inmigrantes adolescentes:

Inmigrantes menores de edad: la aventura de una vida mejor a los 15 años.

La cifra de adolescentes acogidos en centros públicos de Andalucía se ha disparado en los últimos dos años

Entre el enorme colectivo de emigrantes sin papeles que llegan a España huyendo de la miseria de sus países hay uno, el de los menores de edad, cuyo tratamiento por parte de las autoridades requiere unas medidas especiales. La ley impide una expulsión inmediata y, dado que suele ser imposible localizar a sus padres o tutores, obliga a su acogimiento en instituciones públicas.

Andalucía es la comunidad más afectada por este problema. En 1999 se gastó 1.000 millones de pesetas en atender a cerca de 1.800 jóvenes inmigrantes que, una vez que llegan a España permanecen en esta autonomía. De los 4.089 acogidos en estas residencias, un 45.58% es inmigrante. Esta cifra es sorprendente comparada con la de 1998, tan sólo 429.

La situación de amparo que proporciona la minoría de edad se ha convertido, poco a poco en una garantía de permanencia en España que ha llevado a cientos de niños de una media de 15 años de edad a embarcarse en la aventura de pasar la frontera en los bajos de camiones o autobuses o a introducirse como polizones en barcos.

Cuando son detenidos por las autoridades, afirman ser menores de edad, tras lo que se les realiza una radiografía de la muñeca que determinará si el crecimiento del hueso prosigue o se ha detenido.

Una vez declarados menores, pueden ocurrir dos supuestos:


- Que regresen con su familia, hecho que sólo se consuma en un 20% de los casos. En muchos casos son los padres quienes los envían, en teoría, en busca de una vida mejor y, en particular, para intentar desde España el reagrupamiento familiar.

- Si no regresan, la Comunidad Autónoma correspondiente ejercerá la tutela hasta la mayoría de edad. El problema es que, al ser centros de puertas abiertas, la mayoría de los niños se escapan antes de que las autoridades los devuelvan a sus países. Hasta un 40% de se fugó en las primeras 72 horas.


Estos niños son fácil presa de las mafias, que se aprovechan de su minoría de edad para introducirlos en redes de delincuencia o emplearles ilegalmente. En el caso de los magrebíes, las mafias trabajan en Tánger, donde algunos camioneros cobran unas 170.000 pesetas por dejar que los niños se agarren al chasis y hagan allí todo el viaje hasta la Península, casi 15 horas.

Otras veces, cuando quedan perdidos en las carreteras andaluzas, aprovechan el momento en que un coche se detiene a recoger a un autoestopista para subirse al coche o en descuidos de los transportistas en áreas de servicio.

Según datos de la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad Andaluza, el 75% de estos jóvenes vivían en la calle o fuera del seno familiar antes de cruzar el Estrecho.