitud está siendo percibida ya como un
mal endémico.
La
segunda característica es expresada por una estrategia
de cambio tecnológico, notoria en nuestra cambiante
"nueva economía". Celebrada como una
maravillosa receta para obtener prosperidad, esta
estrategia tiene sus raíces en una orientación general
hacia un mundo que, en su aspecto más amplio, propone
un camino dudoso para el desarrollo social.
Perfeccionamiento del Ataque Verbal
Como
introducción al tema, sería deseable recordar el
amargo dolor que éste produce en la vida de muchos niños.
Todos sabemos muy bien que la burla, los dichos sarcásticos
y el atropello y las intimidaciones siempre han sido un
problema en la infancia y adolescencia. La mayoría de
nosotros se ha topado alguna vez con tales maldades en
una forma u otra; es algo a lo cual los jóvenes siempre
han tenido que acostumbrarse, sobrellevar y,
eventualmente, dejar atrás como parte del crecimiento.
Pero en las dos últimas décadas los comportamientos
que antes se descartaban como fastidiosos pero inocuos,
han sufrido una profunda transformación. El burlarse de
alguien en público haciéndolo sentirse mal consigo
mismo, ya sea por su físico o sus sentimientos, se ha
intensificado y convertido en un arte refinado,
respaldado por fuerzas poderosas en nuestra cultura.
Los
maestros, tanto de escuelas públicas como privadas, se
quejan de que la atmósfera de negatividad en las
subculturas estudiantiles, lejos de ser una molestia
menor, se ha transformado en una de las barreras más sólidas
que impiden enseñar y aprender, con la cual se
enfrentan cada día, llenando gran parte del espacio
social en corredores y aulas. Nadie parece saber qué
hacer al respecto. Cuando yo le sugerí a mi esposa, que
es consejera en una escuela privada, que tratáramos el
problema por lo menos con los varones y padres entre
nuestro círculo de amigos más cercanos -haciendo
reuniones para discutir una política de no a las
burlas- ella dijo que no funcionaría, que "los
chicos no se manejan así". Tal vez tenga razón.
Pero ¿qué otras soluciones hay? Me da la impresión de
que no hay respuestas.
Está
claro que los chicos se toman el trabajo de separar,
agrupar y categorizar: quién es un "cheto",
quién es un "traga", quién un "stone",
quién un "ñoño"(1), quién se ubica dónde
en la fila de candidatos a cargadas y atropellos.
Generaciones de adolescentes, incluidos los míos (hace
décadas), han jugado a este juego, a veces con
resultados terribles. Pero de algún modo, la
persistencia, intensidad y simple crueldad del proceso
que vemos hoy va mucho más lejos. Sabemos que Dylan
Klebold y Eric Harris, los asesinos de la escuela
Columbine High School, en Colorado, consideraban que lo
que ellos hicieron fue responder a los compañeros que
los habían atormentado constantemente. No hay excusa
-de más está decir- para sus actos criminales. Pero lo
que me sorprende es cuán frecuentemente escucho a
chicos a los que conozco defender firmemente a Klebold y
Harris con expresiones muy cercanas a la admiración.
"Sí, claro, yo sé de dónde venían",
comentan sin una pizca de ironía, "yo también
tengo que soportar eso."
Deportes, Política, Medios
El
nombre que yo le daría al mal que aqueja a los jóvenes
es "falta de respeto agresiva". En el
argot juvenil (norteamericano), la palabra usada es "dissing"
(2), una actitud que nuestra sociedad exhibe
abiertamente. Está presente en películas, audiciones
de televisión, entrevistas por la radio, deportes,
periodismo y política. En programas humorísticos y
comedias de media hora, el recurso de humor predominante
es la degradación de un personaje seguida de una
explosión de risa enlatada: insulto - risa prefabricada
- avergonzamiento en público - risa prefabricada -
comentario personal incisivo - risa prefabricada.
También
es común en los deportes, donde el lenguaje soez y la
falta de respeto al otro ("dissing")
hoy en día forman parte de los rituales esenciales del
juego. De igual manera, los encontramos corrientemente
en el ataque personal al adversario en las campañas
electorales, un estilo de propaganda que permite a los
candidatos de ambos partidos eludir la discusión de
temas importantes y criticar inútilmente la
"personalidad" de su oponente. En episodios
como el juicio político a Clinton y la debacle de la
elección en Florida, las expresiones de desprecio por
el adversario se han hecho tan parte de nuestra forma de
hablar que, muchas veces, parece que no queda nada con
contenido.
En
películas y televisión, por supuesto, la incesante
descarga de abuso verbal está ligada a exhibiciones de
violencia física, donde se llega a la catarsis
disparando a los enemigos, golpeándolos o haciéndolos
volar por el aire en una explosión. Lo mismo sucede en
los juegos de video -Quake, Doom, Half Life y muchos
otros- donde los jugadores participan de escenas con
sangre simulada. La antigua esperanza de que los juegos
de video estimularan a los niños a participar en
actividades educativas más positivas y enriquecedoras sólo
han pasado a ser una fantasía ridícula. Todos los
juegos más populares involucran a los participantes en
interminables episodios de mutilación y matanzas.
En
todos los medios electrónicos a su alcance, nuestros
hijos reciben una dieta fija de desprecio social
amparado en fuertes modelos que alientan la falta de
respeto agresiva, una falta de respeto que toma a la
violencia como su fin lógico. Cada vez más, esta
manera de ser es lo que se espera de los jóvenes, lo
que en nuestra sociedad se llama "cool".
Esta nueva acepción de la palabra "cool"
nada tiene que ver con aquella que en los años 1950 era
usada por los beatniks para expresar una especie de
separación existencial, un mirar desde afuera, con
implicaciones de la filosofía Zen. El "cool"
de hoy es simplemente el punto de encuentro del
nihilismo irreflexivo y la moda shopping.
A
lo que quiero llegar no es que la televisión, los
juegos de video y otras formas de medios masivos
"causan" los tipos de violencia que germinan
tan frecuentemente en los colegios (norte)americanos. Es
siempre difícil separar en forma precisa las causas
específicas del salvajismo de entre las diversas
influencias que moldean el comportamiento de los
individuos. Lo que yo quisiera resaltar son algunas
condiciones de antecedentes y ambiente terriblemente
tristes que dan forma a las experiencias y expectativas
de la niñez en nuestra época. Hoy en día, en formas
que nuestra nación rehúsa afrontar, las fuentes
diarias de tormento socavan las perspectivas de un
sentido saludable del individuo, coartando la
posibilidad de que un joven sea un ser social activo y
positivo. Luchando contra la cultura del desprecio, los
varones (y también muchas niñas), aprenden a "ser
fuertes" internalizando una visión muy lúgubre de
las posibilidades de la vida.
Destruir para crear
La
falta de respeto agresiva también es notoria en lo que
aparenta ser un aspecto de cuestiones humanas totalmente
distinto. Me refiero al área de los negocios y la
tecnología, un área considerada de viva iniciativa,
innovación y productividad; supuestamente, el camino
hacia un futuro más próspero. Aquí encontramos la unión
entre capital y técnica engendrando infinidad de
proyectos que -eventualmente- alterarán el modo de
vivir y pensar de la gente.
El
enfoque económico que comúnmente se toma en este campo
es hoy lo que el economista Joseph Schumpter llamó hace
tiempo "creación destructiva". En su
interpretación actual, esto significa que se comienza
por localizar una entidad con algún valor reconocido
formando parte de ella (generalmente, un valor que ha
sido parte del marco social durante mucho tiempo). El
desafío consiste en crear una alternativa, un reemplazo
efectivo puesto en un medio nuevo, especialmente el dinámico
medio de las comunicaciones digitales.
Esta
estrategia presenta oportunidades para una
recapitalización y reorganización rápidas en cada
aspecto de la vida económica. Se capturan mercados y se
logran ganancias mientras que los bits y el dinero
fluyen en nuevas direcciones a la velocidad de la luz.
En este proceso, cada institución, práctica, relación,
artefacto y entidad natural están sujetos a renovación
y/o reemplazo. El hecho de que un objeto, actividad o
institución haya sido exitoso durante décadas y
encarne valores profundos es suficiente motivo para señalarlo
como candidato a la liquidación. En el mercado global,
si una entidad no puede competir con las alternativas
alineadas contra ella, está condenada a la extinción.
Un
ejemplo de lo que yo llamo falta de respeto agresiva se
exhibe en el libro de Daniel Burrus, "Technotrends"
(Tecnotendencias). Burrus dice que si una línea de
trabajo se convierte en lo que él llama una "vaca
productora de efectivo" ("cash cow"), es
decir, una fuente confiable de ingresos, se debe innovar
buscando maneras de reemplazarla con tecnología más
moderna. "Mate a su vaca productora de efectivo
o algún otro lo hará", aconseja Burrus. Según
esta teoría, por ejemplo, los mejores maestros deberían
dejar la enseñanza para dedicarse al software
educativo, ya que hacia ahí se mueven las
tecnotendencias. La receta: liquidar todas las fuentes
de valor, desarmar, destruir y recapitalizar.
Un
enfoque de este tipo es moneda corriente en el reino de
Silicon Valley, Seattle, como así en otros centros de
alta tecnología. Sugerir que un organismo, artefacto o
institución debe ser reconocido por lo
que es, respetado o aún apreciado por el bien que hace,
va totalmente en contra de esta mentalidad.
Herramientas, tradiciones y genomas biológicos
completos están siendo estudiados cuidadosamente,
buscando distintos modos de alterarlos o reemplazarlos
por otros que den mejores prospectos de ganancias.
Pedir
respeto por cualquier persona, práctica o institución
es problemático ya que, como todos sabemos, el respeto
es algo que se debe ganar. Pero si vivimos en una
cultura que se regodea en la falta de respeto por
cualquier cosa y por todo, entonces los momentos en los
que podemos enseñar cómo las cosas adquieren valor
duradero son realmente escasos. Aún la antigua sensación
de que prevalecía un resto acumulado de cambio científico,
técnico y social, que muy bien podía llamarse
"progreso", ya no es más tema de interés. Sólo
aquellos cambios que prometen ventas rápidas y
reemplazo rápido de stock son dignos de consideración.
Es por eso que, hoy en día, tanta gente prefiere los términos
"innovación" y "destrucción
creativa" a la ya pasada de moda categoría de
"progreso".
Las
teorías científicas y la tecnología predominantes en
la academia tienden a ratificar proyectos de destrucción
creativa. Hoy se prefiere creer que todas las cosas en
la naturaleza y en la sociedad se pueden considerar como
entes recombinantes, "híbridos" de un tipo u
otro. Los humanos, por ejemplo, prácticamente han
desaparecido de la especulación cultural y política,
reemplazados por "cyborgs," híbridos con
partes biológicas y artificiales. Los animales
clonados, las especies re-ingenierizadas y mecanismos
robóticos pueden ser identificados como
"monstruos", pero muchos autores los acogen
considerándolos compañeros bienvenidos al reino de las
"posibilidades que se presentan", que también
nos incluye a nosotros. Antes que averiguar si las
criaturas, ecosistemas, prácticas sociales e
instituciones existentes poseen una integridad que los
hacen valiosos, todas estas entidades se echan dentro de
la procesadora de la de-construcción. Desde mi punto de
vista, las visiones de este tipo son las compañeras
perfectas de las prácticas corrosivas del capitalismo
de alta tecnología, ignorando las posturas
izquierdistas de los intelectuales que están haciendo
bocetos de las grandiosas narrativas modernas.
¿Qué esperanzas de cambio?
Las
variedades de falta de respeto agresiva que he descrito están claramente conectadas. Por ejemplo, si se
quisiera una sociedad en la cual los estudiantes dejaran
el colegio altamente insatisfechos e irrespetuosos de la
sociedad y la naturaleza, listos para lanzar cambios sólo
por el cambio mismo, entonces los colegios que tenemos
sirven bien a ese propósito, ya que operan como
laboratorios de irrespetuosidad, preparando el terreno
para la innovación permanente sin ningún otro propósito
humano.
Los
alumnos egresan de las escuelas preparados con una
mentalidad de empresa de alta tecnología. Esta
mentalidad está constantemente fomentada por los
tentadores -y muchas veces engañosos- productos de
nuestra economía de consumo. Salen convencidos de que
todo lo que existe es simplemente una oportunidad para
la innovación y la reconfiguración rentable. Libros,
bibliotecas, librerías, editores: tírelos y comience
de cero. Maestros, aulas, materiales de enseñanza
convencionales: descártelos y empiece de nuevo con
artilugios on-line.
Esta
es la receta para el cambio: identificar cualquier
vocación o profesión; buscar la manera de volver a
codificar su mensaje; llevarla al mercado; cobrar sus
opciones bursátiles y seguir adelante con la siguiente
gran oportunidad. Esto también se aplica perfectamente
a los objetos en la naturaleza. Tomemos el genoma de una
mosca de la fruta (o lo que se nos dice es su pariente
cercano, el ser humano). Descifremos su mapa genético y
preparémonos para batir y agitar. Mezclemos los genes
de plantas con los de animales desprevenidos. ¡No
dudemos! Veamos si podemos hacer que la planta de tabaco
brille en la oscuridad.
Entre
los ingenieros y profesionales técnicos ha habido,
desde hace mucho tiempo, una fervorosa discusión acerca
de la ética que debería guiar la conducta profesional.
Durante muchas décadas, una gran variedad de principios
morales y argumentos nos han llevado a reflexionar sobre
este asunto. Pero, me parece, se difunde cada vez más
una ética de facto guiando las inclinaciones de mucha
gente en cuanto a qué hacer en materia de cambio tecnológico.
Es la ética del "y bueno, ¿por qué no?"
Es
con gran pesar que recuerdo los sufrimientos silenciosos
que he presenciado entre los jóvenes atacados por la
cultura de la falta de respeto y que son presionados
para unirse a ella. ¿Qué se puede hacer para
ayudarlos? ¿Qué los puede proteger de los modelos que
se les imponen cuando la gente, las cosas y las ideas
son despreciadas, destruidas y descartadas? ¿Qué los
puede alejar del trabajo de irrespetuosidad insensible
que les espera en una voraz economía corporativista
hiperconectada e hiperventilada, como la que tenemos hoy
en día?
Yo
no lo sé. Pero al considerar los torrentes de
irrespetuosidad que he visto ahogar la chispa de la
infancia en los tiempos que corren, recuerdo una carta
que el famoso escritor Henry James recibió de un
sobrino pidiéndole consejo acerca de cómo triunfar.
James le respondió al joven con unas pequeñas frases
muy sabias:
"Tres
cosas en la vida humana son importantes: la
primera es ser amable, la segunda
es ser amable y la tercera es ser amable".
Yo
me pregunto: en un período histórico diabólicamente
empeñado en favorecer otros intereses, ¿cómo pueden
enseñarse las virtudes de amabilidad y respeto por los
humanos y otros seres?
NOTAS DE LA TRADUCTORA:
(1) Las palabras cheto, traga, stone, ñoño, son una
forma de lunfardo rioplatense usado por los chicos hoy,
términos equivalentes, (aunque no sinónimos) de los
norteamericanos jock , prep, nerd y goth, que usa el
autor.
(2) dissing viene de dis-respect,
donde el prefijo dis significa "falta
de". El sustantivo disrespect, ha sido
transformado en verbo, de modo que la palabra podría
ser traducida como "faltarespetar",
"irrespetar", o simplemente
"faltar".
(Este ensayo tiene su origen en una
serie de comentarios informales que se hicieron en una
consulta patrocinada por el Centro para el Estudio de
los Fundamentos Espirituales de la Educación en el
Profesorado, Universidad de Columbia, Abril 14-15, 2000.
La consulta fue respaldada por el Instituto Fetzer.)
Copyright Langdon
Winner, 2000 (con permiso del autor)
Artículo extraído de
Netfuture Nro. 115, del 21 de diciembre de 2000
Copyright de la traducción, NAL
Educativa S.A., 2001 - Todos los derechos reservados
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