La corriente "liberal" que en los últimos años ha impregnado todas las áreas del desarrollo humano, toda su actividad, no dejando de lado, por cierto, a las corrientes pedagógicas, ha acabado imponiendo en gran medida la idea del "todo vale", en cuanto a los comportamientos y los paradigmas teóricos que sustentan la acción cotidiana; de tal modo que ha ido dejando en el camino un cierto sabor a caos, a éticas individuales altamente funcionales, a actitudes de ostracismo ante la ausencia de una bien tejida red que sirviera de norte en la toma de decisiones y en la adquisición de cierto concepto de "responsabilidad" para consigo mismo y para la convivencia con los demás.
Así mismo, y aun teniendo en cuenta el componente educativo y socializador que a la institución escolar se le supone, en la última década, y llevados, tal vez, por las influencias liberales de la economía de mercado, la productividad y la rentabilidad cuantificable e inmediata de todos los componentes del sistema, hemos caído en la trampa de las exigencias sociales para convertirnos en una empresa gestora de los rendimientos "materiales" de nuestra "mano de obra" (léase alumnos), dejando marginados del proceso "productivo" aquellos componentes de tipo "valorativo", que no redundan en el resultado de los altos dividendos finales que la sociedad demanda.
Ante este estado de cosas se pone de manifiesto la necesidad de, a pesar de todo, apostar por el concepto de "valor" entendido como una auténtica red invisible en la que el desarrollo intelectual, personal y social se sustente; que permita un proceso humanizado en las relaciones sociales y de equilibrio en lo personal, que rompa con la idea monetaria de la existencia y permita apostar más por el respeto, por la responsabilidad asumida, por la concordia en las relaciones interpersonales, por la construcción de un mundo mas equitativo, más justo y mas esperanzado en el futuro.
Hoy más que nunca ante la encrucijada de fin de siglo necesitamos tomar el sendero de la educación en valores que permita ese desarrollo de lo personal en armonía con lo social y que vincule el bienestar de las generaciones futuras a la asunción de una educación fundamentada en valores que supongan una apuesta por la vida de las generaciones presentes.
José Luis Heras Pérez