conclusiones del informe: "la inmigración y su repercusión en el mercado laboral extremeño" -  ces de extremadura.

El informe del Consejo Económico y Social (CES) de Extremadura, titulado La inmigración y su repercusión en el mercado laboral extremeño, aconseja frenar el asentamiento de extranjeros en la región, sobre todo los que acuden a trabajar en el campo, porque el actual mercado laboral ya no lo justifica. Además, revela que la inmigración ha supuesto el 40% del crecimiento poblacional extremeño en la última década. Extremadura es la comunidad autónoma con más porcentaje de inmigrantes magrebís.

El estudio asegura que la situación del mercado laboral extremeño no justifica "nuevos asentamientos de población activa inmigrantes de forma permanente", dados los niveles de desempleo en el medio rural extremeño, y el hecho de que la economía regional tiende a concentrarse en el sector servicios, lo que podría llevar a los extranjeros a competir con los nativos por los puestos de trabajo que existen.

Antes de asumir nuevos cupos, según el CES, Extremadura tendría que incorporar a los eventuales sin ocupación estable actualmente.

En el informe se reconoce que "hasta el día de hoy" no se han producido fricciones porque trabajadores nativos e inmigrantes se complementaban, pero se advierte de que ya se está dando competencia en el sector de empleadas del hogar, y que, de continuar la afluencia de extranjeros en los términos actuales podría producirse "fricción laboral" con los jóvenes rurales menos cualificados, quienes no sólo se sentirían amenazados por los extranjeros en el sector agrícola, sino también en "ocupaciones como conductores, limpiadores o mozos de almacén".

El análisis refleja que la inmigración, mayoritariamente (sobre todo en Cáceres), tiene un marcado carácter económico, optando por empleos poco cualificados. Esta llegada de foráneos no se compensa por la marcha de extremeños a otras regiones, ya que, en la última década, "la emigración de nativos no es por falta de cualquier trabajo, sino de aquellos cualificados".

Desaparición del jornalero:

Respecto a la situación general de la agricultura extremeña, el CES concluye que "casi nadie quiere ya trabajar en el campo", y agrega que la mecanización de las labores agrícolas ha traído el abandono de las pequeñas explotaciones, a las que la inversión exigida no les es rentable.

Otro fenómeno importante es que sólo en las explotaciones de regadío de tamaño medio y dedicadas a cultivos sociales --tomate, tabaco o espárrago blanco-- se ha mantenido la demanda de asalariados, ya que los familiares del propietario ya no colaboran en las tareas de recogida.

Perfil:

La afluencia de inmigrantes a Extremadura está contribuyendo al rejuvenecimiento de la región, ya que, según el informe del CES, el perfil medio del inmigrante en Extremadura es el de un varón marroquí con una media de edad de 33 años, soltero, que carece de cualificación laboral y trabaja como eventual agrario en el noreste cacereño. Además, los casados también contribuyen a este fenómeno, puesto que la posibilidad de reagrupación familiar hace que acudan con una numerosa prole, ya que la mayoría tiene 3 o más hijos.

La escasa formación de estos trabajadores condiciona también su elección laboral, y el 70% (el 90% en Cáceres) se emplea como asalariado, sobre todo en el campo, del que, como los nativos, quieren huir lo antes posible, y su objetivo es trabajar en el comercio, la hostelería o, en general, cualquier empleo fuera del sector agrario.

Asimismo, según el CES, la difícil situación en que acuden los inmigrantes marca que sean, con frecuencia, explotados laboralmente. Sus empleos como temporeros, empleadas de hogar, limpiadores, vendedores ambulantes o a domicilio, o camareros, suelen tener como denominador común la precariedad que, en su manifestación más extrema, según el estudio, aboca "a la prostitución como recurso de algunas mujeres inmigrantes a falta de otros empleos".

Quienes logran trabajo se ven expuestos a jornadas de 10 horas al día, sin cobrar horas extra, pese a lo cual "apenas entran en conflicto por ello", lo que les convierte en bocado apetecido por empresarios sin escrúpulos.

Este panorama se ve favorecido por el hecho de que muchos inmigrantes --el 43% de los residentes en Extremadura-- pertenecen al colectivo que se ha dado en llamar sin papeles , caldo de cultivo de una floreciente economía sumergida que tiene su máxima expresión en la provincia de Badajoz, donde la mitad de los extranjeros carece de permiso de trabajo. La situación contrasta con la de Cáceres, zona de acogida de marroquís, que son los que en mayor número han logrado regularizar su situación.

Concentración geográfica de los inmigrantes: 

Otra característica significativa es la fuerte concentración geográfica de los inmigrantes, marcada, de manera genérica, por los asentamientos norte-sur a lo largo de la Ruta de la Plata, y este-oeste en las vegas del Guadiana.

Ocupaciones:

El estudio analiza las ocupaciones de los inmigrantes, muy relacionadas con su ámbito de asentamiento. Conclusiones:

La emigración se ceba en los jóvenes mejor preparados:

A juicio del CES, en la última década la población extremeña en edad laboral se ha estancado, no sólo por el menor crecimiento vegetativo, sino, sobre todo, por una emigración "menos intensa que en etapas anteriores" pero que se ceba "entre los jóvenes mejor formados", lo que constituye, junto con el abandono de las zonas rurales "uno de los principales problemas de la región".

Además, el informe del consejo califica el paro una rémora "de carácter estructural", y apunta que en la última década el desempleo en Extremadura creció en un 6,2% mientras en España bajaba un 3%.

Esta situación la sufren, especialmente, los jóvenes y la mujeres, de manera que los menores de 25 años tienen cada vez más dificultades para incorporarse al mercado laboral.

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